‘Dies irae’, de Carl Theodor Dreyer
18 de Marzo de 2008

Esta obra maestra (sin reserva alguna) de Dreyer supone, junto a sus anteriores películas y los fantásticos trabajos del magnífico Victor Sjösstrom, la total eclosión del cine escandinavo antes del desembarco de de Ingmar Bergman procedente del teatro. Esta película de 1943, en la que muchos han querido ver una alegoría de los peligros y maldades del totalitarismo que asolaba Europa y había provocado la mayor catástrofe bélica de la Historia y antecesora de fenómenos posteriores como la “Caza de brujas” norteamericana, es un drama moral sólido, profundo y cautivador que gira en torno a un proceso por brujería en el siglo XVII.
La historia es siniestra y perversa: un sacerdote promete a una condenada a muerte salvar a su hija de la hoguera purificadora (puesto que según la ley las hijas de brujas eran igualmente brujas) a cambio de que le sea entregada en matrimonio. La boda se celebra con la oposición de la anciana madre del sacerdote, pero el regreso del hijo mayor del sacerdote para conocer a su nueva madrastra traerá sorprendentes consecuencias.
Con un guión extraordinario, unas interpretaciones de un dramatismo al límite pero de una contención sublime, y una estética de pureza y austeridad luteranas inspirada en los cuadros de Hammershoi, esta película mueve a reflexiones profundas acerca del sentido del amor y de la vida, y también sobre la manipulación de la moral imperante, de la expansión interesada de la ignorancia y la superstición, y ofrece un retrato filosófico cubierto de un manto de religiosidad sobre las contradicciones y conflictos del ser humano. De ritmo lento pero nunca desesperante, la historia posee una fuerza que atrapa, conmueve y estremece. Imprescindible.
Título: Vredens dag
Año: 1943
Duración: 105 minutos
País: Dinamarca
Director: Carl Theodor Dreyer
Reparto: Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier, Albert Hoeberg
Guión: Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen, sobre la obra de Viers Jenssen
Música: Poul Schierbeck
Fotografía: Carl Andersson
Producción: Palladium
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19 de Marzo de 2008 a las 11:31 am
Totalmente de acuerdo Alfredo.Cuando es medianoche y me apetece ver un cine que nada tenga que ver con ningún otro tipo de cine,me pongo un Dreyer.Su cine es radicalmente diferente a todos.
Un abrazo.
19 de Marzo de 2008 a las 7:58 pm
Así es Francisco, aunque, no sé yo si es un cine muy adecuado para la medianoche… Quizá sí.
Un abrazo
20 de Marzo de 2008 a las 5:42 pm
Dreyer… “La pasión de Juana de Arco”, “Dies irae”, “La palabra”, “Gertrud”… qué obras maestras, su cine llega hasta el alma de la vida, con sus injusticias y maravillas. Merecido y magnífico artículo.
Un saludo.
20 de Marzo de 2008 a las 6:32 pm
Samuel, ya sabía yo que ésta te gustaba… Es un maestro de la filmación del alma humana. Sin él, otros como Bergman son inconcebibles.
Saludos.
24 de Marzo de 2010 a las 7:44 pm
Al margen totalmente de metáforas políticas, creo que hay que disfrutar de este bello film como si fueramos totalmente vírgenes en lo que a ver cine se refiere. Nos va a ser contada una fábula muy triste con su moral al final; posee la enorme fuerza de un cuento de brujería nórdico. La represión contra la pasión este es el tema.
(Tengo muy en cuenta que fué rodada en plena invasión nazi en Dinamarca, con todas las lecturas que se puedan derivar a partir de ese dato. También que Dreyer acababa de salir de una institución mental por causa de una depresión ocasionada por el fracaso de su anterior gran obra: “Vampyr”, por causa de la cuál la que estuvo más de diez años sin rodar, sin embargo, su débil estado de ánimo no se nota para nada en este film que combina admirablemente el relato lúgubre de la época medieval, que puede muy bién ser la suya, con el naturalismo más arrebatado en una línea parecida a “Un día de campo” de Jean Renoir).
Como en otras grandes cintas de Carl Th. Dreyer veo muy clara la influéncia de F.W. Murnau en la planificación, tanto de momentos sombríos: la tortura y quema posterior de la vieja bruja con niños cantando mientras el negro humo consecuéncia de un negro acto de intolerancia y desrazón oscurece a los asistentes; como en los momentos naturalistas, dónde se exalta la comunión de la madre naturaleza con el amor fou de dos jovenes “embrujados”.
Y la consecuéncia de unos actos totalmente desprejuíciados dentro de una sociedad intolerante y castrante.
Lo que el cobarde e hipócrita pastor Absalon, su terrible madre y los feroces inquisidores persiguen no es la brujería, sino que es la pasión amorosa de la joven esposa del pastor la que tratan de contener, de evitar y de castigar.
25 de Marzo de 2010 a las 9:36 am
Aparte de su excelencia formal, la película es el más acertado retrato del concepto de religión como instrumento de poder y dominación (si es que no es su única naturaleza). Ejemplos sobran; basta con abrir la prensa cualquier día. Los clásicos lo son porque nunca pierden su vigencia.