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Holly Hunter, otra actriz damnificada por cumplir años

La excelente actriz Holly Hunter es otra de las solventes intérpretes confinadas en la televisión o en horripilante mundo de los telefilmes debido a la escasez de papeles existente en el cine norteamericano para las mujeres de cierta edad que aspiran a personajes de entidad, dotados de una carga emotiva o psicológica importantes, y que son continuamente desplazadas por las “actrices florero” que venden sexo enlatado. Hunter, sin embargo, sigue dando muestras de su calidad en los proyectos televisivos que emprende y ya ha obtenido dos premios Emmy, los “Oscar” de la televisión.

Nacida en Georgia, emigró a Hollywood tras un periplo teatral en Nueva York fruto de un encuentro casual con un productor de teatro en un ascensor averiado. Tras cinco años mendigando pequeños papeles en producciones mediocres, debutó como protagonista en 1987 en Arizona Baby de los hermanos Coen junto a Nicolas Cage y John Goodman. El mismo año entró en la aristocracia de Hollywood por su nominación al Oscar por Al filo de la noticia (Broadcast news), de James L. Brooks, junto a William Hurt, premio que conseguiría en 1993 por su interpretación de una pianista muda casada por poderes que viaja para encontrarse con su esposo en El piano, de Jane Campion, junto a Harvey Keitel y Sam Neil, en la que ella misma interpretaba las piezas musicales, y al que sumaría en esa misma edición su candidatura como actriz de reparto por La tapadera, de Sydney Pollack, adaptación de la novela de John Grisham protagonizada por Tom Cruise y Gene Hackman.

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    ‘Hollywood queer’: la sexualidad cinematográfica

    Hollywood Queer, del periodista Leandro Palencia, es un recorrido biográfico y temático sobre el mundo gay en la meca del cine, por la historia de las sexualidades cinematográficas gay, lesbiana, bisexual y travesti, comunidades siempre influyentes y poderosas en las que actores, bailarines, directores, diseñadores, peluqueros, modistos, maquilladores y productores se esforzaban por aparentar una vida convencional heterosexual y tenían como norma el camuflaje para no ser excluidos de la sociedad del celuloide. Este repaso sobre los secretos y mentiras de la meca del cine respecto a los homosexuales rememora como en la época dorada del cine se les llamaba “amigos perfumados” y “hombres del crepúsculo” y que durante décadas la homosexualidad, más que invisible, era tabú en la gran pantalla.

    El código de silencio se agravó por la repercusión social de las películas y los constantes escándalos de las estrellas. Durante los años 20 se incluyeron contratos con cláusulas de moralidad: ni drogas, ni orgías, ni adulterio ni homosexualidad (dentro del Código Hayes). Curiosidades como que los géneros por excelencia masculinos como el western o el cine negro es donde hay más personajes vagamente caracterizados como homosexuales, sobre todo si hacen de villanos asesinos, y que identificarse con un personaje femenino fue el único medio que tenían los gays para vivir por “delegación” unos sentimientos íntimos, salpican la que es la primera guía en castellano de la teoría queer en el cine.

    El libro efectúa un amplio repaso por la aparición del mundo homosexual en el cine a través de las películas que, solapada o abiertamente han recogido temáticas o personajes de esa inclinación a lo largo de toda la historia del cine, desde Griffith hasta nuestros días, y también por la diversa rumorología que rodea a diversas figuras del cine en cuanto a su homosexualidad o bisexualidad, como Montgomery Clift, Marilyn Monroe, Judy Garland, Cary Grant, Debra Winger, Richard Gere, John Travolta, Tom Cruise, Kevin Spacey, Timothy Hutton, o los ya confirmados Jodie Foster o Richard Chamberlain.

    Título: Hollywood queer

    Autor: Leandro Palencia

    Editorial: T & B Editores

    Páginas: 322

    Precio: 20,50 euros

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    Mary Elizabeth Mastrantonio, perdida en el limbo

    Mary Elizabeth Mastrantonio es un buen ejemplo de actriz deglutida por el star system de Hollywood cuando se ofrece resistencia al estado de cosas impuesto por el cine como vehículo de negocio, no se responde con una imagen “adecuada” a la requerida por el cine concebido únicamente como espectáculo, o bien se empiezan a padecer las inevitables consecuencias del paso del tiempo y ya no es posible encajar en la imagen sensual, fresca y juvenil del sexo enlatado en celuloide, tal y como reflejaba Rosanna Arquette en su documental Buscando a Debra Winger.

