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‘Las colinas tienen ojos’, ¿buen cine de terror o patética parodia?

Clásico de culto para los fans del cine de terror, especialmente del de bajo presupuesto, la segunda película de Wes Craven mantiene la apariencia de film cutre, improvisado, paródico, caricaturesco y de insulto a la inteligencia y al buen gusto, aunque contiene lecturas interesantes bajo su fachada de mediocridad y demencia enlatada. Cuenta la historia de una familia que va camino de Los Ángeles que se desvía de ruta a través del desierto del suroeste americano en busca de una mina de plata que una tía les ha dejado en herencia. Ello les hará caer en manos de un grupo de seres extraños, una familia excluida de la sociedad, una panda de mutantes caníbales dirigidos por el padre, un tipo grandullón y patético llamado Júpiter que está ayudado por sus hijos, todos con nombres planetarios.

Más allá de la penosa estética, las interpretaciones de traca, el nulo carisma de los actores y la ausencia del mínimo gusto, la película cuenta con virtudes reales como por ejemplo la mezcla de géneros (terror, road movie, western) el montaje rápido, el uso de la cámara subjetiva, el rodaje de escenas cámara en mano, especialmente las de violencia (fenomenal el asalto a la caravana, la violación de la hija menor y los asesinatos de su hermana y su madre), y lo bien fotografiadas que están las escenas nocturnas, todo lo cual le da un ritmo vertiginoso muy adecuado a la película.

Pero como mucho cine de terror, la película esconde además una lectura más actual y mundana. En el fondo nos está mostrando el enfrentamiento entre dos familias, una de clase media acomodada portadora de valores aceptados y reconocidos y otra de excluidos, de personas fuera de sistema, que representa a los grupos minoritarios del carácter que sean. La película nos habla del choque inevitable entre ambas tendencias y la brutalidad consiguiente que puede desencadenarse, con una simbología que nos advierte claramente de la brutalidad (la crucifixión del padre o el apuñalamiento final) a la que puede conducir una sociedad injusta que establece sus reglas dejando al margen a grupos humanos representativos.



Título: The hills have eyes
Año: 1977
Duración: 89 minutos
País: Estados Unidos
Director: Wes Craven
Reparto: Susan Lanier, Robert Houston, Martin Speer, Dee Wallace-Stone, Virginia Vincent, Lance Gordon, Michael Berryman
Guión: Wes Craven
Música: Don Peake
Fotografía: Eric Saarinen
Producción: Blood Relations

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    ‘Desafío en la ciudad muerta’, de John Sturges

    El gran director John Sturges daba la medida de su gran capacidad sobre todo en sus películas “menores”, como ésta de 1958, un western que podría calificarse de típico y convencional pero que adquiere dimensión propia gracias a su bien construido guión y a los matices ambiguos, contradictorios y moralmente difusos que caracterizan al dúo cuyo enfrentamiento es la base del drama. La película cuenta la historia de Wade (Robert Taylor), uno de tantos sheriffs que durante sus años más jóvenes se habían situado al otro lado de la ley, y que tras un último trabajo, el robo de un banco, junto a su antigua banda, decidió dejarlo sin revelar al resto de forajidos dónde había escondido el último botín. Sin embargo, leal con su antiguo camarada Clint (Richard Widmark), lo salva de la horca liberándolo de la prisión donde está encerrado. Clint y su banda no creerán compensada la deuda y acosarán a Wade para que les revele el paradero del dinero del atraco.

    Western breve pero muy sólido, construido sobre las dobleces de unos personajes atormentados y contradictorios que actúan no con odio o por venganza sino como única salida a sus respectivas vidas encasilladas y tramposas, la película crece realmente con la llegada al pueblo abandonado donde supuestamente se halla enterrado el botín, un pueblo cercado en mitad de territorio indio en el que la amenaza de ataque es tanta como la de destrucción entre Wade y Clint. Es en esos instantes cuando la pericia de Sturges combina el drama psicológico y la acción con el choque de intereses: dinero, conservar la vida ante los indios, el rencor que ha destruido una antigua amistad…

    Película menor en una filmografía repleta de grandes obras para un director injustamente olvidado o menospreciado.



