‘El gran héroe americano’: otro regreso innecesario
22 de Septiembre de 2008

Últimamente dedicamos muchos artículos a esa corriente, siempre presente en Hollywood pero convertida en los últimos tiempos en recurso habitual, en constante modus operandi de los equipos “creativos”, consistente en recuperar antiguos trabajos del pasado, ya sean de cine o televisión, y ofrecerlos de nuevo a un público por lo general ignorante como nuevas versiones ampliadas y perfeccionadas de viejas historias cuando realmente son un pobre resultado proveniente de la estulticia y la falta de creatividad de una forma de producir cine agotada, pobre y ruin. Esta tendencia hollywoodiense ya no se limita al clásico mundo del remake, sino que incluye la compra de películas (en ocasiones incluso de sus directores) extranjeros para rehacer cintas de éxito en Europa y Asia adaptándolas al público americano (adaptación a todas luces innecesaria si se tratara de un público inteligente y desprejuiciado; imprescindible en un ámbito en el que el cine es un objeto de mercadotecnia más al que hay que rebozar con un envoltorio reconocible y ya conocido), proceso que suele derivar en la devaluación del proyecto original, así como la fiebre de adaptaciones de cómic, ya sean superhéroes de segunda fila o novelas gráficas de dudoso gusto. Un nuevo brazo de esta vomitiva corriente es la adaptación de “míticas” series de televisión de los ochenta a la pantalla.
Por si Los vengadores no hubiera sido experiencia suficiente con cotas de aburrimiento y chabacanería difícilmente igualables en apenas hora y veinte minutos de película, otros proyectos por el estilo como MacGyver, El coche fantástico, El Equipo A (con Bruce Willis como aspirante a interpretar el papel de George Peppard, Hannibal Smith), a esta lista de “éxitos” seguros se suma El gran héroe americano, teleserie sobre un estrafalario profesor de instituto que tras el contacto con una nave extraterrestre es obsequiado con un traje con poderes que le permite combatir al mal y cuyas instrucciones ha perdido el mismo día en que recibió su regalo. Ahí está la gracia de la cosa, en que el hombre combate al mal con las consiguientes torpezas, caídas, golpes y equívocos, o sea, que acierta de casualidad.
El productor, Stephen J. Cannell, y el protagonista, William Katt, están detrás de esta producción innecesaria y probablemente aún peor que su original televisivo, para el que contarán en pequeños papeles con los otros dos puntales de la serie, Connie Selleca y Robert Culp. La serie, emitida por el canal ABC entre 1981 y 1983, fue un éxito en España, un clásico generacional para los adolescentes de mediados de los ochenta.
El rodaje de la película viene acompañado del lanzamiento del inevitable cómic y de unos cortometrajes animados para su distribución en Internet. Más madera. Más cine superfluo e inútil.
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22 de Septiembre de 2008 a las 2:48 pm
Oh, Dios mío, ya sólo queda que hagan un “remake” de los Fraguel, con Sean Connery en el papel de Tío Matt.
22 de Septiembre de 2008 a las 4:18 pm
No les des ideas… Creo que John Belushi también suena para el papel…
22 de Septiembre de 2008 a las 4:19 pm
Ejem, quería decir James…
24 de Septiembre de 2008 a las 1:09 am
Vaya noticia, esta no la sabía, que sudor frío me recorre la espalda, jaja.
Recuerdo la serie de cuando era niño, nosotros la llamabamos “El superman tonto”, cosas de la edad…jaja
Saludos Alfredo
24 de Septiembre de 2008 a las 1:15 pm
Sí, cosas de la edad. Pero tonto era un rato…
Un abrazo
09 de Octubre de 2008 a las 12:09 am
La serie es una maravilla, lastima que nos dejaron con la miel en la boca a cuenta de los problemas legales a causa de las demandas de los productores de Superman y no se pudieron realizar mas episodios. A mi me gusta mas que El coche fantastico o El equipo A, ya que es una comedia mas currada y simpatica. Ojala no se la cargen con un remake cutre.
09 de Octubre de 2008 a las 1:06 pm
Pues recientemente he visto varios capítulos y me he dado cuenta de lo mal que ha envejecido la serie. Yo disfrutaba la serie cuando era crío, y creo que es mejor guardar el recuerdo y no revisitarlo.