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Porque la presencia física, con su metro noventa y tres, su nariz grande y su corpulencia, es la mayor virtud de este actor irlandés de nombre William John Neeson y que, si bien desde la segunda fila del star-system, es una presencia habitual y reconocible en el cine de Hollywood. Hijo de un portero de colegio y de una cocinera de instituto, fue un niño católico en una ciudad de Irlanda del Norte de mayoría protestante, lo que desde el principio le colocó en una posición de rebeldía y de lucha interior constante que le ha servido en ocasiones para caracterizar a sus personajes. Campeón juvenil de los pesos pesados en tres ocasiones, desde muy pronto Liam combinó la actuación en festivales teatrales con el deporte del boxeo, optando finalmente por abandonar este último para estudiar la carrera de maestro antes de dar el salto a la interpretación.

Con una amplia experiencia teatral durante los setenta interpretó su primer papel en el cine con sólo veinte años, en 1973, y nada menos que interpretando a Jesucristo en un film religioso. El teatro le llevó a Londres y de ahí a su primer papel relevante en el cine como Sir Gawain en la magnífica epopeya artúrica Excalibur, de John Boorman (1981). A partir de ahí y tras participar en Motín a bordo (1984), revisitación de la famosa peripecia del Bounty con un fantástico elenco de actores británicos (Anthony Hopkins, Laurence Olivier, Edward Fox, Daniel Day-Lewis, entre otros como Mel Gibson) desarrolló una prolífica carrera como actor de reparto en producciones de Hollywood de todo tipo, destacando sus personajes de La Misión (Roland Joffé, 1986) o Sospechoso (Peter Yates, 1987), y con curiosidades como su interpretación de un cineasta gore investigado por Clint Eastwood en los últimos estertores de la saga de Harry el Sucio. En 1990 entrará de lleno en el cine comercial interpretando para Sam Raimi al superhéroe Darkman y en 1992, además de trabajar en un pequeño papel con Woody Allen en Maridos y mujeres, será en la intrascendente Resplandor en la oscuridad, protagonizada por Melanie Griffith y Michael Douglas, y en la que interpreta a un oficial nazi, es donde su carrera dará un giro completamente inesperado.

Porque Steven Spielberg se fijará en aquel oficial en la búsqueda de un actor que interprete a Oskar Schindler en La lista de Schindler (1993), momento de su consagración y de su consideración como actor protagonista en proyectos como Rob Roy y Michael Collins, por el que ganó la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia de 1996, a los que seguirían Los miserables o la recuperación de la saga Star Wars con La amenaza fantasma (1999). Pero su consagración y su dedicación al cine comercial en vez de proporcionarle mejores personajes en mejores proyectos, le han ido volviendo a relegar a su puesto de secundario de lujo en películas mediocres o al de protagonista en cintas aún más modestas: The haunting, K-19, su diminuto papel en Gangs of New York, de Martin Scorsese, su aparición en la comedieta Love actually o su presencia en proyectos puramente comerciales como El reino de los cielos de Ridley Scott o Batman begins de Christopher Nolan.

Con Kinsey (2004), en la que interpreta al famoso sexólogo que revolucionó a los norteamericanos con sus desinhibidos estudios sobre sexo, intentó volver a un tipo de cine más elaborado y profundo, lo cual espera conseguir poniéndose en la piel de Abraham Lincoln en la película que se estrenará en 2010, de nuevo bajo las órdenes de Steven Spielberg.



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