Crítica Baarìa
02 de Junio de 2010

Giuseppe Tornatore, quien adquiriera fama mundial por su Cinema Paradiso (1988), ofrece con Baarìa una fábula de carácter épico que, utilizando como base un trasunto de su propia localidad de nacimiento y un mosaico de personajes representativos de la sociedad italiana de las últimas tres generaciones, sirve de crónica de la evolución social, cultural, económica y política del país desde la época del fascismo y la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Más allá de el propio ombliguismo tradicional del cine italiano en sus festivales que supuso su estreno en la apertura del Festival de Venecia y su candidatura al Oscar a la mejor película de habla no inglesa (sin que pasara el corte), la película contiene ciertas virtudes y adolece de importantes defectos.
Como mayor virtud cabe reseñar el enorme esfuerzo de producción por importe de treinta millones de euros concentrado sobre todo en la recreación y adaptación de un universo a los cambios generacionales: podemos ver la transformación de una misma localidad desde el carácter rural, agrícola y ganadero de los años treinta hasta la modernidad cotidiana que disfrutamos hoy. Además, concebida, sobre todo en su primer tercio, como una acumulación de episodios, ofrece algunos muy bien resueltos y otros que atesoran una comicidad estimable, además de la belleza de los paisajes rurales sicilianos, de la música siempre maravillosa de Ennio Morricone y de alguna que otra buena interpretación (a destacar la de Ángela Molina).
A medida, sin embargo, que la historia se concentra en la historia de amor y el devenir de la familia protagonista, Baarìa va perdiendo fuelle y el carácter historicista prima por encima del fresco sociológico, empieza a buscar vínculos excesivos con la historia de Italia, se pierde en vericuetos políticos y sacrifica el halo de verismo y nostalgia del inicio en aras de una exactitud y un rigor que le hace perder autenticidad e interés. Tornatore multiplica sin sentido personajes, subtramas y capítulos a menudo innecesarios, pierde el centro de la narración, y consigue que su película, larga por otra parte (más de dos horas y media) resulte a un tiempo pesada y a la vez precaria, como sin terminar, a pesar de un final redondo, quizá con un pelín más de fantasía del que la cinta admitiría, en el que se alude a lo cíclico de la Historia.
Todo ello hace que Tornatore se quede a mitad de camino, que por un lado explote la sensiblería más exacerbada y por otro no entre de lleno en las cuestiones históricas, que alardee de costumbrismo a la vez que los momentos dramáticos que refleja quedan devaluados por su falta de autenticidad, devorados por la cursilería, la tendencia al lagrimeo fácil (algo ya presente, a pesar de su éxito, en su gran obra Cinema Paradiso), y la pericia visual con la que encara la cinta se pierde en ese ejercicio de tierna nostalgia por los espacios y los personajes que encaja mal con el fuerte carácter dramático de algunos hechos señalados, así como otros, como la propia guerra o los crímenes fascistas, son eludidos.
Un mosaico al que le sobran buena parte de las teselas y que lo mejor que podría tener es precisamente lo que no se ha querido contar. Un canto a una nostalgia particular que, entre lágrimas, ñoñerías y laberínticos y gratuitos episodios, naufraga en todo aquello que pretendía exaltar.
Título: Baarìa: La porta del vento
Año: 2009
Duración: 153 minutos
País: Italia
Director: Giuseppe Tornatore
Reparto: Francesco Scianna, Margareth Madè, Salvatore Ficarra, Ángela Molina, Enrico Lo Verso, Luigi Lo Cascio, Raoul Bova, Monica Bellucci
Guión: Giuseppe Tornatore
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Enrico Lucidi
Producción: Medusa Film / Quinta Communications / Ministero per i Beni e le Attività Culturali (MiBAC)
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