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Sylvester Stallone

Un acartonado Sylvester Stallone protagonizará un cameo en la nueva superproducción del realizador indio Sajid Nadiadwala titulada Kambakkth Ishq una película típica de Bollywood cuya trama, situada en Hollywood, mezcla comedia, acción y romance y que cuenta con un presupuesto de 21 millones de dólares. Stallone aparecerá en dos escenas rodadas en el Kodak Theatre y en los estudios Universal, y aunque la forma y circunstancias de su aparición en la película no han sido detalladas, lo que sí parece claro es que el actor se interpretará a sí mismo.

Alien - Stan Wilson

Por otro lado, Hollywood lamenta la muerte de Stan Wilson, célebre creador de efectos especiales y creador, entre otros, de Alien. Wilson, que ha fallecido de cáncer a los 62 años, también diseñó algunas de las más recordadas criaturas de Disney, ideó la estética de Johnny Depp en Eduardo Manostijeras, de Tim Burton, y actualmente se hallaba trabajando en la cuarta entrega de Terminator, tras haber participado en la reciente Iron Man. Diez veces nominado al Oscar, obtuvo cuatro premios por los efectos especiales de Alien, el regreso, y (doblemente) Terminator 2, ambas de James Cameron (director al que unió una especial relación y con el que cofundó Digital domain, estudio de efectos especiales) y Parque Jurásico, de Steven Spielberg.

Por último, el octogenario director egipcio Yousef Chahine se encuentra al borde de la muerte en un hospital de Francia. El director de El destino, cuya obra es capital para entender el cine egipcio con su mezcla de lirismo y realidad social, se encuentra en estado de coma, pero estable dentro del estado crítico, a causa de una hemorragia cerebral.


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    Se estrena ‘Trumbo’: un guionista damnificado por el senador McCarthy

    Se estrena en Estados Unidos Trumbo, excepcional documental sobre este guionista “maldito” que fue una de las más célebres víctimas de la llamada Caza de brujas impulsada por el senador Joseph McCarthy durante finales de los cuarenta y primeros de los cincuenta para detectar posibles topos del comunismo entre actores, directores, productores y demás profesionales del cine de Hollywood, gracias al inmenso poder de su Comité de Actividades Antiamericanas y con el temor paranoico de que una Meca del Cine entregada a las ideas comunistas pudiera servir de vehículo ideológico para el camarada Stalin para difundir su mensaje entre el pueblo norteamericano. Trumbo formó parte de los llamados “Diez de Hollywood”, junto a otros nombres ilustres como Edward Dmytryk, Herbert J. Biberman (director de La sal de la tierra, verdadero canto a las libertades) o el antiguo brigadista internacional en la guerra civil española, el también guionista Alvah Bessie.

    No obstante, Trumbo logró salir más airoso del envite de McCarthy gracias al apoyo de nombres importantes del Hollywood de la época, para los que siguió trabajando bajo pseudónimo (incluso ganando un Oscar por El Bravo). Sin embargo, rehabilitado parcialmente, su nombre ocupó la pantalla plenamente al firmar el guión de Espartaco para Stanley Kubrick e incluso dirigió un film inicialmente escrito por él mismo para Luis Buñuel, Johnny cogió su fusil.

    El documental está dirigido por Peter Askin y cuenta con testimonios de nombres tan importantes como Michael Douglas, Donald Sutherland, Liam Neeson, David Strathairn, Joan Allen o Paul Giamatti. De momento, no está previsto su estreno en España.


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    Paul Laverty, ideólogo para Ken Loach

    Paul Laverty es el guionista de cabecera del actual referente del cine social y político en Europa, el británico Ken Loach. El talento visual del director para mostrar sus crudas historias de realidad social no sería tan efectivo sin la indispensable colaboración de Laverty en la construcción de historias que giran en torno a los efectos que en los individuos tienen las injusticias políticas y sociales, casi siempre desde un punto de vista reivindicativo, en la búsqueda de mostrar a un espectador aburguesado los conflictos sociales y políticos que, lejos de garantizar los derechos que las constituciones plasman, coartan su libre desarrollo y sus posibilidades de una vida mejor, y que se esconden bajo la capa de autocomplaciencia de una sociedad occidental demasiado ocupada en vivir en un escaparate como para concienciarse y asumir que conceptos como justicia, libertad o felicidad deben ser algo más que palabras.

