La historia de Facebook por David Fincher
02 de Julio de 2009

David Fincher, uno de los directores de moda de Hollywood, habituado a grandes y pretenciosos proyectos que esconden mucho menos de lo que parece, ha declarado estar dispuesto a llevar al cine la historia de la red social Facebook, un invento de la Universidad de Harvard que con el tiempo se ha consolidado en el primer puesto del ranking de sitios de Internet especializados en interacción entre personas.
La película, titulada provisionalmente The Social Network, estará producida por Columbia Pictures, estudios que llevan años tras el proyecto, y contaría como guionista con el exitoso y controvertido Aaron Sorkin, creador de series tan célebres como El ala oeste de la Casa Blanca (aunque no le ha ido tan bien en cine). El argumento se centraría en el crecimiento desmesurado y meteórico a nivel universal de un invento nacido casi como una curiosidad, producto de la mente de un estudiante que lo diseñó en 2004 para un proyecto de fin de estudios y que ha alcanzado sólo cinco años después la cifra de doscientos millones de usuarios en todo el mundo.
Conociendo el cine de David Fincher, es fácil suponer que la película no se limitará a ser un panegírico de las bondades de las redes sociales de Internet ni tampoco un canto laudatorio al sueño americano en forma de poema épico y videoclipero a la autosuperación y al éxito fácil y rentable; por el contrario, probablemente, como en otros trabajos anteriores (Seven, Zodiac, The game) utilice la historia como pretexto para mirar en nuestra trastienda, sacar a la luz alguna que otra miseria humana y contarlo de manera eficiente y con cierto estilo. De su grado de megalomanía dependerá el resultado final, en la línea correcta de las anteriores o en lo meramente estético con un fondo pretenciosamente intelectual o sentimental pero vacío y vulgar en realidad como en El club de la lucha o El curioso caso de Benjamín Button.
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02 de Julio de 2009 a las 6:11 pm
Éste, compa Alfredo, me temo que es material “altamente inflamable”, y, en manos de Fincher, sencillamente pura dinamita. Pero habrá que esperar y ver, y no dejarse arrastrar por esos casi siempre inevitables prejuicios. Igual el buen hombre se marca una genialidad en toda regla, quién sabe…
Un abrazo.
02 de Julio de 2009 a las 10:12 pm
No creo que tan genial. Aquí se ha resumido muy bien: una línea correcta y otra pretenciosa. Yo agregaría la buena línea y la definitivamente mediocre. O dicho de otro modo:
Una por encargo (Alien 3)
Dos buenas (Seven y The Game)
Una irrregular, y pretenciosa (The Figth Club)
Dos correctas, pero aburridísimas (Zodiac y Button)
Una basura (The Panic Room)
Es un director que prometía mucho, pero la cuerda se le acabó hace rato y el truco siempre se le nota.
Saludos.
03 de Julio de 2009 a las 8:13 am
Bueno, Manuel, supongo que el compañero Gustavo ha telegrafiado muy llanamente lo que yo quería decir. Ojalá nos equivoquemos, pero me da que no.
Un abrazo.
Gustavo, no termino de estar del todo de acuerdo con la categorización que has hecho, pero son diferencias de matiz. Eso sí, estoy de acuerdo contigo en que su fórmula “novedosa” está más que renqueante.
Saludos.
03 de Julio de 2009 a las 4:01 pm
Aquí voy a discrepar con vosotros, compañeros, aunque la idea del proyecto me parezca absurda (y ya pueden resucitar a Welles o a Murnau que seguirá siendo igual de absurda, aunque entiendo que los productores hayan visto que si millones de personas necesitan tener una vida virtual quieran saber “cómo empezó”), Fincher me parece uno de los directores más interesantes del panorama actual, que se entrega a sus proyectos con una minuciosidad como pocos, además de haber cambiado el thriller de los ‘90 con Seven(haciendo que se imite su estética y estructura hasta la saciedad), nos ha dado también películas muy interesantes como “The game” (que sólo aguanta un visionado, vale), “el club de la lucha” y la, para mí, infravolarada “Zodiac”(tanto los créditos de esta como de Seven ya valen la entrada del cine), a la que muchos se acercaron esperando ver “Seven 2″, os invito a ver los extras del DVD de Zodiac para comprobar la forma de trabajar de Fincher y cómo se implica en sus películas. Espero que razone y este proyecto no siga adelante. Saludos.