    Título: The law and Jake Wade
    Año: 1958
    Duración: 84 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Sturges
    Reparto: Robert Taylor, Richard Widmark, Patricia Owens, Robert Middleton, Henry Silva, DeForest Kelley, Burt Douglas, Eddie Firestone
    Guión: William Bowers, sobre la novela de Martin Albert
    Música: Fred Steiner
    Fotografía: Robert Surtees
    Producción: Metro Goldwyn Mayer

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    ‘¿Qué me pasa, doctor?’, viaje con Peter Bogdanovich a la loca comedia de los 40

    Peter Bogdanovich, el más cinéfilo de los directores, uno de los más agudos escritores sobre cine, en particular del norteamericano, imbuido hasta el tuétano por él hasta el punto de disolver su propia y prometedora carrera (y quedar reducido a un papel como actor interpretando a un psiquiatra en Los Soprano), ofreció en 1972 una vuelta al espíritu y al viejo estilo de las alocadas comedias de los años 30, 40 y 50, con esta espléndida y divertidísima comedia llena de estupendos gags y equívocos.

    La película, insólita, extraña, fuera de época, nada que ver con el cine predominante en los setenta, habla de Howard (Ryan O’Neal actualizando al Cary Grant de La fiera de mi niña), musicólogo algo tímido, retraído y despistado, que acude con su novia a San Francisco a una convención. Allí conoce por accidente, como casi todo en la película, a Judy (Barbra Streisand al estilo de Katharine Hepburn en la misma cinta), una joven excéntrica, exagerada, amante de la vida que no parará de meterle en compromisos y problemas que tendrán el final esperado.

    Abundan los golpes de humor y los diálogos rápidos, ácidos e irónicos, y las interpretaciones y la agradable historia permiten disfrutar de un divertimento disparatado del que el espectador termina por sentirse cómplice pese a algunas inverosimilitudes e incongruencias narrativas. Una película amable, una notable distracción de la que merece rescatarse también la música de Artie Butler.



    Título: What's up, Doc?
    Año: 1972
    Duración: 94 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Peter Bogdanovich
    Reparto: Barbra Streisand, Ryan O'Neal, Kenneth Mars, Austin Pendleton, Madeline Kahn, Stefan Gierasch, Mabel Albertson, Michael Murphy, M. Emmet Walsh, Randy Quaid, John Hillerman
    Guión: Buck Henry, David Newman y Robert Benton
    Música: Artie Butler
    Fotografía: Laszlo Kovacs
    Producción: Warner Brothers

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    ‘88 minutos’, olvidable Al Pacino

    Sin paliativos puede afirmarse que esta película es la peor jamás participada por el gran Al Pacino, actor que siempre es bienvenido a las carteleras como uno de los pocos bastiones que quedan a las actuaciones sobresalientes y que poco a poco se ha ido perdiendo en productos de tercera clase, a los que ni siquiera esta película de John Avnet (otrora buen profesional en The war o Tomates verdes fritos y que pronto estrenará Righteous kill) merece pertenecer.

    Tremendamente poco original en su planteamiento, la necesidad de hallar la identidad de un criminal bajo límite temporal en de forma cuenta atrás (88 minutos) y con amenaza de muerte como penalización, aburre a las ovejas: nada de tensión, nada de emoción, simple retazo de banalidades, lugares comunes y tópicos más propios de serie televisiva que de gran pantalla, y el único reloj interesante para el espectador es el suyo propio para ver cuánto más tiempo debe aguantar tamaña estupidez.

    Resulta complicado encontrar una película con ciertas pretensiones de emoción y de intriga en la que tantas cosas se hayan hecho mal, y quizá ese sea un motivo masoquista para verla. El único aporte serio que Avnet intenta aportar (porque el resto, encaja mejor como una parodia involuntaria para tomarse a chacota con un par de tragos encima) es un pseudo alegato o reflexión en torno a la pena de muerte. Y decimos serio, aunque inconcluso, porque el punto de vista escogido no se sabe si es más tibio o indignante, si sirve a quienes la condenan o justifica a quienes la defienden. La película, en suma, une dos aspectos que el cine jamás debería provocar: aburrimiento e indignación hacia la propia película.

    Web oficial



    Título: 88 minutes
    Año: 2007
    Duración: 103 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Avnet
    Reparto: Al Pacino, Alicia Witt, Amy Brenneman, Leelee Sobieski, Benjamin McKenzie, Deborah Kara Unger, William Forsythe, Neal McDonough
    Guión: Gary S. Thompson
    Música: Ed Shearmur
    Fotografía: Denis Lenoir
    Producción: Universal

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    ‘Verano de corrupción’, de Bryan Singer

    Un relato de Stephen King con poco terror sobrenatural pero con muchos fantasmas interiores sirvió a un prometedor Bryan Singer (autor de la tramposa y endeble pero excelente Sospechosos habituales y también, después, de otras cosas no tan grandes) para este efectivo drama psicológico magníficamente interpretado por el gran actor Ian McKellen y el malogrado Bran Renfro. Rodada con mucha solvencia y buen pulso, Singer utiliza adecuadamente los recursos visuales (a través de la paradoja del barrio tranquilo del exterior y el tenso ambiente de confesionario de la casa del anciano) para crear y mantener una tensión que desemboca en una estupenda escena final, y que McKellen, soberbio, contenido, inquietante, y Renfro, inquisitivo y morboso, colaboran en mantener a lo largo de las casi dos horas de metraje.

