Globos de Oro 2012

Globos de Oro 2012

Faltaba aproximadamente un cuarto de hora para las cinco de la mañana cuando el equipo de The Artist al completo –incluido ese entrañable Jack Russell llamado Uggie- irrumpía en el escenario de los Globos de Oro. Certificaban así el triunfo de la cinta de Michel Hazanavicius (aunque éste no logró el premio a Mejor Director) después de haberse alzado con los premios a Mejor banda sonora para Ludovic Bource y Mejor Actor principal de comedia o musical para Jean Dujardin, el protagonista de una historia muda y en blanco y negro que se ha ganado –merecidamente- la simpatía de innumerables cinéfilos. Y es que, posee la nacionalidad francesa pero es un homenaje al cine norteamericano de finales de los 30, antes y después del crash que deja en la ruina a un tal George Valentin, una estrella de Hollywood que contempla cómo la llegada del sonoro acaba con su reinado. La perfecta excusa para hablarnos encomiablemente del amor, del orgullo, de la magia de un medio en expansión llamado a convertirse por derecho propio en arte. El Séptimo.

Antes habían sonado los nombres de Christopher Plummer, Globo de Oro a Mejor Actor de reparto por su entrañable papel en Beginners, una de las grandes sorpresas del curso pasado. Sin embargo, el foco estaba sobre una figura ajena a las nominaciones: Ricky Gervais repetía como presentador de una ceremonia tan interesante como explosiva. Al fin y al cabo, se esperaba la metralleta verbal y los chistes demoledores del mejor cómico inglés del nuevo siglo. Desgraciadamente, las expectativas no se cumplieron: plano y desprovisto de gracia, el showman besó la lona ante la reina del pop, o sea Madonna, quien no dudó en contestar a su ofensa con una rapidez que dejó en entredicho la calidad humorística de Gervais (al menos esa noche). Y así durante toda la retransmisión. Esperamos y esperamos hasta darnos por vencidos. El látigo no apareció. Pero fue una noche de grandes nombres. Series de alto calibre y las mejores cintas del año se daban cita en la antesala de los Oscar. Homeland ganó el premio a Mejor serie dramática, dejando en un segundo plano producciones –made in HBO-  como Boardwalk Empire y Juego de tronos. Su actriz protagonista, Claire Danes, hizo lo propio alzándose con el premio a Mejor Actriz de serie dramática. Y por fin, tras acumular varios Emmys,  la disparatada sit-com Modern Family ganó un Globo de Oro.

Para entonces ya se oían las primeras opiniones acerca de que estaba siendo una gala muy repartida, de esas que gustan por sus ínfulas democráticas pero que sólo contribuyen a engrandecer la pantomima de un circo despojado de ojo crítico y templanza. Es decir, seriedad. Resulta absurdo premiar (hablo de The Artist) a  una película con el máximo honor y eludir el trabajo de su cineasta, Michel Hazanavicius y de su guión (en esta categoría venció Woody Allen gracias a su notable comedia Midnight in Paris), toda una osadía en los tiempos que corren, donde la cartelera vive única y exclusivamente de las pelis sonoras, del músculo y de la pirotecnia. No hay obra maestra sin maestría en la dirección; tampoco brillantez sin la genial prosa del guión que narra imágenes, situaciones, sentimientos, risa, llanto, que te conmueve sí o sí. No hay coherencia –más allá de lo justo del propio hecho- en resarcir a Martin Scorsese haciéndole ganador por ese sincero homenaje (sí, este año es de la nostalgia) a Méliès en la adaptación de la imprescindible novela de Brian Selznick La invención de Hugo. Y por enésima vez, oímos aquello de “se lo debían”. Por supuesto, Martin Scorsese se lo merece. Es un maestro, hacedor de obras clave de la cinematografía universal: Malas calles, Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros, Casino, etcétera.

Y, sin embargo, no procedía. La noche discurrió entre momentos previsibles y gestos forzados. La otra gran triunfadora, Los descendientes, cumplió con su parte: George Clooney a Mejor Actor dramáticoMejor Película. Era muy tarde para los análisis. Twitter funcionaba a pleno rendimiento. Fans y mentes frías analizando cada segundo, recopilando anécdotas, satisfacciones y decepciones. Cine y televisión. Meryl Streep coronándose como la verdadera Dama de Hierro; Tintín –mejor filme de animación- y su flequillo enviándole recuerdos a Rango, una pieza de animación de culto emparentada con lo mejor del western. Así llegamos a las 5. Hora de irse  a la cama con una reflexión en mente: el crédito de los premios se deshace mientras unos cuantos pobres soñamos con Peppy Miller.

Deja tu opinión