03 de Julio de 2009 a las 6:06 pm
Estoy de acuerdo contigo en lo de Zodiac, Manuel. Con lo de Seven, no tanto, y desde luego El club de la lucha no me parece en absoluto reseñable.
Saludos.
05 de Julio de 2009 a las 5:24 am
A Fincher no lo definiría como megalomaníaco, sino como un talento artístico notable y uno de los más exquisitos artesanos de la historia del cine.
“El Club de la lucha” es para mí su obra maestra, única película redonda de las muchas de altísima calidad que ha realizado.
Siento diferir, compañeros.
05 de Julio de 2009 a las 9:57 am
Yo también lo siento, Manué. Te hago notar una “pequeña” exageración: “exquisito” e “historia del cine” en el mismo párrafo que David Fincher chirría a mil kilómetros.
Y sobre “El club de la lucha”, me parece de un pretencioso y de un saltarse a la torera las mínimas reglas del sentido dramático y narrativo del cine que no viene justificado ni por su calidad, ni por su historia, ni por ningún otro valor que compense semejante incongruencia, para más inri, deliberada. Eso, para empezar, claro.
Un saludo.
05 de Julio de 2009 a las 12:56 pm
Ante todo tengo que decir que así da gusto discutir. Con educación, contenido y reflexionando cada juicio. Contraataco:
En cuanto a Fincher, no me bajo del burro y te lo comparo sin miramientos con Hitchcock -por esa “exquisita artesanía”…- al igual que Gondry podría ser el nuevo Lumiere o P.T.Anderson la versión renovada del mismísimo Welles.
“El club de la lucha”, por otro lado, tiene una narración clásica hasta la ortodoxia. A saber:
1- Presentación (1h): Como el Lester de American Beauty o el Buxter de El apartamento, se presenta al héroe como un currante ahogado por su mediocridad (y a su némesis, Pitt, por todo lo contrario)
2- Nudo (1h): Crean un “Club de La Lucha” que extienden por todo el mundo hasta que se les va de las manos, recordando a Lawrence y su ejército árabe o al cocainómano de Henry Hill.
3- Desenlace (1/2h): El héroe descubre el pastel, acaba con el villano y recupera a la chica… (ejemplos, miles)
Para resaltar aun más su ortodoxia y sometimiento a las reglas del género -en este caso, la comedia- la película está narrada a ritmo de Screwball acelerado, enfatizando la Voz en Off al principio y al final -como está mandado- siempre justificada por el estado psicológico del protagonista.
La chica -que esconde su fragilidad bajo un aspecto de fuerza, masculinidad y autosuficiencia- recuerda a muchos de los papeles de Katharine Hepburn.
En resumen, lo único que pudiera considerar pretencioso es la brillante reinvención de efectos visuales (la inserción “subliminal” de fotogramas de Pitt, el polvazo virtual 3D..) y están más que justificados dado que la película la narra una mente insana con doble personalidad que nunca sabe con claridad ni lo que ve ni lo que hace. Scorsese, por citar un ejemplo, ya hizo algo parecido con las contínuas cámaras lentas subjetivas en Toro Salvaje. La imagen sometida a la historia.
Un saludo.
Manué
06 de Julio de 2009 a las 10:15 am
Uf, Manué, apuestas muy alto. Ni Fincher, ni Anderson (el que más me gusta de los que citas, con diferencia) ni mucho menos Gondry (uno de los mayores fraudes, junto con Wes Anderson, del cine reciente), han hecho todavía de su carrera algo que realmente los coloque a la altura de un Scorsese (en sus mejores tiempos, desaparecidos ya más de una década atrás), ni por supuesto, resultan ni siquiera comparables por aproximación a ninguno de los que citas, ni a Hitchcock ni mucho menos a Welles, ni tampoco, añado, a Murnau, ni mucho menos a Buñuel, verdadero y supremo, casi único, transmisor de ideas transgresoras.
Colocadas las palabras mayores en su sitio, voy al resto:
1. La presentación es tramposa: es el inicio de la manipulación en el espectador; dos personajes que son uno. Donde otros consiguen crear una sugerencia, una impresión, de que son dos personas diferentes siendo sólo una, Fincher manipula, que es diferente. Tanto como la diferencia entre lo tendencioso y lo engañoso.
