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Charlton Heston, el mejor Richelieu del cine

Hace unos días ha fallecido el mítico Charlton Heston (en Grecia ‘Easton’ para camuflar el escatológico significado de su apellido en la lengua de ese país) y con tal motivo los medios de comunicación se han apresurado a glosar su legendaria carrera, su controvertida imagen pública a causa de sus devaneos con los grupos ultraconservadores y su defensa a ultranza del derecho a poseer armas de fuego por muchos crímenes y desgracias que éstas pongan en bandeja, de igual manera que han señalado sus cualidades como portento físico y sus acartonadas limitaciones que, no obstante, logró superar con los años. Personajes como El Cid, Ben-Hur, el Mayor Dundee, el general Gordon o el agente Vargas de Sed de mal (Orson Welles, 1958) han sido recuperados para las necrológicas.

Pero nadie ha recordado estos días a Heston como el mejor cardenal Richelieu que ha retratado jamás el cine, incluso por encima del gran Vincent Price en la legendaria versión de George Sidney de 1948. En las producciones que Richard Lester rodó en España en 1973-74 para adaptar la inmortal obra de Alejandro Dumas (dividida en dos filmes rodados a la vez, Los tres mosqueteros y Los cuatro mosqueteros), Heston interpretó al temible cardenal, con una riqueza de matices, una severidad gestual y una inquietante perfidia que pueden calificarse de magistrales, muy por encima de la calidad media de ambas películas. Acompañado de grandes nombres como Christopher Lee, Faye Dunaway, Raquel Welch, Michael York, Oliver Reed, o Richard Chamberlain, Heston contribuyó decididamente a que la obra de Lester lograra una eficaz traslación del mundo de Dumas a la pantalla, convirtiéndola en una aventura vibrante sembrada de acción, intrigas, humor e ironía, y dotando al cardenal del rostro más parecido que jamás ha dado el cine al mítico retrato que le pintó Philippe de Champaigne.

Heston recrea en ambas películas un Richelieu perfecto: ambiguo, inteligente, ambicioso, capaz, rencoroso, intrigante, malicioso, cínico, orgulloso, ruin, miserable, codicioso, avaro y extrañamente digno de honor y respeto (recuérdese que el cardenal, una vez derrotado, en lugar de vengarse a toda costa, acepta la derrota moral ante un Artagnan que ha utilizado la propia firma de Richelieu en un salvoconducto para autoexculparse de la muerte de Milady, de la cual efectivamente es culpable). Y todo eso lo consigue Heston con miradas, con su rostro pétreo, su mirada de acero, su voz cavernosa, su expresividad categórica. Inolvidable la escena final en la que, firmado el ascenso de Artagnan al puesto de teniente, lo despacha con un simple ademán de su mano izquierda, sin una palabra; solamente un gesto y una mirada gélida que indican derrota (momentánea), desprecio, desdén, odio y promesa de venganza en un futuro inmediato.

No cabe duda de que Heston, en principio elegido para papeles en los que desplegar sus encantos y capacidades físicas, desarrolló hasta altas cotas sus posibilidades dramáticas, y que, aparte de sus opiniones políticas o sus gustos armamentísticos, quedará para la historia del cine como un mito indiscutible que, además de luchar, cabalgar y besar en la pantalla, sabía mirar, moverse y dotar a sus personajes de fuerza y carisma.



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    4 Respuestas a “Charlton Heston, el mejor Richelieu del cine”

    1. Cinissimo en Cinemanía dice:

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    2. Epaminondas dice:

      Esta bien el comentario, aunque eso de que fueran parecidos… Heston realmente era mucho mas corpulento y le llevaba como medio metro mas de talla al verdadero Richelieu. Aparte aquello, todo bien.
      Sin embargo, algo que no me cuadra del todo es la insistencia progre en señalar las preferencias de Heston a nivel “politico” y “armamentistico”, como si fueran malas de por si. Charlton no solo tenia todo el derecho a creer lo que le diera la gana en su vida privada, sino a sostenerlo publicamente. No estoy de acuerdo con aquellos que lo motejan de conservador. Tradicionalista si, y sobre todo un liberal que siempre predico lo que el mismo hacia. Nunca se disfrazo ni adopto poses demagogicas al estilo Michael Moore, el infame perseguidor de su vejez.

    3. 39escalones dice:

      Epaminondas, si a ti te parece que tomar un fusil en una rueda de prensa y gritar “nunca me lo quitarán de las manos” no es demagógico… Heston tiene tenía todo el derecho de creer lo que quiera y de sostenerlo públicamente. Exactamente el mismo derecho que tengo yo de decir públicamente que la política neocon es basura y que la permisividad en cuanto a las armas es un ejercicio de barbarie que ocasiona más conflictos de los que resuelve, si es que alguna vez resuelve alguno. Y eso es demostrable.
      En cuanto a Moore, no puede negarse su estilo panfletario. Ni tampoco que dice verdades como puños.

    4. 39escalones dice:

      Por otro lado, si disientes del comentario por una “diferencia de talla”, ¿no te parece una nimiedad absoluta? Fíjate en cuántas veces el cine pretende caracterizar a actores como personajes reales y en los resultados de esa caracterización. La verdad, en este caso es una diferencia irrelevante, teniendo en cuenta que es imposible fotocopiar a las personas.


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