Crítica: Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, incontestable David Fincher
Normalmente consideramos que una buena película es una obra de arte que perdura en el tiempo, como una foto conservada durante décadas, o uno de los montones de lienzos que adornan las paredes del Museo del Prado. Un director puede rodar la más bella de las historias y caer míseramente en el olvido. Porque su producto no funcionó, porque los productores decidieron que esa persona no rodaría más dentro de su castillo. Le ocurrió a Charles Laughton, responsable de una obra maestra titulada La noche del cazador. Llena de atmósfera, de elementos turbadores, con personajes tan malvados que su sola presencia te estremecía, deseabas que cayera sobre ellos todo el peso de la ley (para aquellos que creen en ella), y en este caso, que ese reverendo (Robert Mitchum) dejara de recitar versículos y cantar Leaning on the Everlasting Guns mientras persigue a dos críos para robarles la herencia de su padre: un botín escondido en la barriga de un peluche.
Pienso en Charles Laughton y me digo que esas cosas ya no ocurren, e incluso me da miedo pensar que algo así hubiera sucedido con David Fincher, uno de los mejores cineastas de la actualidad, un maestro indiscutible a quien los académicos (cualquiera puede serlo, es como el carné del videoclub) han negado el Oscar por El curioso caso de Benjamin Button y La red social, demostrando que la ceguera también afecta a los sabios del séptimo arte. Como si no contentos con sus infames olvidos –recordemos que Alfred Hitchcock murió sin haber recibido tal distinción- quisieran refregarnos que su palabra va a misa. Por suerte, el cine no son los premios. Son historias que nos afectan a través de imágenes y sonidos, rostros con los que empatizamos, lloramos, reímos, pasamos miedo, sentimos el flujo de la adrenalina y soñamos eternamente.
Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de la trilogía Millennium creada por Stieg Larsson, ya contaba con su adaptación casera, hecha expresamente por suecos hace tan sólo tres años. En esta, Michael Nyqvist y Noomi Rapace interpretan modélicamente a los protagonistas de las novelas: el periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander, cuya infancia problemática la ha convertido en una persona introvertida, antisocial, de estética cyberpunk asociada –de manera cruel- con lo más hostil. Sea como sea, los suecos se adelantaron a Hollywood para hacer su propia versión, haciendo gala de una rapidez admirable. Y después de esperar largo tiempo, aquí llega el remake norteamericano. O sea, el mainstream de la superproducción frente a la obra casi independiente. Esta revisión (si me permiten el término) de Millennium 1 es una cinta magna por contenido y extensión, en la que David Fincher demuestra, nuevamente, que está en plena forma. Arranca con unos créditos más propios de un videoclip de música electrónica, donde suena un cover de Inmigrant Song y vemos cosas muy potentes, atractivas, oscuras, inflamables pero minimalistas. Una seducción perversa. Haciendo uso del montaje alternado, la primera hora de filme –dura 2 y 40 minutos- nos muestra a Blomkvist y Salander en sus respectivos trabajos e investigaciones antes de conocerse. Aquí, en la piel de Daniel Craig y Rooney Mara, que están perfectos en sus papeles.
No obstante, la historia los sitúa ante una intriga que involucra a toda una familia en la que algunos de sus miembros fueron –y son- nazis, y donde cuarenta años atrás se produjo la desaparición de una joven, sobrina del hombre (Christopher Plummer) que contrata a Blomkvist, un periodista que acaba de perder un importante juicio, para que investigue.
A pesar de su larga duración, esta película no incurre en la retórica aburrida y pedante, sino todo lo contrario: hablamos de un thriller cargado de acción, inteligente, cuyos diálogos no ofrecen más información de la necesaria. Te crees lo que estás viendo, permaneces atónito cuando llega la escena de la violación anal (ambas); es cine que emociona por su dureza, que a través de un montaje milimétrico transporta al espectador a su terreno. O sea, el de Fincher. Un artesano de la transgresión contenida, que traduce magníficamente el libreto de Steven Zaillian (La lista de Schindler), como ya hiciera con el de Andrew Kevin Walker (Se7en), James Vanderbilt (Zodiac), Eric Roth (Benjamin Button) y Aaron Sorkin (La red social). Por supuesto, también se apoya en la inquietante banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross. Millennium: Los Hombres que no Amaban a las Mujeres gustará más o menos, pero hay algo que trasciende por encima de todo: su potencia expresiva. ¿Recuerdan ahora a ese demonio que llevaba tatuadas las palabras “Hate” y “Love” en cada mano?
Póster de Millennium: Los Hombres que no Amaban a las Mujeres
Imágenes de la película Millennium: Los Hombres que no Amaban a las Mujeres
Trailer Millennium: Los Hombres que no Amaban a las Mujeres
Ficha de Millennium: The Girl with the Dragon Tattoo
Título: Millennium: The Girl with the Dragon TattooAño: 2011
Duración: 158 min.
País: Estados Unidos
Director: David Fincher
Reparto: Daniel Craig, Rooney Mara, Christopher Plummer, Stellan Skarsgård, Robin Wright Penn, Steven Berkoff, Yorick van Wageningen, Goran Visnjic, Geraldine James, Joely Richardson, Embeth Davidtz, Alan Dale, Inga Landgré, Mats Andersson, Eva Fritjofson, Donald Sumter, Elodie Yung, Ulf Friberg
Guión: Steven Zaillian (Novela: Stieg Larsson)
Música: Trent Reznor, Atticus Ross
Fotografía: Jeff Cronenweth
Producción: Columbia Pictures / Scott Rudin Productions / Yellow Bird Films


















Partiendo de que la película pertenece al selecto club de remakes mejores que el original, no me parece lo mejor de Fincher, ni siquiera un proyecto personal, por mucho que le pueda atraer el tema de la violencia. Es cierto que la puesta en escena y los créditos iniciales, que vienen a ser otro videoclip de Nine Inch Nails, merecen el coste de la entrada. Muy buena crítica y magnífica conclusión con la referencia a “La noche del cazador”. 1 saludo.
Hola, Manuel.
No es la mejor película de Fincher, obviamente. Y no tiene nada de personal. Menos áun contando con las adaptaciones suecas.
Pero me gusta, la disfruto. No me aburre. Y son 2 horas y 40!
Un saludo.