2. La idea del club es ridícula en su propia concepción. Tan grande, tan extendido, tan poderoso, que todos o casi todos forman parte de él. Y sin embargo es tan poderoso y tiene tantos y tan poderosos miembros, que no puede lograr sus objetivos de otro modo. Pescadilla argumental que se muerde la cola. El cine no tiene que ser creíble, pero sí verosímil. Y esta idea no lo es.
3. El desenlace es el cierre de la manipulación y el quebrantamiento final de cualquier mínima regla narrativa. Los dos personajes que creíamos resulta que es solo uno: ¿qué ocurre con todas las escenas intermedias de la cinta en las que también son dos para el resto de los personajes? ¿Todos comparten la paranoia? ¿Todos son estúpidos? ¿Hay algo más ridículo que una pelea violenta con uno mismo? No se sostiene.
4. La voz en off se utiliza con abuso. El cine es un medio en que prima lo visual: si no puedes mostrar algo con imágenes mejor no lo muestres. El recurso de la voz en off ha de ser puntual y divulgativo, o como mucho explicativo de algún salto temporal o algún aspecto confuso; aquí Fincher, como es su costumbre, abusa de la verborrea (no verás ese defecto en Hitchcock, en Welles ni en ningún otro maestro).
5. La chica es un elemento meramente introducido como parte de ese engaño deliberado al público. Ella, o debería saber, que es una misma persona. Sin embargo, no se nos muestra así. En cuanto a tu comparación con Kate Hepburn, supongo que es irónica. No me la explico de otra forma. Hace falta algo más que un remoto parecido en el diseño de sus personajes para compararlas. Kate es probablemente la mejor actriz de todos los tiempos, o una de las mejores. La prueba de que Bonham-Carter no lo es está en ella misma.
6. Me remito a lo ya dicho en cuanto a la referencia a Scorsese. Éste puede sugerir, encauzar hacia un camino equivocado, pero nunca engaña. Por otro lado, la narración no es la introducción psicodélica en una “mente insana”, sino la utilización de ésta como coartada para meternos en una narración pretendidamente pseudofilosófica en la cual se corean tres o cuatro eslóganes políticamente incorrectos pero que se trata sin profundidad ni reflexión alguna; mero escaparate de efectismos que debajo no esconde sino una gigantesca nada.
Saludos.
08 de Julio de 2009 a las 5:20 pm
Me alegro mucho de que nos vayamos poniendo de acuerdo en varios de los asuntos tratados.
Coincidimos pues en que El Club de la lucha tiene una estructura clásica -o incluso aristotélica, con su presentación, nudo y desenlace-. También en que sus personajes son arquetípicos: Héroe, villano y una chica que es una revisión oscura de ese clásico personaje femenino que bordaba la Hepburn en los años 40 (Tracy Lord, Susan Vance…)
Y por supuesto coincidimos en que la comparación de Hepburn y Boham-Carter es ridícula -analizamos pues los personajes, nunca sus talentos personales-.
Lo que no comprendo es por qué dices que el desenlace es inconsistente. Si me lo comentases de Los Otros o Sospechosos Habituales te diría que a veces el espectáculo debe ir por delante de la coherencia de la historia. Pero es que en esta película hay tantas escenas específicamente diseñadas para resaltar que sólo hay un personaje -que se cree dos- que no cabe ni un ápice de inconsistencia. En la relación con la chica incluso se enfatiza este hecho en exceso.
Por otro lado, tu crítica a la manipulación en el cine me deja confuso… ¿deberíamos pues sepultar El Crepúsculo de los dioses por estar narrado por un personaje muerto? ¿qué haríamos con Vértigo y sus dos Kim Novaks? ¿y con el fantástico twist final de Simón del desierto?
Sí que estamos más en la misma línea con el abuso actual que se hace de la voz en off o voice over… Pero hay excepciones, no sólo justificadas, sino totalmente necesarias porque no van dirigidas a explicar la historia sino a enriquecerla. Ésta es uno de los casos. Otros podrían ser Uno de los nuestros (Scorsese), Matrimonio a la italiana (De Sica) o Adaptation (Jonze)
Finalmente me insistes en pretensiones “pseudofilosóficas” y de fallidas “reflexiones profundas” donde yo veo una comedia gamberra narrada vertiginosamente y con una maestría impecable. La película no finaliza con un cielo gris en blanco y negro. Acaba con el primer plano de una polla.
Saludos y gracias por la paciencia invertida en leerme.
Manué
08 de Julio de 2009 a las 5:31 pm
Sí Manué, estructura clásica y personajes arquetípicos. Y también malos.