    Laverty, un escocés licenciado en Filosofía en Roma y en Derecho en Glasgow, goza de una amplia experiencia en cuestiones sociales adquirida durante su periplo centroamericano, con estancias en Chiapas (México), Guatemala, El Salvador o, sobre todo, Nicaragua, país en el que prestó ayuda a una organización pro derechos humanos. De esa experiencia nació su primer guión para Loach, La canción de Carla (1996), con Robert Carlyle como protagonista. A ésta siguieron Mi nombre es Joe (1998), Pan y rosas (2000), Sweet sixteen (2002), el guión para el cortometraje de Loach dentro del proyecto 11/09/01, sobre los atentados al Worl Trade Center de Nueva York, o El viento que agita la cebada (1996).

    El cine de Loach, los guiones de Laverty, aun salpicados en ocasiones por la demagogia, destacan precisamente por tomar como punto de partida realidades incómodas con las que sacudir las conciencias de ociosos espectadores que, a menudo, son ajenos a los problemas que su cine plantea y que no tienen fronteras ni son producto de la ficción.


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    John Lasseter: un genio animado

    30 de Mayo de 2008

    John Lasseter: un genio animado

    Cuanto Tin Toy obtuvo el Oscar al mejor cortometraje de animación, pocos imaginaban que su director, John Lasseter, sentaría las bases del cine de animación del siglo XXI, convirtiéndose, por el grado de importancia de sus innovaciones, su estilo, y la capacidad para generar contenidos aptos para la infancia pero también para el público adulto, en el nuevo Walt Disney. Y a los mandos de los estudios Pixar, que lograron poner en jaque el imperio de monopolio de Disney en cuanto al cine de animación, hasta el punto de obligar a esta industria a comprar a su competidor gracias a una oferta irrechazable, creó las películas de dibujos animados más interesantes de los últimos años.

    Este californiano de 51 años comenzó su carrera precisamente en Disney, para pasar después a la Industrial Light and Magic de George Lucas. Más tarde, creó sus propios estudios, Pixar, creadora de productos como Bichos (2003), Cars (2006), y sobre todo, la saga Toy Story (1995-1999), de la que la tercera parte está pendiente de estreno.

    El éxito de las películas de Lasseter llegaron a resultar una competencia inasumible para Disney, que finalmente se hizo con la compañía Pixar en abril de 2006 por una cantidad multimillonaria. Lasseter, sin embargo, sigue al frente de Pixar como sección de los estudios Disney, dando a luz a recientes clásicos de la animación como Los Increíbles, y alternando sus cometidos como director y productor ejecutivo con el de asesor técnico de animación y con la asesoría para la creación de atracciones para los parques temáticos Disney.


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    Hans Zimmer, músico de cine

    21 de Mayo de 2008

    Hans Zimmer, músico de cine

    Hans Zimmer es uno de los más habituales y prolíficos en las bandas sonoras del cine norteamericano reciente. Caracterizado por la síntesis de los nuevos sonidos electrónicos con la tradicional orquestación musical para el cine, tras sus estudios en Londres se sumergió en el mundo de la denominada new wave participando en diferentes proyectos junto a varios músicos y bandas. En cuanto al cine, su debut en la banda sonora de Rain Man (Barry Levinson, 1988) sorprendió, y se consagró al año siguiente con Mi hermosa lavandería (Stephen Frears), Black Rain (Ridley Scott), Paseando a Miss Daisy (Bruce Beresford) o Días de trueno (Tony Scott).

    Además de múltiples colaboraciones con Disney para sus películas de dibujos animados (El rey león, El príncipe de Egipto, Magadascar o Spirit, entre otras), ha participado en sagas como Piratas del Caribe y en varias cintas de los hermanos Scott (Gladiator, Thelma & Louise, Blackhawk derribado, Amor a quemarropa…), siendo un fijo del cine de acción (La roca, Marea roja, Llamaradas, Misión imposible II, El último samurái, Batman begins, El código Da Vinci o The dark knight y habiendo realizado incursiones en el drama (La casa de los espíritus), la comedia (Spanglish) o el thriller (Hannibal), además de en la versión cinematográfica de The Simpsons. Su mejor trabajo para muchos sigue siendo la música compuesta para la película de Terrence Malick La delgada línea roja (1998), con su combinación de melodías, coros y música tradicional del Pacífico con las orquestaciones más comunes al cine bélico, aunque entre las más recordadas figure en un puesto privilegiado la melodía de Amor a quemarropa, versión no reconocida de la música de Malas tierras (Badlands, 1973, del propio Malick).


