CrÃtica Crazy heart: El Corazón rebelde de Jeff Bridges
09 de Marzo de 2010

Mil y una veces hemos visto la misma historia, el mismo canto al perdedor, al hombre vencido por las circunstancias que se resiste a ser borrado al mismo tiempo que se pregunta cuánto de culpa tiene él en su situación y si no se lo tendrá bien merecido, y que encuentra una última oportunidad de redención, de resurrección. Y la veremos mil y una veces más y todas y cada una de ellas funcionará si la cara la da un actor como Jeff Bridges y proporciona un recital interpretativo como en Crazy heart (Corazón rebelde) la pelÃcula de Scott Cooper con la que se ha adjudicado el premio Oscar al mejor actor protagonista.
Bad Blake (Bridges) es un cantante de música country cuya vida transita al margen de los grandes circuitos musicales y que arrastra una existencia nómada por locales de segunda y tercera clase tras el fracaso de sus múltiples matrimonios y demasiados años de apego al alcohol. Sin embargo, en una de esas paradas en medio de ninguna parte que surcan el oeste norteamericano, conoce a Jean (Maggie Gyllenhall), una joven periodista madre de un hijo a través de la que descubrirá su verdadera naturaleza bajo la pared de rebeldÃa y cinismo que ha levantado para los demás.
Crazy heart (Corazón rebelde) es al mismo tiempo bella y fea, con un estilo tan agradable como ocasionalmente incómodo, el guión no logra huir del todo de ciertas tentaciones sensibleras y cae en situaciones previsibles cuya respuesta emocional es la habitual, la indiferencia del espectador ante el sabor de ‘ya visto’ o, por el contrario, la turbación más conmovedora, según gustos. Sin embargo, la interpretación de Jeff Bridges (sostenido por pequeños papeles de Colin Farrell o Robert Duvall) es tan brillante, tan ajustada como un guante al personaje, tan creÃble, que bien pudiéramos pensar que se trata de una vieja gloria del country que se interpreta a sà misma. Se mimetiza tan bien con Bad Blake que, incluso en los momentos más denigrantes, está constantemente poseÃdo de un irrefrenable magnetismo, y dota a su personaje de estilo, fuerza e incluso de encanto. Consigue despertar piedad y admiración, empatÃa y tristeza, compasión y afecto. Es la nota rescatable, encomiable, de un producto, el de Scott Cooper, en todos los demás aspectos, bastante mediocre, tan fácil de ver como de olvidar si no fuera por esa leyenda de la barba, el sombrero y la guitarra que quedará en los anales.
Título: Crazy heart
Año: 2009
Duración: 112 minutos
País: Estados Unidos
Director: Scott Cooper
Reparto: Jeff Bridges, Maggie Gyllenhaal, Robert Duvall, Colin Farrell, Sarah Jane Morris, Beth Grant, Annie Corley, Tom Bower, Alexandria Morrow, Luce Rains, Therese Olson, Josh Berry, Jack Nation, Ryan Bingham
Guión: Scott Cooper sobre la novela de Thomas Cobb
Música: T-Bone Burnett
Fotografía: Barry Markowitz
Producción: Fox Searchlight / Butcher\'s Run Films / Informant Media / Country Music Television
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09 de Marzo de 2010 a las 4:47 pm
No se puede negar: los gringos son fieles a sus mitos. Estas historias (que en el fondo son la misma) son el prodcuto perfecto para conmover y para ganar Oscars.
En mi caso particular, no puedo negar que a veces disfruto cuando el mito es sobre un artista caÃdo en desgracia: ¿relación especular? jaja. Puede ser.
Saludos
09 de Marzo de 2010 a las 6:51 pm
No lo creo, Gustavo, no fastidies, de desgracia nada (todavÃa)… En América hay dos cosas que triunfan seguro: cierto ideal de justifia instantánea o incluso divina (”El secreto de sus ojos”, no cabe otra explicación, excepto el sistema de voto), y el concepto de redención. Los grandes cineastas americanos, léase John Ford, hicieron su carrera en torno a ese concepto, y está en la savia del cine americano por excelencia. Si a eso añadimos un buen actor en un papel bien escrito, éxito asegurado aunque la pelÃcula sea vulgar.
Saludos.
09 de Marzo de 2010 a las 6:54 pm
Ya lo decÃa Peter Greenaway cuando anunciaba que “el cine estaba muerto”, y en referencia a “Pandillas de New York”: “los gringos se han dedicado a hacer una y otra vez “El nacimiento de una nación”.
Saludos
09 de Marzo de 2010 a las 8:15 pm
Pues sÃ; lo que pasa es que me lo tomarÃa más en serio si no lo hubiera dicho precisamente Peter Greenaway. El amigo Peter se las trae…
Saludos.
09 de Marzo de 2010 a las 8:20 pm
No he visto lo último de Greenaway, y he oÃdo que es mucha parafernalia formal pero queda debiendo. Eso sÃ, hay varias pelÃculas suyas que son geniales. Yo dirÃa “El ladrón, etc.” y “Pillowbook”.
Contame más sobre tu percepción de don Peter.
Saludos
09 de Marzo de 2010 a las 8:55 pm
No, si yo no me meto tanto con sus pelÃculas como con él… La cuestión es que resulta tan excesivo y barroco, a la par que abstracto y deliberadamente (e intencionadamente) abigarrado, que su forma es indudablemente atractiva, incluso bella (no puede negarse que “La ronda de noche”, por ejemplo, es magistral en lo visual, una vez más gracias a Rembrandt y no a Greenaway), mientras que el fondo es asbtruso, deliberadamente opaco, hastiante, gratuito incluso (valga el mismo ejemplo). Sin embargo, “El contrato del dibujante” es estupenda. Mis objeciones van más bien contra el personaje que se ha montado, ese “guardián de las esencias cinéfilas” y tal y cual. Personalmente, Béla Tarr no se da tanto el pisto (y mira que tiene esa cosa llamada “Satántangó”), es igualmente minoritario y esencialista, pero su cine se puede ver, entender y disfrutar sin ser convencional. Lo peor son los cineastas devorados por el ego, los que creen que todo el mundo espera escuchar la próxima gilipollez que van a decir. Y Greenaway, la persona, es de ésos…
Saludos.
09 de Marzo de 2010 a las 8:59 pm
Comprendo perfectamente el punto. Gracias por la aclaración.
De paso, has mencionado a Béla Tarr, de quien aún no he visto nada, pero he escuchado cosas muy buenas, como esto que decÃs. Tengo que conseguir algo urgentemente.
Saludos
09 de Marzo de 2010 a las 9:34 pm
Uf, no empieces con “Satántangó”: siete horas sobre una granja colectiva en la HungrÃa post-comunista. Cuidado por dónde empiezas, no vaya a echarte para atrás…
Saludos.
09 de Marzo de 2010 a las 9:48 pm
Jaja, lo tomaré en cuenta.