El cine español y su loca carrera al Oscar
18 de Septiembre de 2008

El cine español, que al parecer en 2008 gracias a las películas Los crímenes de Oxford y la nueva entrega de Mortadelo y Filemón ha conseguido salvar sus porcentajes en la taquilla, ya de por sí escasa, con respecto a campañas anteriores, padece claramente de oscaritis, síndrome de alocado interés por participar en la carrera por el Oscar de la Academia de Hollywood, lo que a veces le hace cometer algún que otro error de concepto o de precipitación en la elección de películas para concursar en el circo. Quizá todo se deba al cambio de perspectiva que suponen los frecuentes éxitos en los últimos años. Durante décadas los Oscar fueron para el cine español fue como el Tour de Francia a su deporte: muchos españoles competían, pero sólo se ganaba de ciento a viento. Ahora se encarrilan triunfos como quien abre un grifo, y la excelencia que suponía la victoria se disuelve cada vez más en lo efímero de lo cotidiano. Almodóvar, Bardem, Amenábar, Alberto Iglesias, Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Penélope Cruz, el equipo técnico de El laberinto del fauno… No quiere decir sino que sus películas cuentan con mejores patrocinadores y con más dinero para gastar en las largas campañas publicitarias que supone la “compra” del premio, respaldadas por una gran industria siempre atenta a rascar el mayor beneficio posible. ¿Sería peor el cine de Almodóvar si no tuviera sus premios o Bardem mal actor si no hubiera ganado el suyo? Ni mucho menos, pero seguro que no estarían tan bien vistos. Éste, y no otro, es el poder y el objeto del marketing y de la publicidad de los que las entregas de premios son uno de sus mayores instrumentos.
Y como la cosa va de marketing y de nada más, cuando los grandes nombres del cine español respaldados por los grandes grupos económicos del cine mundial están ausentes, el cine español pierde la orientación de qué debe elegir para el concurso, lo previsible, lo fácil y lo tontorrón marcado por la publicidad para concursar en la feria de vanidades californiana, e intenta escoger siguiendo la misma regla hollywoodiense pero aplicada a pequeña escala: productos vendidos en España como excelentes pero que no superan apenas lo mediocre. Más si cabe, si pensamos en que los académicos son en su mayoría norteamericanos y que no es conveniente darles más píldoras del cine que ellos hacen hasta la saciedad. Si otros años han fracasado películas como Soldados de Salamina, de David Trueba, o El orfanato, de Juan Antonio Bayona (a quién se le ocurre enviar una película de terror mediocre a una cinematografía que produce cada año media docena larga de ellas, igualmente mediocres, y que además lo considera un género menor más allá de los ocho o diez clásicos del género), cintas que no pasaron el corte entre las cinco mejores para la lucha por la estatuilla a la mejor película de habla no inglesa (galardón de los pocos de entre los Oscar que no estaba desprestigiado, hasta que las últimas ediciones, con sus clamorosas ausencias y sus premios facilones, han contribuido a igualar al resto de premios en su carácter arbitrario, comercial y, por lo general, injusto), este año se repiten errores con las tres películas de entre las que se escogerá la candidata española a la gloria hollywoodiense contra cintas de otros 90 países. Qué le vamos a hacer: antes nadie pensaba en ganarlo; ahora cada elección hace que la prensa ya lance las campanas al vuelo y celebre el éxito “seguro” cada año.
Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda, mediocre drama situado en la posguerra española (otra vez) a mil años luz de su original literario, una historia “tipical Spanish” para el público culto norteamericano (el menos) pero que dudosamente pasaría el corte por sus evidentes flaquezas. Vendida aquí como uno de los éxitos del año, es la película introducida para completar la terna. Jamás debería verse en tal tesitura si el cine español hubiera dado un poquito más de sí la presente temporada.
Y decimos completar porque quien siempre está, llueva o nieve, o sea mejor o peor el resultado, es José Luis Garci, quien abrió fuego en los éxitos españoles en Hollywood en esta categoría. Sangre de mayo, su visión galdosiana sobre el levantamiento madrileño contra las tropas francesas en 1808 aún no se ha estrenado y casi nadie la ha visto, pero como todos los años, la película de Garci es elegida pese a todo. De ser escogida, jamás ganará, por supuesto. No se puede vender una historia épica, un drama romántico en medio de una epopeya histórica a aquellos cuya cinematografía dio las mejores muestras de este cine durante tres o cuatro décadas. A riesgo de errar enormemente (quien escribe no la ha visto), no parece posible que la película deslumbre a los académicos ni por su carga emocional, su espectacularidad o su estética (sí por su ambientación), por no hablar de que es un conflicto histórico que quizá los norteamericanos sólo puedan comprender si lo equiparan a su propia independencia, caso de que se acuerden de ella. Otra cuestión que surge es cómo hace Garci para salir elegido todos los años. Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra parte.
Por último, Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta. La candidata predilecta de quien escribe, sin duda. La única que cuenta con un interpretaciones solventes, algunas de ellas premiadas ya en festivales de prestigio, gracias a un magnífico y equilibrado elenco (Maribel Verdú, Blanca Portillo, Amparo Baró, entre otros), un drama emocional no exento de sentido del humor. Problema: en Estados Unidos se hacen dramas de estos como churros, y rara vez logran repercusión alguna. Sin las excentricidades músico-estéticas de un Almodóvar, estas historias no suelen colar. Sin embargo, parece la más adecuada de la tríada por sus valores artísticos.