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    Eduardo Serra, artista de la fotografía

    Eduardo Serra es uno de los más reputados profesiones de la fotografía del cine actual. Nacido en Lisboa pero francés de adopción, combina en su prolífica carrera de más de veinte años trabajos minimalistas en el cine europeo, sobre todo en Francia, con grandes derroches plásticos en producciones de Hollywood. Entre sus primeros trabajos en Europa destaca sobre todo su estupenda labor para Patrice Leconte en El marido de la peluquera (1990), La maté porque era mía (1993) o El perfume de Ivonne (1994) y para Michael Winterbottom en Jude (1996) o el gran Claude Chabrol en No va más, de 1997, año de su desembarco en Hollywood.

    En Estados Unidos debuta con Las alas de la paloma, pero es con Más allá de los sueños (Vincent Ward, 1998) donde realiza una creación grandiosa gracias a los espectaculares efectos especiales manipulados digitalmente, una magistral paleta llena de colores vivos y de ambientes sórdidos y lúgubres (en el mejor estilo de la imaginería de Dante en La Divina Comedia) que traspasan la pantalla. A partir de ese punto, ha seguido combinando las labores de fotografía en los más recientes trabajos en Europa para Leconte o Chabrol (Borrachera de poder, Una chica cortada en dos) con producciones norteamericanas como El protegido (de M. Night Shyamalan, 2000), Beyond the sea (Kevin Spacey, 2004) o Diamante de sangre (Edward Zwick, 2006).

    Por su trabajo en la producción europea La joven de la perla (Peter Webber, 2003) obtuvo el premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine de San Sebastián.


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    David Mamet, profesional de la creatividad

    Es uno de los más prolíficos y reconocidos guionistas del cine norteamericano, además de director de cine, escritor de novelas, ensayos y teatro (doble ganador del premio Pulitzer, una de ellas por su magnífica y extraña obra Glenngarry Glenn Ross, llevada años más tarde al cine por James Foley con guión del propio Mamet). Como guionista ha escrito grandes éxitos recientes como el remake, incluida la escena en la mesa de la cocina entre Jack Nicholson y Jessica Lange, de El cartero siempre llama dos veces (1981), la espléndida Veredicto final (1982), Los intocables de Elliot Ness (1987), Nunca fuimos ángeles (1989), Glenngarry Glenn Ross y Hoffa (1992), Vania en la calle 42 (1994), American Buffalo (1996), El desafío y Cortina de humo (1997), Ronin (1998) o Hannibal (2001). Además, siempre escribe los proyectos que dirige, que invariablemente cuentan con textos soberbios: Casa de juegos (1987), Las cosas cambian (1988), El monstruo (1989), Homicidio (1991), Oleanna (1994), El caso Winslow (1999), State and Main (2000) o El último golpe (Heist) (2001).

    Sus trabajos están caracterizados por la atención al lado oscuro de las personas y la convivencia, las apariencias y los conflictos y choques entre las ambiciones y sueños personales, a veces desde la cruda deshumanización (Glenngarry Glenn Ross, American Buffalo) y la crítica al sistema (El caso Winslow, Homicidio), y otras desde la comedia amable (State and Main) o el mejor thriller (Heist). Sus películas, minuciosas en la construcción de personajes sólidos, humanos, creíbles, naturales, en poderosas escenas, y en guiones redondos, de gran complejidad, con diálogos ágiles, ácidos, vertiginosos, que combinan dureza, humor, amargura, escepticismo y crítica, y que suelen esconder trampas, engaños, personajes que dicen ser lo que no son, que se disfrazan, que se ocultan a las indiscretas miradas de los demás como protección, nunca defraudan. Mamet es seguro de historias interesantes, reflexión, complejidad, agudeza, paradojas, y crítica al poder del Hombre para mentirse a sí mismo.


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    Gil Parrondo, director de arte

    27 de Marzo de 2008

    Gil Parrondo, director de arte

    La llegada a España de Samuel Bronston en busca de buenas localizaciones y mano de obra barata y cualificada para sus macroproducciones historicistas fue un punto de inflexión para la cinematografía española, que nacía a otras formas de crear y de narrar alejadas del pacato cine franquista, pero también supuso el descubrimiento por parte de Hollywood de que en el mundo había técnicos tan solventes como el asturiano Gil Parrondo, que deslumbró a los directores y productores norteamericanos con su meticulosidad y minuciosidad en la recreación de marcos históricos y artísticos.

