Billy Bob Thornton, el nuevo Freddy Krueger
23 de Agosto de 2008

En 1984 la película de Wes Craven Pesadilla en Elm Street, protagonizada por el “lagarto Juancho” razonable y más humano que los humanos de la famosa serie de alienígenas invasores V, Robert Englund, como monstruo de uñas largas que atemorizaba los sueños de un grupo de jóvenes pijos (entre ellos Johnny Depp), alcanzó tanta notoriedad que dio inicio a una de esas interminables y cada vez más absurdas sagas tan queridas al cine de terror, una de esas en las que cada nueva entrega supera a la anterior en excéntricos giros, incongruencias y mucho patetismo.
El propio Englund (al que no se le conoce ningún otro trabajo que merezca relevancia alguna, como él mismo sabe y reconoce, no hay más que ver su web) es quien está detrás del intento de recuperación de esta saga, dentro de la actual moda de resucitar trilogías y tetralogías ya agotadas para el público que no las vivió en su momento y con la constante amenaza de desvirtuarlas a los ojos de quienes sí las disfrutaron. Con Michael Bay en la financiación, un maestro en el cine banal y superfluo, parece que será Billy Bob Thornton el encargado de dar vida (es un decir) a Freddy Krueger, el ser desfigurado vestido con sombrero y jersey a rayas y dotado de unas afiladas garras, que se encarga de amargar las noches a los jovenzanos de la calle Elm, y el otrora prometedor y hoy irrelevante John McNaughton su director.
Este remake entraría en una estrategia por la recuperación de los antiguos clásicos de terror de la casi hundida New Line Cinema a fin de intentar reflotar la compañía, casi en banca rota, táctica a la que pertenece la nueva versión estrenada no hace mucho de La matanza de Texas y la próxima nueva entrega de la saga Viernes 13. En el caso de Pesadilla en Elm Street, se trataría de una precuela que nos contaría, como si nos importara, el origen de los males de Freddy Krueger. Un proyecto concebido y orientado a la recaudación para revitalizar una compañía y una saga de ocho películas, una serie televisiva y una inagotable mercadotecnia a la Michael Bay cree poder ordeñar todavía más.
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