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La imaginación, cuando pretende ser compartida, ha de tener límites. De otro modo el universo imaginado puede estar repleto de rincones inaccesibles, de lugares oscuros en clave personal a la que el espectador intrépido puede quedar al margen, apartado, sintiendo cómo lo que ve y oye permanece ajeno, extraño a él, y por tanto, sin que pueda surgir la empatía, sin que pueda producirse la tan ansiada implicación del público en el conjunto de una obra de arte. Sin embargo, cuando lo que se hace es limitarse a colocar las propias fantasías en fotogramas y apabullar con ellas al espectador, hablamos de plasmación del ego, de un vómito de presunta genialidad que busca ser contemplada y admirada, de, simplemente, una masturbación cinematográfica.

Y en el fondo El imaginario del Doctor Parnassus termina siendo, en esencia, eso mismo. La película carece de trama más allá del planteamiento: la historia de un circo ambulante y de quienes trabajan o terminan trabajando en él y, en paralelo, una abstracta alegoría en la cual un espíritu benigno y un demonio (Christopher Plummer y Tom Waits) pugnan en competencia por el monopolio de las almas como si de una apuesta personal se tratara. A partir de ahí, una catarata de imágenes excesivas e impactantes, abigarradas y oscuras, inquietantes y barrocas, sin lógica, sin construcción de guión más allá de la mera acumulación de espisodios fantásticos sin coherencia, en los cuales cuatro actores (Heath Ledger, Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell) dan vida al mismo personaje en un mundo, cercano al de Lewis Carroll, al que se penetra a través de un espejo que sirve de decorado en el teatro ambulante que recorre el Londres de hoy.

Confusa, anárquica, egocéntrica, excesiva, aplastante, pesada, densa y visualmente de un impacto demoledor, puede resultar fascinante para los acólitos de Terry Gilliam, que verán sin duda el producto corregido y aumentado como monumento elegíaco a la prematura desaparición de Ledger, pero cuyo cuento oscuro, en última instancia, no engaña a nadie: excesivamente sombría y oscura para quien no sea su propio autor, el visionado resulta agotador, y nada peor que la autoconciencia de genialidad y la pretensión de imponerla al público para conseguir un inevitable resultado: cansancio y aburrimiento.



Título: The Imaginarium of Doctor Parnassus
Año: 2009
Duración: 122 minutos
País: Reino Unido / Canadá / Francia
Director: Terry Gilliam
Reparto: Christopher Plummer, Heath Ledger, Tom Waits, Lily Cole, Andrew Garfield, Verne Troyer, Mark Benton, Johnny Depp, Jude Law, Colin Farrell, Peter Stormare
Guión: Terry Gilliam y Charles McKeown
Música: Jeff y Mychael Danna
Fotografía: Nicola Pecorini
Producción: Davis-Films / Grosvenor Park Productions / Infinity Features Entertainment / Parnassus Productions / Poo Poo Pictures


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2 Respuestas a “Crítica El imaginario del Doctor Parnassus: monumento al ego de Terry Gilliam”

  1. Manuel Jesús Martínez dice:

    Justo acabé mi crítica de esta peli cuando vi que la ibas a publicar, y en general estoy bastante de acuerdo contigo. Visualmente es impactante, no se puede negar que Gilliam tiene una imaginación prodigiosa, pero ese estilo visual no puede compensar el guión tan flojo que tiene. Muy acertada la forma en que los otros tres actores han sustituido a Ledger (para los que se lo pregunten: no, no es “otro Joker”) y la elección de Tom Waits como Diablo, una propuesta que parecía muy interesante que me ha supuesto una decepción.

    1 abrazo y felices fiestas, compañero. (Felicitación que hago extensiva a los demás miembros de cinissimo y a todos nuestros lectores).

  2. 39escalones dice:

    Pues sí, Manuel, una de las películas que yo personalmente esperaba con ansia y la decepción sólo es comparable a la propia debilidad del film. Un envoltorio más con muy poco dentro.
    Felices Fiestas a todos, cómo no, sin Parnassus, a poder ser.


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