    Todd es un joven que vive en un típico barrio tranquilo de cualquier película americana, anodino, aburrido, donde nunca pasa nada. Sin embargo, descubre por azar que uno de sus vecinos, un entrañable y pacífico anciano, esconde un oscuro pasado relacionado con la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración y las S.S. de Heinrich Himmler. Todd ni piensa en denunciar a su vecino a la policía; en cambio le propone un pacto por el que se asegura un truculento entretenimiento a base de historias de un pasado criminal.

    Brillante ejercicio de Singer, una vez más el cine nos muestra lo que puede esconderse tras una fachada de paz, tranquilidad y sosiego, de los turbulentos dramas que encierra la memoria, y mantiene una equidistancia en el estudio psicológico de ambos personajes, por los que el espectador no puede dejar de sentir cierta identificación, por la curiosidad morbosa de Todd, por el sufrimiento del anciano al verse obligado a revivir unas circunstancias terribles mediante el chantaje y la tortura psicológica, y no puede evitar establecer un paralelismo entre ambos, llegando a la conclusión de que no son muy distintos, de que ninguno de ellos es inocente, de que ninguno lo somos.



    Título: Apt pupil
    Año: 1997
    Duración: 111 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Bryan Singer
    Reparto: Ian McKellen, Brad Renfro, Bruce Davison, Elias Koteas, David Schwimmer, Joe Morton, Jan Triska, Michael Byrne
    Guión: Brandon Boyce, sobre la novela de Stephen King
    Música: John Ottman
    Fotografía: Newton T. Sigel
    Producción: Columbia

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    ‘Sin City’, Frank Miller en imágenes de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino

    Ciudad del pecado es un lugar en el que una noche eterna da cobijo a políticos corruptos, policías vengativos, detectives amargados, chicas sugerentes, mafiosos psicópatas y tipos duros y pendencieros. Hartigan (Bruce Willis) es el último policía limpio de la ciudad y es el eterno protector de Nancy (Jessica Alba). Dwight (Clive Owen) es un detective que no teme enfrentarse a tiros a los poderosos para defender a sus amigos. Marv (Mickey Rourke) es un coloso descerebrado que busca vengar la muerte de la única mujer que le amó, aun fugazmente… Completan el cuadro, entre otros, personajes tales como un obispo corruptor (Rutger Hauer), un niño asesino en serie (Elijah Wood),una joven maltratada (Brittany Murphy) y su novio maltratador, además policía (Benicio del Toro), un policía vendido a la mafia (Michael Madsen), un asesino a sueldo (Josh Hartnett)…

    Vibrante y meticulosa adaptación del universo de cómic que creó Frank Miller (que ahora se lanza a la dirección en solitario con The Spirit, con Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson o Paz Vega, entre otros), traslación cromática y plano a plano de su mundo de viñetas en una película trepidante de acción y cine negro que, sin embargo, a fuerza de golpes visuales y narración entrecortada llega a resultar tediosa. Constituye la puesta en imágenes del particular mundo de Quentin Tarantino con personajes en tres dimensiones que aúnan violencia, sexo y diálogos estupendos, pero que resultan demasiado planos, sin alma, como la película en sí, carente de profundidad, de historia, de verdadera emoción más allá de una estética cuidada, entre efectiva y hastiante.

    Es una película sugerente, cautivadora en cuanto a lo visual, disparatada, incluso por tramos demencial, en lo narrativo, interesante ejercicio de traslación de cómic a la pantalla grande confiriéndole una identidad independiente y válida por sí misma que va para clásico moderno a pesar de sus evidentes carencias.



