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Ya son varias las veces que ha sonado de nuevo Michael Sheen para interpretar a Tony Blair tras su acertada caracterización y su aceptable interpretación del ex primer ministro británico en The Queen (La Reina), la película a través de la que Stephen Frears analizó la Corona británica a la luz de la trágica muerte de la princesa Diana. En esta ocasión, suena de nuevo su nombre junto al de su compañera como su esposa Cherie en la misma película, Helen McCrory, para dar vida al matrimonio en The special relationship, una película producida por HBO en la que se examina la turbulenta relación política y personal entre el matrimonio Blair y la pareja Clinton, que sería interpretada por Dennis Quaid y Julianne Moore.

La película estaría dirigida por Peter Morgan, guionista de The Queen, e incidiría otra vez en la cada día más habitual profundización cinematográfica en biografías y episodios político-históricos vistos desde la personal perspectiva de relevantes personajes de la historia reciente (temática en la que Sheen ya tiene experiencia tanto por su participación con Frears como por El desafío: Frost contra Nixon, en lo que va camino de ser un encasillamiento curioso). 

La película, para la que se está buscando una entidad que colabore en la financiación, probablemente la BBC británica, es la segunda colaboración de Dennis Quaid y Julianne Moore tras el magnífico melodrama Lejos del cielo, de 2002, de Todd Haynes.



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3 Respuestas a “Actores: ¿Michael Sheen otra vez Tony Blair?”

  1. Xavier Sans Ezquerra dice:

    No creo que a nadie sensato le interese ver a un actor caracterizado de un hombre tan odioso como Tony Blair. ¡Que manía tienen los políticos con querer caer bién, eso es para los perritos y para las putas, el político tiene otra función mas importante: el bién del país que representa.
    ¿Y que es eso de un político haciendo chistes y bulándose de su adversario?: haberse metido a payaso Augusto en lugar de jugar a la política.
    ¿Sabes porque quitaron los guiñoles del Canal Plus?: porque se dieron cuenta de que no podían superar el frikismo de Bush, de Aznar, de Rajoy , de Zapatero, de Esperanza Aguirre…
    La pregunta que todo el mundo tiene en la punta de la léngua al ver este post: ¿para cuando Rowan Atkinson(Mr. Bean), interpretando a Jose Luís Rodriguez Zapatero?
    Ahora en sério: cine y política ¿no hacen mal casamiento?: los políticos hablan mucho y no dicen nada a las claras, por su propio interés; mientras que el cine, por el bién de su propio interés, debe decirlo todo visualmente y el diálogo ha de ser muy preciso.

  2. 39escalones dice:

    Creo que partes de un punto de vista completamente equivocado, Xavier: el cine está lleno de ‘adorables’ hombres odiosos, pero además de personajes históricos igualmente odiosos, a veces ensalzados por la propaganda y otras retratados para su vergüenza y escarnio públicos. O como biografías, o semblanzas… No todo tiene que ser necesariamente malo.
    Por otro lado, el cine y la política hacen una pareja espléndida (no siempre en filmes explícitamente políticos, sino en general) más allá de sus herramientas de subsistencia; como terreno para la comedia y la ficción, el cine se permite decir al público votante de manera diáfana lo que los políticos, o más allá, la Historia, callan o pretenden callar. Por eso yo no diría que no sólo hacen buena pareja, sino que el cine, como la literatura o el aprendizaje de la Historia, son complementos imprescindibles de la labor u opinión politicas.

  3. Xavier Sans Ezquerra dice:

    ¿A cuantos de los adorable hijos de puta de las películas invitarías tú a cenar?

    El cine con mensajes manidos ya debería haber sido superado, tanto el de ideología nazi como de la izquierda mas progre.
    Además, todos los productores son…, dejémoslo en burgueses.
    Vemos tantas películas sobre el exterminio de los judíos en los campos de concentración porque todos los productores de estos filmes son judíos, si lees a Shakespere y a Dickens verás cuál és la opinión generalizada que existía sobre los judíos mucho antes de que esa monumental salvajada ocurriera.
    La política ficción que se puso de moda en plena guerra fría no me interesa para nada.
    Me gusta Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú de Kubrick, -basada en una de esas novelas de política-ficción-, porque muestra el Pentágono y el interior de un B-56, muesstra la paranoia a la que lleva tener un poder absoluto; y por Peter Sellers, George C. Scott y Sterling Hayden.
    Frederick Forsythe y Costa-Gavras, -maximos exponentes de esta especie de corriente a la moda que era la política ficción-, no me interesan; no me aportan nada nuevo que no supiera antes de leer al uno o ver el cine del otro.


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