‘Quills’, Geoffrey Rush, Marqués de Sade que seduce a Kate Winslet
25 de Julio de 2008

El acercamiento que Philip Kaufman realizó en 2000 a la controvertida figura del Marqués de Sade resulta un drama de época un tanto frÃo, sombrÃo, oscuro y desapasionado, aunque formalmente digno y narrativamente más que aceptable, sobre todo en cuanto al juego psicológico a cuatro bandas que plantea la historia. Kaufman no viaja a la época de esplendor de Sade tan bien retratada por Gonzalo Suárez en su novela Ciudadano Sade, de prisión en prisión a consecuencia de su habitual y libertina forma de comportamiento, del que hacÃa partÃcipe a sus criados, amigos y toda dama que cayera en su área de influencia, sino en su época de decadencia durante el Imperio de Bonaparte, encerrado en el asilo de Charenton para deficientes mentales y criminales peligrosos. Allà Sade (excepcional, como casi siempre, Geoffrey Rush), que de deficiente mental, al menos en la acepción vulgar, no tiene nada, se dedica a seguir adelante con sus obsesiones y manÃas, dando a luz escritos e intentando pervertir a todo aquel que cae en sus redes, como la joven Madeleine (Kate Winslet), una lavandera de la casa, que sufre al mismo tiempo atracción y repulsión por el siniestro personaje, o el Abate Coulmier (Joaquin Phoenix, correctÃsimo, como siempre), un joven clérigo que padece igualmente las ambigüedades y dardos inmorales del marqués y que poco a poco es conducido a su mundo corrupto, con Madeleine como objeto de deseo. Sin embargo, lo que no pasa de ser una partida dentro del juego de los deseos insatisfechos cobra una dimensión de guerra mental irreversible cuando Napoleón, harto de la irreductible personalidad de Sade, que aun encerrado persiste en publicar sus libelos insultantes y llenos de procacidades, envÃa a un célebre doctor (Michael Caine) para meterlo en cintura. La rebeldÃa de Sade será total, la guerra sin cuartel, y todos se verán afectados de un modo u otro.
De magnÃfica ambientación, con una puesta en escena un tanto lúgubre, como por otra parte debÃa corresponder a un psiquiátrico del siglo XVIII, la pelÃcula es un buen ejercicio de lucha psicológica, excelentemente interpretado (quizá el punto más débil sea Winslet) y que realiza una fiel aproximación a los últimos años de un personaje que, como Sade, permanece en el imaginario colectivo. Si bien el resultado final no pasa de ser un mero drama entretenido y sin aportar demasiado, tampoco chirrÃa en exceso ni se dan las tÃpicas incongruencias del cine norteamericano cuando retrata realidades de un pasado ajeno.
Título: Quills
Año: 2000
Duración: 120 minutos
País: Estados Unidos
Director: Philip Kaufman
Reparto: Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Michael Caine
Guión: Doug Wright
Música: Stephen Warbeck
Fotografía: Rogier Stoffiers
Producción: 20th Century Fox (Searchlight)
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25 de Julio de 2008 a las 1:23 pm
Hoy tocas un tema la mar de interesante Alfredo.Como buen amante de Buñuel y del surrealismo,no pude evitar, hace ya algunos años,de agenciarme las obras del divino Marqués,que por cierto,según que libros,son de difÃcil adquisición.También pude leer una biografÃa magnÃfica que en estos momentos no recuerdo el nombre de su autor,pero si te interesa me lo dices.
Hay una cierta confusión respecto al marqués.Su vida real no fue sadiana para nada,sino todo lo contrario,fue vÃctima de su tiempo y de las maquinaciones de su suegra,de los bien pensantes y del terror.Fue el primero en admitir que iba en contra de la pena de muerte y tan solo el olor de la samgre que desprendÃa la hoja de la guillotina le ponÃa enfermo.Fue encerrado en la Bastilla injustamente.En la época del terror le pusieron de juez y fue vuelto a encarcelar por ser demasiado justo.Su última etapa en el manicomio de Charenton es digno de recordar.
No existe una verdadera pelÃcula que haga honor al divino Marqués,confundiendo su vida con su obra.Todos los crÃmenes que cometió los cometió en su imaginación,en su obra.Lo que hizo en la vida real,hoy merecerÃa unas simples multas.Su obra literaria es repetitiva pero no deja de ser un monumento de entomologÃa humana que no ha perdido vigencia.Aunar ambas cosas es el reto de la espera de que un gran director nos regale la gran pelÃcula de un periódo histórico denominado la era de la razón.
Perdona este coñazo de comentario Alfredo,pero creo que hago justicia no sólo a un hombre,sino a la libertad humana.
Un fuerte abrazo,amigo.
25 de Julio de 2008 a las 5:44 pm
Es cierto, Francisco. El personaje ha superado a la persona en la memoria colectiva (incluso para Buñuel, recuerda cómo lo retrata brevemente en “La edad de oro”, muy parecido a Jesucristo, mientras sus fieles salen por el puente levadizo del castillo). Evidentemente, pueden más sus aspectos morbosos que aquellos realmente históricos. Por ejemplo, en la pelÃcula al parecer Napoleón quiere conseguir su rehabilitación o muerte por el aspecto inmoral de sus obras. Puede que ello pesara, pero sin duda le importaba más su mentalidad ilustrada y sus crÃticas polÃticas que sus aficiones de alcoba (muchas de ellas compartidas con el pequeño general, por cierto).
Excelente aportación, como siempre.
Abrazos