‘Saraband’, la rendición de Ingmar Bergman
04 de Marzo de 2008

Rodada en vÃdeo digital, Bergman incumplió su palabra de dejar el cine para ofrecernos en 2003 una última maravilla, su testamento definitivo sobre el alma humana y los traumas, tormentos, silencios, anhelos, deseos, sueños, rencores, temores y odios que, junto a la búsqueda inútil de la trascendencia y de lo divino, esconde el espÃritu de un hombre que se acerca a la muerte. Bergman, más que nunca, se desnuda sin pudor ni recato ante el público en lo que constituye una magistral despedida.
Contada en diez episodios con prólogo y epÃlogo, cuenta la visita que Marianne (espléndida Liv Ullmann) realiza a su antiguo marido, Johan (genial Erland Josephson, que se reencuentra con Ullmann tras Secretos de un matrimonio), del que se divorció décadas atrás. Marianne asiste como espectadora a las difÃciles relaciones de Johan con Henrik, su hijo de un matrimonio posterior, y Karin, su nieta. Con estos cuatro personajes magnÃficamente interpretados, Bergman habla de la incomunicación, del ansia de posesión, del odio entre seres queridos y la imposibilidad del amor pleno. Pone sobre la mesa, de forma desesperanzada, los rencores, miserias y humillaciones (incluyendo perversidades como el incesto) que presiden las relaciones humanas, donde no cabe el perdón ni la piedad, donde reinan la tristeza, la culpabilidad y la amargura.
Bergman da un recital visual en el modo en que, con breves primeros planos, logra captar de forma eficaz las reacciones anÃmicas de los personajes, da la vuelta a sus máscaras y refleja la verdad de sus sentimientos ante el espectador, que asiste a la propia identificación del genio sueco con todos esos complejos dibujados en los rostros como plasmación del misterio de sus almas atribuladas.
PelÃcula desnuda, de escenografÃa mÃnima cercana a lo teatral, con diálogos punzantes, de guión soberbio, Bergman deposita sus últimos resquicios de optimismo en la juventud, en la estudiante de violoncelo que busca su futuro lejos de todo, en el anhelo de una felicidad y una paz interior que los demás personajes (y el propio director) no han encontrado. Bergman vuelve a los temas que siempre le han obsesionado y muestra su propia frustración a las puertas de la muerte, dándose por vencido y reconociendo lo infructuoso de esa búsqueda, resignado, apagado.
Título: Saraband
Año: 2003
Duración: 120 minutos
País: Suecia
Director: Ingmar Bergman
Reparto: Liv Ullmann, Erland Josephson, Börje Ahlstedt, Julia Dufvenius
Guión: Ingmar Bergman
Música: Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms
Fotografía: Stefan Eriksson, Jesper Holmström
Producción: Sveriges Television
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04 de Marzo de 2008 a las 12:16 pm
MagnÃfica despedida del maestro Bergman,y,además por doble partida,porque el maestro de Bergman fue Carl Dreyer,y esta pelÃcula es la más dreyeriana de todas.
Un saludo.
04 de Marzo de 2008 a las 12:33 pm
Asà es, Francisco, se ve a Dreyer por todas partes, y también la influencia que ambos recibieron de Hammershoi.
Un abrazo.
04 de Marzo de 2008 a las 7:42 pm
[…] como todos, pero el no poder encontrarlas le genera frustración. Por eso en el post de “Saraband” hablaba de su rendición, porque se declara finalmente incapaz de aclarar sus dudas y se […]