CrÃtica Camino: hermoso, brutal y siniestro cuento de hadas
19 de Marzo de 2009

Quien escribe confiesa sus reparos ante el hecho de acudir a la sala de cine para ver esta pelÃcula de Javier Fesser, triunfadora de la pasada edición de los premios Goya con seis galardones (mejor pelÃcula, director guión original, actriz, actor de reparto y actriz revelación), pero no por dudar de las prometedoras cualidades de un film desgarrador, sino por el imprevisible efecto personal que la contemplación de una historia relacionada con la explotación del dolor infantil por parte de una asociación de dudosa reputación como el Opus Dei pudiera tener en este comentarista. Una vez superada la fase en la que el marketing y las descalificaciones gratuitas de quienes, obviamente, no han visto la pelÃcula, es tiempo de acercarse a Camino sin prejuicios y atendiendo únicamente a lo que hay en su metraje.
Y lo que hay es una historia que resulta a la par amable y terrorÃfica, realista y fantástica, veraz e inverosÃmil, tras el retrato, inspirado en hechos reales, de la enfermedad y muerte de una niña cuya madre es miembro del Opus Dei. Contada con un paralelismo milimétrico, gracias a un guión intachable, entre la construcción habitual en los cuentos clásicos (princesa, prÃncipe azul, amigo fiel, bruja, ogro, etc.) y la narración de horror más descarnada, consigue emocionar y aterrorizar con el retrato fiel, creÃble, exacto, y lo que es más importante, objetivo, de la realidad cotidiana de una secta religiosa que a través de la manipulación de los sentimientos utiliza a las personas en beneficio de la consolidación de una forma patológica y demencial de vivir la fe. La pelÃcula, que presenta los hechos de manera objetiva (quienes la han criticado por atacar al Opus Dei todavÃa tienen que demostrar que lo enseñado en la pelÃcula, discursos, actitudes, relaciones y demás caracterÃsticas de la Obra mostradas en el film, no son tal y como la pelÃcula dibuja; en estas crÃticas han sobrado insultos y descalificaciones y han faltado pruebas y argumentos), tiene además la virtud de no acudir a imágenes impactantes, creaciones fantasiosas o mundos imaginarios, para conseguir provocar miedo y terror: le basta la propia realidad, en esta ocasión con el retrato fiel de un mundo de fanatismo, irracionalidad y control abusivo que sabemos existe a nuestro alrededor y que resulta tanto más terrible cuanto cotidiano y asumido por una sociedad que tolera a sectas religiosas reconocidas comportamientos, actitudes y prácticas que cruzan la lÃnea de lo tolerable y que, además de ir contra el propio sentido moral que pretenden defender, son censuradas sin rebozo alguno en cualquier otra clase de organizaciones polÃticas, religiosas o ideológicas a las que se tilda peyorativamente, y probablemente también con razón, de sectas. Conviene hacer la salvedad de que la pelÃcula no cuestiona en ningún momento la idea de dios ni el concepto de fe, sino que incide en la asunción patológica, sectaria y enfermiza de ambas ideas, tratándolas precisamente con respeto y desde un punto de vista más sano, edificante y neutro que quienes hacen bandera de ellas para el sostenimiento de sus negocios.
Destaca, además de una estética bellÃsima que explota la doble naturaleza, religiosa y siniestra, de una iconografÃa cristiana tan amante de la vida como siniestra en su reflejo del miedo, el horror y la muerte, el poder interpretativo de los actores, la impresionante Nerea Camacho, la eficiente, sublime, Carmen ElÃas, y el frÃo, metódico, burocrático en su tratamiento de la fe y el amor a dios Jordi Dauder. Mención especial, eso sÃ, para Mariano Venancio en su magistralmente emotiva y contenida creación del papel de un padre amoroso, devoto de una hija que sufre (el único al que parece importarle su sufrimiento, de hecho) y que entre resignado y dolorido asiste al circo de mercadotecnia y fabulÃstica cristiana que rodea la enfermedad de su hija, un horror al que lleva asistiendo toda su vida presidido por la manipulación, la falsedad y una forma mentalmente putrefacta de entender la vida.
Una pelÃcula que, a pesar de su desgarradora presentación del dolor en sus múltiples formas, es uno de los mayores y mejores cantos a la vida jamás rodados en el cine español. Aunque esta afirmación sólo la entenderán quienes no vivan consumidos por la enfermiza idea de que vinimos a la vida para sufrir, los mismos que son incapaces de entender una frase muy sencilla que ellos mismos repiten hasta la saciedad: que dios, o la idea de dios, si no es amor, en sentido amplio, no tiene sentido.
Título: Camino
Año: 2008
Duración: 143 minutos
País: España
Director: Javier Fesser
Reparto: Nerea Camacho, Carmen ElÃas, Manuela Vellés, Jordi Dauder, Mariano Venancio
Guión: Javier Fesser
Música: Mario Gosálvez y Rafa Arnau
Fotografía: Alex Catalán
Producción: PelÃculas Pendelton / Mediapro
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