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Esta película del irregular David Fincher, adaptación del relato de F. Scott Fitzgerald, sobre la historia de un hombre que nace en un cuerpo de ochenta años y rejuvenece con el paso del tiempo con todas las extrañas situaciones que tal fenómeno sobrenatural puede ocasionar, es un producto que parece diseñado para pervivir como clásico imperecedero (quizá como su protagonista, interpretado de manera correcta pero en nada extraordinaria por Brad Pitt, que se acompaña en el reparto por Cate Blanchett, Julia Ormond y Tilda Swinton, entre otros) o también para convertirse en triunfadora de los codiciados premios Oscar de Hollywood. Con el guionista de Forrest Gump Eric Roth y con un aire fantástico adoptado del cine de Tim Burton (en particular de Big Fish), la película acumula componentes casi elaborados pensando más en los estudios de mercado que en lo que requiere la trama: el drama de un hombre aparentemente ordinario pero realmente excepcional, sus relaciones con la historia y las sociedades de su momento y cómo le afecta el amor, la pérdida, la alegría y la muerte, todo ello con sus dosis correspondientes de amor, intriga, acción, sentimentalismo y la épica de los héroes anónimos que de tan buena prensa goza en Norteamérica, adolece, no obstante, de falta de espontaneidad, de frescura; todo en cuanto a estilo y estética resulta excesivamente artificioso, forzado, como construido con una finalidad que, más allá de contar lisa y llanamente la historia de su protagonista, toma a ésta como pretexto para, a través de esa falsa épica, pretender hacer pasar la película por un producto equiparable a un cine que ya no se hace, a un clasicismo que, precisamente, no era ni forzado ni prediseñado.

Con esto no queremos decir que se trate de una mala película ni que yerren quienes han afirmado sus bondades, su exuberancia y su belleza estética, aunque desde luego, discrepamos en cuanto a su carácter “histórico” para el cine y a los apelativos de “magistral” que ha recibido por la crítica, particularmente la americana. Fincher, realizador ambiguo, capaz de una gran solvencia y de ofrecer productos más que interesantes (Zodiac, Seven) y también de ofrecer productos prescindibles y banales con apariencia de sólidos y consistentes (La habitación del pánico, El club de la lucha), vuelve a pecar de sus vicios en esta película, corregidos y aumentados: brillante, con un magnífico trabajo de efectos digitales (que no maquillaje) para las caracterizaciones de los personajes fuera de su edad, vestuario y dirección artística, estéticamente más que apreciable, son fáciles de percibir los esfuerzos del director por realizar una película técnicamente impecable, pero, como casi siempre ocurre en su cine, descuida la historia, los recovecos y caminos que abre, las reflexiones sobre el paso del tiempo, su influencia en la vida de las personas, las contradicciones, paradojas y situaciones imprevisibles que podría provocar, y escoge la vía más fácil, el tono de fábula que sirva para tapar sus inconsistencias, sus lógicas derivaciones menos románticas, épicas y sentimentales, de manera que el paseo por la técnica del director no va acompañado de un tema que realmente interese más allá de lo insólito de su punto de partida y del sobrentendido (para el espectador, que no obstante debe esperar casi tres horas para verlo), insólito final. El espectador tiene dos opciones ante el curioso caso del protagonista: dejarse llevar por el tono fabulístico de esa épica impostada del hombre (poco)corriente que protagoniza fenómenos extraordinarios de su tiempo, o bien hacerse preguntas con respecto a la cotidianidad y la psicología de una persona que ha de vivir con su extraña particularidad. Para el primero la película será fantástica; para el segundo un mero (aunque bellísimo en la forma) expediente a cumplir. En suma, demasiada técnica para tan poco cuento.

Excesivamente ambiciosa en su concepción y en la meticulosidad, insistimos, no producto del oficio natural del director, sino aparentemente forzada para conseguir un efecto determinado más allá de las propias necesidades de la narración, presenta problemas de ritmo por su innecesaria duración, alternando fases más interesantes con periodos un tanto pesados (a los que contribuye cierto estatismo en las situaciones y un abuso excesivo de la voz en off) que no vienen compensados por el disfrute en la apreciación del trabajo técnico.



Título: The curious case of Benjamin Button
Año: 2008
Duración: 167 minutos
País: Estados Unidos
Director: David Fincher
Reparto: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton, Jason Flemyng, Julia Ormond, Eric West, Elias Koteas, Elle Fanning
Guión: Eric Roth sobre el cuento de F. Scott Fitzgerald
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Claudio Miranda
Producción: Paramount / Warner


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