    Título: Sin City
    Año: 2005
    Duración: 124 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Robert Rodriguez (invitado: Quentin Tarantino)
    Reparto: Bruce Willis, Jessica Alba, Mickey Rourke, Rosario Dawson, Elijah Wood, Benicio Del Toro, Alexis Bledel, Michael Clarke Duncan, Carla Gugino, Josh Hartnett, Michael Madsen, Jaime King, Brittany Murphy, Clive Owen, Nick Stahl, Rutger Hauer
    Guión: Frank Miller y Robert Rodriguez, sobre el cómic de Frank Miller
    Música: John Debney, Graeme Revell y Robert Rodriguez
    Fotografía: Robert Rodriguez
    Producción: Dimension Films

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    El infierno de la guerra: ‘La colina de la hamburguesa’

    Vietnam es el mayor trauma que sufre el imperio estadounidense, el que saca a la luz sus peores miedos y complejos de inferioridad. No es extraño, por tanto, que haya sido un tema recurrente para el cine desde el punto de vista patriótico-propagandístico (Boinas verdes, dirigida por John Wayne en 1967) o crítico con la política norteamericana y con la crueldad e inutilidad del conflicto, como ésta, desde luego no la más brillante de una nómina que incluye cintas como Apocalypse now (Francis F. Coppola, 1979), Platoon (Oliver Stone, 1986) o La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987). En este caso, John Irvin se centra en un hecho real, los violentos combates entre los marines norteamericanos y el Vietcong por la posesión de una colina presuntamente estratégica durante la ofensiva de 1969, y cómo un avatar aparentemente insignificante para la situación de los frentes de guerra se convirtió en una carnicería que costó miles de vidas.

    Con jóvenes actores como Dylan McDermott (rostro conocido sobre todo por la televisión), Courtney B. Vance o el ahora famoso Don Cheadle, la película se centra en los soldados de la compañía Bravo, mezcla de veteranos y reclutas recién llegados que viven el terror que les causa lo desconocido, la inexperiencia y su escasa confianza en ellos mismos. La violencia se muestra en toda su crudeza, desnuda e impactante, pero la película en conjunto resulta fallida. Pretendiendo ser depositaria de diversas notas de obras precedentes, intenta aunar acción y violencia con profundidad crítica y psicológica, pero, lastrada por un ritmo tedioso, aburrido, las casi dos horas de metraje se hacen largas y difíciles, sobre todo por la falta de continuidad y exposición lógica de la trama.



    Título: Hamburger hill
    Año: 1987
    Duración: 112 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Irvin
    Reparto: Dylan McDermott, Anthony Barrile, Don Cheadle, Steven Weber, Tim Quill, Michael Dolan, Michael Patrick Boatman, Don James, Courtney B. Vance
    Guión: James Carabatsos
    Música: Philip Glass
    Fotografía: Peter MacDonald
    Producción: RKO

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    ‘Última llamada’ para Colin Farrell

    Un antipático publicista neoyorquino (abominable, como casi siempre, Colin Farrell) sufre la extorsión de un lunático francotirador (voz en off de Kiefer Sutherland, realmente lo mejor de la película) mientras se encuentra utilizando una cabina telefónica; si se le ocurre cortar la comunicación, disparará y acabará con él. Esta es la premisa de un guión de Larry Cohen que permaneció más de veinte años durmiendo el sueño de los justos en un cajón de un estudio de Hollywood. Y bien podría haberse quedado en él hasta que alguien discurriera qué poder hacer con el resto de la película y los personajes y no terminar estropeando como Joel Schumacher una buena idea con torpezas reiteradas en este producto de bajísimo presupuesto rodado en doce días.

    Porque la película presume de una profundidad, de un mensaje con contenido trascendente que no tiene. Lo único con algo de gracia ocurre dentro de la cabina: determinadas fases de la conversación, la voz de Sutherland, la cara de caguetas de Farell (sin mérito alguno ya que es un actor que se limita a pasear una única cara por casi todas sus películas, siguiendo el estilo interpretativo “Brad Pitt actor’s studio”)… Lo demás, innecesario, prescindible, superfluo. La supuesta solidez de la historia no es más que una sarta de incoherencias e insensateces acumuladas, sin lógica, verosimilitud ni sentido alguno, y la estética de la película sigue la estela marcada por la MTV en una especie de videoclip de algo menos de hora y media, brevedad que es también una de las mejores notas de la película.

    Pensando en esta trama como propia de un capítulo de Alfred Hitchcock presenta, cabe preguntarse qué hubiera hecho un genio de verdad con este planteamiento y la conclusión parece obvia.