Por otro lado, la inconsistencia es tan evidente que me llama la atención que la niegues. No se sostiene, no ya por la voluntad de engaño al público, sino en la propia relación entre ellos, de ser uno. Repito, no se trata de un personaje que únicamente sea visto por otro y por nadie más. Se trata de dos personajes claramente identificados como dos personajes por otros personajes de la película. La ruptura de la mínima consistencia es clara. En ese sentido, cualquier comparación con los clásicos que citas es ociosa. Cuando hablo de manipulación no hablo de punto de vista: hablo de esconder, tergiversar u omitir pasajes clave de los que se está contando en aras de una sorpresa final con finalidad puramente efectista. Y eso y no otra cosa es “El club de la lucha”.
Finalmente, a mí no me parece ni comedia, ni gamberra ni magistral ni impecable. Y el uso de una serie de frases grandilocuentes para justificar el despropósito de la trama, tipo “generación producto de la pérdida de valores de occidente” y todas esas peroratas que vomita el personaje de Pitt me invita más a pensar en la pretenciosidad que en la deliberada intención de ofrecer una comedia de entretenimiento intelectual. Hollywood jamás ha comprado eso. No lo iba a hacer ahora.
Saludos, y muchas gracias a ti.
08 de Julio de 2009 a las 7:13 pm
Te doy la razón en cuanto a cómo Hollywood intentó posicionar su producto. Y posiblemente lo logró -tanto para fans como para detractores-.
Lo de la manipulación, insisto, está diseñada con total consistencia y me remito a un larguísimo puñado de escenas… Imagínate que ni siquiera existen dos nombres diferentes: Los dos se llaman Tyler Durden.
Un fuerte abrazo y, como siempre, un placer comentar con vosotros.
Manué
PD Con gente inteligente que adora el cine siempre será productivo discutir puntos opuesto de vista.
09 de Julio de 2009 a las 9:37 am
Pues sí, Manué, aunque sea por la escasez de oportunidades para mantener debates inteligentes vale la pena discutir, pacíficamente, por supuesto. A ver qué me invento ahora para generar otra polémica…
Un abrazo.
11 de Julio de 2009 a las 1:31 am
Buena discusión. Yo pensaba que el Club de la Pelea era una obra maestra, pero ahora no estoy tan seguro.
11 de Julio de 2009 a las 1:34 am
Muy buena la crítica de 39escalones, pero es una lástima que no sea más elegante y menos obvia. A mí me parece demasiado sincera y evidente. Y por tanto despreciable desde el punto de vista estético.
11 de Julio de 2009 a las 9:36 am
Miguel Antonio, ya siento no parecerte elegante y decir cosas de perogrullo. Pero a eso tengo dos objeciones: primera, no serán tan de perogrullo cuando tú mismo decías considerar esto como una obra maestra, calificativo que le queda grande por los cuatro costados. Y segundo: escribí la crítica vestido de frac. ¿Qué hay más elegante que eso?
Fuera de bromas, a mí la película me resulta pretenciosa y fallida precisamente por eso, por lo superficial, banal y simple que resulta cuando pretende hurgar en algo más que en su estética videoclipera. Aparte de mis objeciones, obvias, acerca de estilo y quebrantamiento de la mínima regla dramática. A ti te parece obvio, a mí fundamental.
11 de Julio de 2009 a las 10:22 am
Ah, y por cierto, Manué, el personaje de Norton no se llama Tyler como el de Pitt, sino Jack. El engaño al público está servido.
11 de Julio de 2009 a las 1:47 pm
Esta nueva fase del blog, criticando las críticas, comienza a ser -amén de paradójico- un poco neurótico. Buena idea para el siguiente guión de Charlie Kauffman -cuya Sinecdoque NY estoy revisando por tercera vez-.
39 escalones:
Creo que te equivocas con lo del nombre. Jack es un personaje ficiticio de una revista que lee Norton -cuyos órganos escriben en primera persona..”soy el húmero roto de Jack”-. Y luego juegan con esa gracia. Pero el personaje de Norton no tiene otro nombre que Tyler Durden y utiliza psudónimos todo el tiempo -haciendo referencias a otros personajes (Travis de Taxi Driver, Rupert de El rey de la comedia o Cornelius del Planeta de los simios)-.
11 de Julio de 2009 a las 10:17 pm
Creo que se me ha malinterpretado. No estoy questionando la excelente crítica de 39escalones, sólo estoy diciendo que resulta ofensiva y cortante por la forma como esta escrita.
