Las damas de Hitchcock, de nuevo Donald Spoto se acerca al genio
14 de Diciembre de 2008

Donald Spoto se acerca de nuevo a la figura de Alfred Hitchcock tras los trabajos críticos de su obra y su magnífica biografía (La cara oculta del genio) para adentrarse esta vez en uno de los aspectos más oscuros y controvertidos del mago del suspense: su presunta misoginia y su tratamiento enfermizo y obsesivo de la mujer, tanto en sus películas como en la vida real. Echando mano de fuentes directas, Spoto no se limita a analizar el comportamiento del director, sino que presenta con un rico anecdotario y una recopilación de fenómenos sorprendentes e inquietantes a las contradicciones y dramas de unas actrices que aceptaban mucho más allá de lo aceptable con tal de consagrar sus carreras trabajando con un genio.
El punto de partida del autor son las permanentes referencias de Hitchcock a sus actrices en la famosa entrevista convertida en libro por François Truffaut, que Spoto interpreta en la mayoría de las ocasiones como indiferentes y hostiles, incluso para sus musas Ingrid Bergman o Grace Kelly, y también, las deliberadas omisiones (no se sabe si por parte del director inglés o de su entrevistador francés a la hora de compilar en un libro los cientos de horas de grabación) y que responde una vez más a su habitual laconismo cuando se refería al trabajo de sus actrices (famosa es la anécdota con Doris Day en El hombre que sabía demasiado: tuvo que amenazarle con abandonar el rodaje para que él hiciera algún comentario aprobatorio, tibio e impersonal, sobre su actuación), atribuyendo el mérito de sus interpretaciones a la calidad de la fotografía de sus planos.
Con el estilo ameno habitual, Spoto hace una vez más alarde de su profunda erudición hitchcockiana en el reflejo de uno de los aspectos más controvertidos del personaje, si bien a veces rozando lo demagógico (las quejas entorno al presunto maltrato recibido por Madeleine Carroll en el rodaje de 39 escalones al tener que ir esposada gran parte de los rodajes; omite deliberadamente que el actor Robert Donat también iba esposado y que la acción correspondía a la trama de la película), a veces tristemente acertado en la descripción real de los hechos (el acoso artístico y sexual al que sometió a Tippi Hedren, por ejemplo) pero en conjunto dando una nueva visión sobre el genio que permite apreciar una vez más las estrechas relaciones entre arte y vida que cualquier interesado en el cine no debe despreciar.
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14 de Diciembre de 2008 a las 1:21 pm
Magnífica reseña,Alfredo.Tengo este libro en una edición antigüa y que leí hace tiempo.Alfred Hitchcock,como Buñuel,Fellini,Ford y tantos otros grandes genios,son inabarcables,irónicos,embusteros,inmensamente inteligentes,laberínticos,geniales,oscuros e iluminados,en fin,que uno lee con pasión libros como los de Spoto.
Un fuerte abrazo.
16 de Diciembre de 2008 a las 11:07 am
Gracias, Francisco. Probablemente sea Hitchcock el director que más papel ha producido en el mundo del ensayo cinematográfico, generalmente de manera incompleta y mediocre. No es el caso de Spoto, que combina rigor con crítica, afecto con animadversión, amenidad con amplísima documentación. Todos los libros de Spoto son una delicia que se disfruta plenamente.
Abrazos.
19 de Enero de 2009 a las 11:36 am
[...] Una semana después del fallecimiento del director, en abril de 1980, una convención internacional celebrada en Roma rindió homenaje a Hitchcock a lo largo de tres días de conferencias, mesas redondas y entrevistas que habían sido programadas con meses de antelación. Entre los homenajeados que intervinieron figuraban Tippi Hdren, Farley granger, Ernest Lehman, Peggy Robertson y el autor de este libro. La mañana del 6 de mayo, mientras se dirigían desde el hotel de Ville hacia el Parco dei Principi para una rueda de prensa, Peggy se volvió hacia Tippi y le dio: “¿Sabes? Al final, no consiguió doblegarte”. Comentario en el blog Cinissimo [...]