De todos modos siempre puede haber cancha para la sorpresa. En Hollywood y en su mercadeo de votos, todo es posible. Si alguna distribuidora fuerte se hace con los derechos de alguna de ellas para Estados Unidos (cosa no fácil a priori, quizá la mejor baza sea una Maribel Verdú no desconocida para cierto público americano), no todo estará perdido, aunque otra cosa es que quieran invertir una cantidad tan elevada para la “compra” del premio a la vista de falta de alicientes para la mercadotecnia yanqui. Pero también es verdad que por lo general los académicos norteamericanos suelen premiar aquello que les resulta extraño, exótico, excéntrico o aquello que no son capaces de entender. Así se explica en éxito de Almodóvar o la victoria de Belle epoque, de Fernando Trueba. Evidentemente a los americanos les hizo gracia la historia de un joven que se pasa por la piedra a cuatro hermanas con la connivencia del padre, la figura del pretendiente medio tonto y el cura con mala leche. Pero apostamos muy alto porque ningún espectador americano tenía ni puñetera idea de quiénes fueron Romanones, Galán y García Hernández o Unamuno, que el uniforme carlista de Gabino Diego únicamente podía parecerles gracioso con esas patillas y esa boina roja con borla, al igual que los tricornios de la Guardia Civil, o por qué una señora usa remolacha para el color morado que comparte junto al rojo y amarillo el centro de una tarta. Una película escrita y filmada en una clave política y social española tan interna obtuvo un premio votado por quienes estaban a miles de kilómetros de entender un carajo de qué iba. Hay que enviar al concurso cosas que los americanos no comprendan. Eso les hace pensar que lo que están viendo es genial. Almodóvar y quienes lo financian allí lo han entendido muy bien. El público americano odia parecer tonto: cuando queda desconcertado, piensa que lo que ve es magnífico.
Este autor apuesta (sin haber visto una de las cintas españolas y prácticamente ninguna de las de otros países) a que, cualquiera que sea la elegida, el cine español este año no supera el corte. No estaría mal que la Academia Española, aquellos años en que, a priori, no cuenta con caballos ganadores, arriesgara con directores nuevos, historias distintas, proyectos diferentes, para que la cinematografía mundial se dé cuenta de que el cine español ya no es sólo guerra civil y comedias o dramas urbanos. Si la derrota es segura, perdamos arriesgando. Si no hay nivel para nada más, ir pa ná, es tontería.
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18 de Septiembre de 2008 a las 12:42 pm
Gran reseña,Alfredo.
Respecto a José Luis Garci,siempre criticado,poco entendido y siempre nominado (contradiciones de la vida)quiero decirte que le admiro como escritor,como guionista y como director.Todo lo poco que sé se lo debo a él y su mítico programa Que grande es el cine.No sé si has leído sus cuatro libros publicados por Nikel Odeon,después de Miguel Marías,Garci es el que mejor ha escrito sobre cine.
Un fuerte abrazo.
18 de Septiembre de 2008 a las 1:50 pm
A mí me gusta mucho el cine de Garci, y su programa de televisión es una de las más acusadas ausencias de la parrilla televisiva. Era un programa imprescindible, como dijo Carmen Cafarell, se sustituiría por uno similar, pero de eso no ha habido nada. Comparto tu opinión sobre Garci (la mayor parte de las críticas son clichés pseudo-cómicos de quienes no se han molestado en ver su trabajo con detenimiento y sin prejuicios), pero en efecto es muy chocante que sus películas lleguen a ser seleccionadas para todo sin estreno, sin análisis por la crítica o estimación por el público. Pero no es culpa suya, sino de quien fija los criterios de elección.
18 de Septiembre de 2008 a las 2:27 pm
Perdonar si molesta este mensaje.
hemos creado un foro de cine sin presupuesto,es decir de gente que con su camara le gusta hacer peliculas…solo por si os interesa,se hablara de efectos especiales,maquillaje,montaje…es nuevo.
perdonar y gracias.
http://server3.foros.net/Cinesinmedios.htm
18 de Septiembre de 2008 a las 9:21 pm
Mi querido amigo, es cierto que Jose Luis Garci siempre es elegido, pero parece que este hecho, fuera culpa suya. Son los miembros de la academia de cine quienes votan. por otro lado bien es cierto que el püblico todavïa no ha tenido la oportunidad de ver ” Sangre de Mayo. Se estrena el 3 de octubre. Pero quienes votan son los miembros de la academia y ellos si han tenido la oportunidad de verla, ya que la han recibido en sus domicilios y se han dado dos pases oficiales en los cines Roxy B y otros dos en Barcelona.
18 de Septiembre de 2008 a las 11:08 pm
Bisojo, como habrás visto, en mi comentario anterior señalo la nula responsabilidad de Garci en todo el asunto, aunque en múltiples ocasiones se hayan hecho insinuaciones y hayan aparecido noticias tendenciosas. Por otro lado, no confío en absoluto en el sistema de votación. Los pases previos son a todas luces insuficientes y el modo de “facilitar” la votación por parte de los miembros de la academia no ofrece ninguna seguridad en cuanto a que éstos hayan visionado, no ya la película de Garci, sino todas las que supuestamente podrían entrar en la elección y que tampoco se han estrenado. Es una elección teledirigida, lo cual contribuye decisivamente a su carácter previsible y timorato.