Es posible ser digno y decir lo que se piensa, sin necesidad de rebajarse tanto.
12 de Julio de 2009 a las 10:41 am
Manué, tomo nota. Pero, ¿no te parece que el personaje, en ese caso, debería saber cómo se llama y sorprenderse, si no llevarse un shock, al conocer a alguien que se llama igual que él? ¿Y qué ocurre con el resto de personajes? ¿Qué pasa cuando ven dos que luego es uno? No me lo trago.
Y no se trata de una nueva fase crítica, simplemente de aportar más argumentos.
Miguel Antonio, ¿ofensiva y cortante? ¿Para Fincher? ¿Para usted? ¿Para aquellos a quienes le guste el cine de Fincher? ¿Rebajarse? Revise sus criterios, creo que se equivoca si aquí espera encontrar la ambigüedad deliberada y políticamente correcta de los medios que por intereses corporativos se ven obligados a contemporizar con las empresas o el gusto de sus lectores. Aquí no se critican gustos, sino productos.
12 de Julio de 2009 a las 12:55 pm
Los demás personajes NO ven a dos personas, para ellos es el mismo, se vé en momentos como cuando Marla está en la casa y Tyler-Brad le dice a Tyler-Edward que no le diga nada de él, o como cuando le pregunta si la noche anterior se acostaron, Tyler-Brad es un modelo para Tyler-Edward, en todos los sentidos, además se va embruteciendo cada vez más, no sólo en sus acciones sino también en su aspecto.
He seguido la conversación y a mí sí me parece una película clave en el cine de los ‘90, quizás tenga escenas demasiado videocliperas, pero es el estilo que debe tener, desde luego no se le puede acusar de que falle el ritmo…
Saludos.
13 de Julio de 2009 a las 10:20 am
Manuel, vuelve a verla. La dilogía de personajes no se sostiene y está montada, no sobre una sugestión o una omisión de puntos de vista, tramposa pero legítima, sino sobre un engaño, una manipulación burda. ¿Comparte o no Pitt escenas con otros personajes, interacciona o no con ellos? ¿Es ridículo o no que un personaje pelee consigo mismo? A mí me parece una estupidez como un templo. Tú mismo lo dices: incluso tiene que preguntar si se acostaron o no.
Por otro lado es pronto para decir si algo es o no clave en una década en un arte que tiene más de cien años; no sabemos por dónde van a andar los tiros. Además, solemos atribuir etiquetas gratuitamente tachando de geniales cosas que llevaban haciéndose cuarenta años (valga el ejemplo de Tarantino, que se supone que marcó el cine de los noventa plagiando a directores de los cincuenta y los sesenta). Lo que sí sabemos es que las buenas críticas no hablan del guión como algo positivo, y que las malas críticas se ceban en él como un argumento disparatado, superficial y lleno de trampas y parches.
Un saludo.
14 de Julio de 2009 a las 1:12 am
Los otros personajes no ven a Brad Pitt, sólo a Edward Norton, cuyo alter-ego creado por él mismo es Brad Pitt, y más que ridículo que un personaje pelee consigo mismo (tan sólo cuando pelean fuera del bar, después no vuelven a coincidir en combate)es propio de alguien que no está bien de la cabeza. Y diría que ya se puede decir que Seven, La lista de Schindler o El silencio de los corderos marcaron el cine de los ‘90 sin temor a caer en un sinsentido. En cualquier caso, como dice mi tocayo Manué, siempre es un placer debatir con alguien con educación y que sabe de lo que habla.
Saludos.