    Título: Phonebooth
    Año: 2003
    Duración: 82 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Joel Schumacher
    Reparto: Colin Farrell, Kiefer Sutherland, Forest Whitaker, Katie Holmes, Radha Mitchell
    Guión: Larry Cohen
    Música: Harry Gregson Williams
    Fotografía: Matthew Libatique
    Producción: Fox 2000 Pictures

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    ‘Arabesco’, un Hitchcock descafeinado de Stanley Donen

    Como sucede con otros grandes directores de musicales como Vincente Minelli, en la cinematografía de Stanley Donen hay también hueco para otro tipo de producciones más que aceptables. En este caso, Donen se sumerge en un típico thriller de aventuras y acción con pareja protagonista en la que la trama de espionaje o suspense se mezcla con la relación personal entre ambos, como ya ideara Alfred Hitchcock en sus 39 escalones de 1935 o en su adaptación tardía Con la muerte en los talones (1959), origen de la explotación masiva y un tanto caricaturesca a lo largo de toda la saga de James Bond.

    La película cuenta la forma un tanto casual en que David (Gregory Peck), un famoso egiptólogo, se sumerge en una intriga internacional en el que está en juego la supremacía en un país de Oriente Medio de importancia capital en la geoestrategia de la zona (un McGuffin recurrente) a raíz de su contratación para descifrar un antiguo jeroglífico hallado en una excavación. Recelando de todos, David intenta huir de su compromiso, pero las implicaciones políticas para la seguridad de su país, el dinero ofrecido y la aparición estelar de Yasmine (Sophia Loren), seductora mujer que parece jugar a varias barajas, lo retienen hasta el final de la aventura.

    Puro cine de entretenimiento lleno de acción, aventura, trampas, romance y un fino sentido del humor, se queda a mucha distancia de los clásicos hitchcockianos o de otras producciones en la misma línea como la fenomenal Charada, dirigida por el propio Donen tres años antes y con Cary Grant –primer protagonista para Arabesco, luego caído del proyecto y sustituido por Peck-, Audrey Hepburn o Walter Matthau, entre otros) pero constituye un buen pasatiempo, eso sí, desprovisto de toda profundidad psicológica y carga subconsciente del mago del suspense.



    Título: Arabesque
    Año: 1966
    Duración: 118 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Stanley Donen
    Reparto: Gregory Peck, Sophia Loren, Alan Badel, Kieron Moore, Carl Duering, George Coulouris, Duncan Lamont
    Guión: Julian Mitchell, Stanley Price y Peter Stone
    Música: Henry Mancini
    Fotografía: Christopher Challis
    Producción: Universal

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    ‘Un trabajo en Italia’, comedia de atracos y acción

    El género de atracos es uno de los más encantadores de la filmografía británica, y en este caso combina el ácido sentido del humor habitual con acción, persecuciones y un final sorpresa que deja huella en el espectador. Charlie Crooker (Michael Caine) es un famoso atracador que acaba de salir de la cárcel. Junto a un brillante criminal llamado Bridger (veterano Noel Coward), planifica minuciosamente el robo de cuatro millones de libras esterlinas del interior de un furgón blindado en pleno centro de Turín, mediante la creación de un gigantesco atasco de tráfico y aprovechando la celebración de un crucial partido de fútbol entre un equipo de la ciudad y otro inglés. La película cuenta la minuciosa, vibrante y emocionante ejecución del plan, explayándose sobre todo en la huida con el botín en unas estupendas y simpáticas escenas de acción y persecución en la que el protagonismo lo acaparan tres Minis que vuelven locos a los policías que los persiguen. Los ladrones encuentran más problemas para escapar del país con el botín que para sustraerlo de las narices de la policía, perseguidos a la vez por ésta y por la mafia, y todo desemboca en un final trepidante y muy recordado.La película está narrada en un tono cómico, ligero, sensación mantenida gracias a las interpretaciones de Caine y Coward (sin olvidar a secundarios como el célebre payaso Benny Hill) y sobre todo a las persecuciones, en las que los esperados choques y destrozos salpican unas secuencias bien rodadas desde el punto de vista técnico y con un sustrato igualmente irónico desde lo narrativo.

    Buen producto de entretenimiento en la mejor tradición del cine de atracos que tuvo un ineficaz remake en Hollywood en 2003 protagonizado por Mark Wahlberg, Charlize Theron y Edward Norton, actualizado, devorado por la modernidad, pero de encanto limitado.



    Título: The Italian job
    Año: 1969
    Duración: 100 minutos
    País: Reino Unido
    Director: Peter Collinson
    Reparto: Michael Caine, Noël Coward, Benny Hill, Raf Vallone, Tony Beckley, Rossano Brazzi, Maggie Blye, Irene Handl, John Le Mesurier, Fred Emney, Robert Powell
    Guión: Troy K. Martin
    Música: Quincy Jones
    Fotografía: Douglas Slocombe
    Producción: Paramount

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