Geoffrey Rush: todoterreno australiano
19 de Noviembre de 2008

Actor versátil como pocos, excelente en teatro, más que solvente en cine y muy eficiente en televisión, Geoffrey Rush es sin duda el mejor intérprete australiano del momento, muy por encima de otros procedentes de aquel continente que gozan de mayor aceptación en el star-system de Hollywood o se prestan a sumergirse en el mundo del marketing interpretativo. Nacido en 1951 y licenciado en Artes en Queensland, fue en el teatro, nada menos que con obras de Oscar Wilde y en adaptaciones teatrales de ópera donde dio sus primeros pasos en la actuación desde mediados de los ochenta. Su capacidad para dotar a sus personajes de carácter no exento de sensibilidad y refinamiento le llevó rápidamente a la televisión, y de ahà a lo más alto del cine. Porque si 1996 fue el año de su debut en la irrelevante comedia de Peter Duncan Hijos de la revolución, también se convirtió en el primer australiano en obtener, con su segundo trabajo, el Globo de Oro y el Oscar de la Academia de Hollywood por su excelente personaje del pianista David Helfgott en la brillante Shine de Scott Hicks.
Personificando uno de los ascensos más merecidamente vertiginosos del cine reciente, la llegada a Hollywood por la puerta grande supuso para Rush la posibilidad de participar en grandes proyectos de cine de autor y también la oportunidad de participar en cine puramente comercial con menos pretensiones. El gran éxito de Shakespeare enamorado, de John Madden, y de Elizabeth, de Sekhar Kapur en 1998 lo consagran entre lo más granado de la interpretación (especialmente por su papel de cruel y vil asesino en la segunda de ellas, personaje que repetirá en la secuela rodada en 2007), y podrá alternar trabajos inspirados en textos clásicos o personajes históricos (Los miserables, de Bille August, Quills, de Philip Kauffman, Frida, de Julie Taymor), con cine más comercial (la saga Piratas del Caribe, en cuyas tres partes ha intervenido, Amigas a la fuerza, de Bob Dolman, La casa de la colina encantada, de William Malone, Whaledreamers, de Kim Kindersley) y proyectos rodados en Australia (Lantana, de Ray Lawrence, A contracorriente, de Russell Mulcahy, Ned Kelly, de Gregor Jordan o Candy, de Neil Armfield). Sin embargo, su permanencia entre lo mejor del reparto masculino de Hollywood se ha fortalecido con su participación en pelÃculas como El sastre de Panamá, de John Boorman, Crueldad intolerable, de los hermanos Coen, Munich, de Steven Spielberg, o por su brillantÃsima caracterización del mÃtico Peter Sellers en su biopic rodado por Stephen Hopkins en 2004, Llámame Peter.
A un tiempo capaz de dar una imagen de sofisticación, dotado especialmente para la comedia y también capaz de con aparente indiferencia gestual dotar a sus personajes de interiores crueles, abominables o atormentados, Geoffrey Rush promete seguir ofreciendo magnÃficas interpretaciones en grandes proyectos que se nutren de su calidad, o en pequeñas pelÃculas australianas o producciones mediocres que gracias a él se salvan de la quema.
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22 de Noviembre de 2008 a las 1:21 pm
Lo que me gusta de este espacio es el rescate o el recuerdo de todos esos actores que hemos Ãdo viendo a lo largo de nuestra vida,pero que en raras ocasiones,conocemos sus nombres.Hoy le ha tocado a Geoffrey Rush.Excelente.
Un fuerte abrazo.
22 de Noviembre de 2008 a las 8:12 pm
Sobre todo, Francisco, aquellas caras que no pertenecen a esa cosa llamada “glamour” y que sin embargo sostienen con su buen hacer lo poco de cine que le queda a Hollywood.
Abrazos.