14 de Julio de 2009 a las 8:20 am
No me cabe ninguna duda, Manuel, de que la intención de Fincher es la que comentas, que Pitt sea una especie de Bruce Willis en “El sexto sentido” y que nadie lo vea excepto Norton. Pero una cosa es la intención y otra cómo se traslada. Tú mismo lo has dicho: ¿y ella? ¿Tampoco lo ve? ¿Con quién se acuesta mientras Norton rumia fuera? ¿Con el “otro Norton”? No se sostiene la dilogía, principalmente porque la dupla de personajes no está creada por una necesidad narrativa, porque se precise para el mensaje de la cinta, si es que lo tiene más allá de tres o cuatro eslóganes superficiales, sino que está creada desde el inicio con la finalidad de sorprender al espectador. La meticulosidad con la que, sobre todo en escenas grupales, Pitt queda al margen de los demás personajes (excepto ella) no viene apoyada por la construcción de ellos mismos. Es decir, que física o visualmente se puede apoyar esta postura, pero no viene apoyada por la evolución psicológica de los personajes ni por sus relaciones entre ellos, en las cuales Pitt es un personaje más sin ninguna diferencia. Insisto, lo que sería cuestión de percepción sugerida como en el caso de la cinta de Shyamalan, aquí es un engaño dado que en momentos clave, como con la chica, no hay un único personaje, sino dos. En cambio la tesis del engaño se sustenta en la cuestión básica del punto de vista: ¿por qué si para todos los personajes Tyler sólo es uno, Norton, el espectador ha de verlo como si fueran dos? Precisamente por el ánimo de engañar y manipular, y no por una necesidad de la historia. Ahí, además de en lo absurdo y banal de las ideas planteadas en un guión que quiere ser mucho más de lo que es, es donde radican las debilidades de una cinta que se cae por su propio peso, que sólo es estética.
En cualquier caso, me congratulo como vosotros de poder charlar sin exabruptos defendiendo cada uno su opinión, respetable y válida por supuesto.
Saludos.
14 de Julio de 2009 a las 8:32 am
Ah, otra cosa, con perdón. En cuanto al cine que ha marcado los noventa: ¿por qué “Seven”, “La lista de Schindler” o “El silencio de los corderos” y no otra cualquiera? Por una cuestión de marketing, de repercusión mediática, nada más. Ninguna de las tres innova en el tratamiento del tema ni en la estética, ni en la forma ni en el fondo más allá de alguna pincelada suelta tipo final sorpresa, en el caso de Fincher, que tampoco es nueva. ¿Por qué las considera mucha gente -yo no- referencia de los noventa y no el cine de Hong Kong o Corea, o las películas de Takeshi Kitano o Jim Jarmusch, por ejemplo? Por lo mismo que comentaba en el tema Tarantino: por el desconocimiento en algunos casos, o la tendenciosa obviedad en otros, de que son historias ya contadas muchas veces siguiendo los mismos cánones y, en muchos casos, incluso mejor contadas, y, sobre todo, por la incluencia del money y de la publicidad. Sería muy largo argumentar por qué precisamente las tres películas que comentas no me parecen referencia de nada, y proponer una alternativa del cine que para mí sí ha marcado los noventa, o incluso marca el siglo XXI, así que mejor lo dejo.
Pero repito, un gusto poder intercambiar puntos de vista.
14 de Julio de 2009 a las 3:40 pm
Siento volver a discrepar con muchas de las afirmaciones…
Pero antes quería agradecerle a mi tocayo, Manuel, que haya seguido peleando en favor de “El Club de la Lucha” y, sobretodo, que tenga la valentía suficiente como para defender la calidad de muchas películas que, por ser rentables, se tienden a subvalorar. Como si el éxito comercial fuese un atenuante de la calidad…
Hablar de referencias de una década me parece también demasiado largo de argumentar. No obstante tengo que darle parte de razón a Manuel en el sentido de que las películas que cita se han intentado imitar hasta la saciedad -y por ello han marcado una tendencia-. En especial la temática serial killer o la fantástica fotografía de Kaminsky y Khondji.
14 de Julio de 2009 a las 5:46 pm
Dos contra uno “no se vale”…
Es que, Manué, precisamente lo que señalas en tu segundo párrafo es mi principal objeción al argumento: “se han intentado imitar hasta la saciedad”. Pero, ¿acaso no imitaban ellas, en algunos momentos fusilaban directamente, películas anteriores “ignoradas” u “olvidadas” por el público de cierta edad o por la publicidad interesada? La respuesta está clara, basta con ver las tres películas. ¿Por qué rechazamos darle valor a las imitadoras de estas tres y sin embargo reconocemos en su imitación de otras obras algo a recuperar? Yo no lo veo, desde luego. El haber marcado tendencia habrá que atribuírselo a los modelos que han inspirado a estas tres películas, de lo más evidentes, por cierto.
En cuanto a la subvaloración del cine rentable, a mí me tiene sin cuidado que dé réditos o no. Lo que me importa es que se pretenda colar como genialidad lo que no es más que una pose que, en último término, pretendiendo ir de otra cosa, no es más que cine comercial plano y superficial cuyas pretendidas virtudes son defectos capitales. No hay obras apreciables sin un buen guión, y “El club de la lucha” no lo tiene.