    Discípulo de Sigfrido Burmann (inicio de una de las más tradicionales sagas familiares del cine español), comenzó a trabajar para la productora ECESA tras la guerra civil. Tras múltiples trabajos con el director Luis Pérez Espinosa, la llegada de producciones norteamericanas supone el descubrimiento de todo su potencial. Parrondo crea los decorados para Orson Welles en Mr. Arkadin (1955), Kubrick en Espartaco (1960), Anthony Mann en El Cid (1961) o La caída del imperio romano (1964), David Lean en Lawrence de Arabia (1962). El éxito llega de la mano de Franklin J. Shaffner: por cuyos trabajos en Patton (1970) y Nicolás y Alejandra (1971) obtiene dos premios Oscar de Hollywood, logro que sólo podrá emular años más tarde Pedro Almodóvar. Además, obtuvo una nominación en 1972 por Viajes con mi tía, de George Cukor.

    En España ha obtenido media docena de premios Goya por sus trabajos con los principales directores. Especialmente destaca su trabajo con José Luis Garci, ya desde los tiempos de Volver a empezar (también ganadora de un Oscar en 1982) y en películas como Canción de cuna, You’re the one, Ninette o Tiovivo 1950.


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    Adiós a Rafael Azcona

    26 de Marzo de 2008

    Adiós a Rafael Azcona

    Ha muerto el cronista de una época, el genio ácido que retrató las miserias morales de una sociedad de postguerra pacata, temerosa, menor de edad, y que lo hizo con ironía, con humor negro, obsesionado con el sexo, con la incomunicación entre los seres humanos y con ánimo de reflejar las pequeñas trampas de la vida, tarea en la que persistió en un país modernizado que, no obstante, conserva todavía los viejos clichés, los complejos y las contradicciones que él supo resaltar de manera magistral.

    Decía que él veía el oficio de guionista muy cercano al de la prostitución. Para Rafael Azcona, el guionista era alguien que por dinero ayudaba a satisfacer las fantasías eróticas del espectador que pagaba la entrada para ver la película. Preguntado por sus virtudes como escritor, atribuía su originalidad y su sentido agridulce de la narración, con su modestia habitual, al hecho de no haber conducido nunca, a poder detenerse a observar la vida mientras paseaba o caminaba hacia cualquier destino, a la ausencia de ofuscación, o bien a sus propios problemas de conciencia: decía que si se acostaba un día sin haber hecho algo que mereciera la pena, se enfurecía.

    Hoy los medios de comunicación y el mundo de internet están repletos de obituarios, de reseñas, de artículos sobre él, sobre su obra en la prensa escrita, sobre su trabajo con los mejores directores del cine español, sobre su imprescindible figura en nuestra cinematografía. A Rafael Azcona no le hubiera gustado. Dejó dicho que quería irse sin hacer ruido, y así ha sido, anunciándose su muerte una vez incinerado. El Maestro disculpará que no le hagamos caso. Eso sí, con la sonrisa en los labios; él no lo querría de otro modo.


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    Waldo Salt: esforzado maestro del guión

    Doble ganador del Oscar, este graduado por Stanford llegó a Hollywood huyendo del suicidio de su madre y de un padre fascista declarado. Entre 1936 y 1942 trabajó en la MGM, estudios en los que elaboró sus primeros trabajos acreditados. Por aquel entonces se afilió al Partido Comunista de los Estados Unidos y durante la Segunda Guerra Mundial escribió guiones para documentales de propaganda bélica. Su primer gran éxito fue El halcón y la flecha (1950), de Jacques Tourneur, divertida película de aventuras, especie de versión de la leyenda de Guillermo Tell protagonizada por Burt Lancaster con leotardos. Cuando su carrera empieza a despuntar, sobreviene la era del maccarthysmo. Su pertenencia al Partido Comunista y su negativa a declarar en el Comité y a denunciar a compañeros suyos, supuso un frenazo en seco para su incipiente carrera como guionista.Colocado en la lista negra del maccarthysmo durante diez años junto a Herbert J. Biberman, Dalton Trumbo, Alvah Bessie y otros, tuvo que trabajar para la televisión y la publicidad, escribiendo de vez en cuando para el cine bajo pseudónimo. Tras un divorcio y el diagnóstico de una neumonía, mientras vivía en un hotel de Nueva York se dedicó por entero a perfeccionar su sistema de escritura, y obtiene el reconocimiento unánime del Oscar por el guión de Cowboy de medianoche (John Schlessinger, 1969), galardón que repetiría años más tarde por Coming home, de Hal Ashby (1978). Además, fue nominado también por Serpico (Sidney Lumet, 1973), protagonizada por Al Pacino, y en 1987, al final de su vida, recibió el premio Laurel del Sindicato de Escritores Cinematográficos de Estados Unidos.


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