14 de Julio de 2009 a las 10:02 pm
Cedo en exclusiva la guerra por “El club de la lucha” a mi tocayo Manuel y aprovecho para coincidir contigo en todo lo que has dicho en este último comentario. O casi.
No sé quién dijo que la originalidad consistía en volver a los orígenes. Yo mismo intento hacer cine y lo único que hago es marear un puñado de ideas de otras películas.
Pero es que ahí es donde reside la calidad de “La lista de Schindler” o “Seven”. Han sabido mezclar con sabia exquisitez -formal y de contenido- lo que otros habían inventado antes. Lo valiente es admitir que no están innovando pero que, en numerosas ocasiones, han logrado superar a los propios maestros a los que copian.
Hay que joderse… ¡es que sólo Keaton ya nos dejó casi sin posibilidad de inventar nada nuevo!
15 de Julio de 2009 a las 1:08 am
39 escalones, es cierto que el marketing influye mucho (que nos lo digan los responsables de “crepúsculo”…) pero puse películas que han quedado en el imaginario colectivo más allá de la labor de promoción, en ese momento fueron las que se me vinieron a la cabeza, igual que podría haber puesto “happy together”(en esta estarás de acuerdo conmigo, no?;)) o “Akira”(me huelo que de aquí sale otro debate, jajaja).
Imitación en el arte? quién es el original? dónde está la frontera entre el plagio y la “referencia” u homenaje? porque entonces también podemos decir que Ridley Scott copió a Hopper para la fotografía de Blade Runner. Tarantino, más que plagiador, me parece un tío que sabe mezclar sus referencias, su educación sentimental, sus profundos conocimientos de cine (sobre todo bizarro) como nadie, particularmente ya estoy deseando ver “inglorious bastards”.
Tocayo, sigue defendiendo a Fincher, hombre!
Además coincido contigo en lo de Seven: coge el tópico de poli blanco/poli negro, novato/veterano, reflexivo/impulsivo para crear dos personajes que se complementan a la perfección (sólo quitaría la escena en la que Gwyneth Paltrow le llora a Morgan Freeman).
Estoy viendo que al final acabamos hablando de Fincher con unas birras por delante. Os mando una virtual a cada uno. Saludos!
15 de Julio de 2009 a las 8:39 am
Ahí te doy la razón, Manué, y apoyo en parte (por estética, no por contenido) el comentario en lo que se refiere a “Seven” (pero no en cuanto a Spielberg). Pero para mí hay un salto entre reconocer eso y decir que tal o cual han marcado una década o una moda. Palabras mayores.
En narrativa, de cualquier tipo, no existen más que cuatro historias eternamente repetidas, es un hecho. La cuestión radica en el orden, en la forma, en el matiz. Es el único terreno abierto a la innovación. La cuestión es si las innovaciones son tales, por un lado, y por otro, si al reconocerse como tales (lo cual es distinto) hay mayor o menor fundamento para ello, hasta dónde es realidad, hasta dónde ligereza y hasta dónde inducción interesada.
Correcto, Manuel, es precisamente lo que quería decir: ¿por qué no “Happy together” o “Akira” (en esta no hay polémica)? Generalmente lo que queda en el imaginario no lo decide el público, sino que se le induce. Por otro lado, convendrás conmigo en que el reconocimiento en torno a, por ejemplo, “La lista de Schindler” no es unánime ni mucho menos.
El tema de la frontera entre referencia, homenaje y copia es muy interesante, casi como el interminable debate de las adaptaciones literarias (antes que Scott, Hitchcock ya elevó a Hopper a categoría de pintor de planos cinematográficos), y ahí es donde radica la labor del comentarista o “crítico” (palabra que no me gusta nada), en reconocer, aplaudir o relativizar el producto en función, entre otras muchas cosas, no de su gusto personal, que creo que a nadie le importa excepto a él, sino, en este caso, del concepto de innovación, discerniendo lo que es y lo que no es tal, y argumentando si ésta, de existir, es o no positiva. Vivimos en uua época en la se santifican cineastas constantemente, y en muy poquitos casos los agraciados ofrecen realmente algo nuevo o digno de tal calificativo. Pensemos que si a Tarantino, Fincher o Spielberg les llamamos genios, ¿qué tendríamos que llamar a Buñuel, Murnau, Lang o Welles?
Venga esas birras…
Saludos.