    Porque en el caso de Mastrantonio, el vértigo del inicio de su carrera sólo es comparable a su repentino y total desplome. Porque comenzar desde la cima con Brian de Palma interpretando a la incestuosa hermana de Al Pacino en Scarface, el precio del poder (1983) y ser pareja de Tom Cruise y oponente de Paul Newman en El color de el dinero de Martin Scorsese (1986) daban pie a pensar en una fructífera y exitosa trayectoria. Además de alguna que otra película menor, su consagración como estrella habría de venir de sus rodajes junto a James Cameron en la magnífica Abyss (1989) y sobre todo gracias a su oportuna sustitución de una embarazadísima Robin Wright Penn como Marian en Robin Hood, príncipe de los ladrones (Kevin Reynolds, 1991), junto a un Kevin Costner que estaba entonces en la cima de su éxito y también a punto a su vez de lanzarse de cabeza en caída libre.

    Y tras lo que parecía una consagración, el olvido repentino. Películas menores, exceptuando quizá Dobles parejas (1992) de Alan J. Pakula, y la desaparición casi absoluta, sólo rota con su aparición en La tormenta perfecta (Wolfgang Petersen, 2000). Una carrera perdida repentina e injustamente en el limbo, como el título de la película de John Sayles en la que intervino Mastrantonio en 1999.


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    Michelle Pfeiffer, suma de belleza y talento

    Acostumbrados a las listas y rankings de actores y actrices de corte hollywoodiense, estamos demasiado acostumbrados a que el baremo de medida para establecer las diferentes escalas tenga que ver con datos superfluos como la belleza, la fortuna personal, el caché por rodaje o la recaudación de las películas en las que se ha intervenido. Rara vez en estas escalas se valora el talento, caso en el que probablemente quedarían reducidas a la mínima expresión o con enormes variantes, pero con toda seguridad Michelle Pfeiffer aparecería en sus fenomenales 50 años en cualquiera de estas listas por sus distintos y variados méritos.

    Tras el poco prometedor inicio en Grease 2, dio al año siguiente el gran salto de calidad junto a De Palma y Al Pacino en Scarface (1983), y a partir de ahí ha encadenado trabajos como Lady Halcón (1985), Casada con todos, Conexión Tequila o Las amistades peligrosas (1988), ésta dirigida por Stephen Frears, La casa Rusia (1990), Frankie & Johnnie (1991), Batman vuelve (1992), La edad de la inocencia, a las órdenes de Scorsese (1993), Mentes peligrosas (1995), Heredarás la tierra (1997), El sueño de una noche de verano (1999), Yo soy Sam (2001) o Stardust (2007).

    Uno de sus más recordados papeles es el de Susie Diamond para Los fabulosos Baker Boys (Steven Kloves, 1989), donde hacía sus pinitos en la canción de una manera muy solvente junto a los hermanos Bridges (Beau y Jeff), personaje que le valió un Globo de Oro y la nominación al Oscar como actriz principal (ya fue nominada como actriz de reparto por Las amistades peligrosas).

    Pfeiffer huye de la exposición pública de su vida privada y suele mostrarse contraria al escaparatismo de la fama. Partiendo de un físico muy especial ha sabido superar las limitaciones que suelen derivarse de esta circunstancia con un talento superior al de las barbies que Hollywood escupe continuamente en su ansia de hallar una nueva Marilyn.


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    Auge y caída de Veronica Lake

    13 de Abril de 2008

    Auge y caída de Veronica Lake

    Constance Maria Frances Ockelman, actriz de lisa melena rubia cubriéndole medio rostro más conocida como Veronica Lake, fue todo un mito del cine muchos años antes de que Curtis Hanson recuperara su memoria en L. A. Confidential. Esta hermosísima actriz nacida en Brooklyn en 1919 consiguió ya con apenas veinte años varios contratos con productoras de Los Angeles (MGM, RKO) aunque no llegó a convertirse en una diva hasta que firmó por la Paramount y protagonizó Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941) y Me casé con una bruja (René Clair, 1942).

    Envidiada por las mujeres (y algunos hombres), que copiaban su estilo y sus modelos, y deseada por los hombres (y algunas mujeres), su vida sentimental fue muy azarosa. Casada cuatro veces, una de ellas con el director André de Toth, tuvo además aventuras con Howard Hughes o Alan Ladd, galán de la época con el que protagonizó media docena de películas a principios de los cuarenta, sin duda su mejor momento profesional.

    Sin embargo, el ocaso le llegó de pronto y de manera imprevista. Su vida personal y la ausencia de papeles a la altura de su caché le provocaron una depresión y la caída en la bebida, siendo apartada definitivamente de los estudios y teniendo que recurrir a trabajos como empleada en un motel de carretera para sobrevivir. A mediados de los cincuenta y hasta los sesenta, de nuevo casada con el músico J. A. McCarthy, intentó volver al cine, pero la suerte no la acompañó. Murió a causa de una hepatitis en 1973, olvidada hasta que Curtis Hanson caracterizó a Kim Basinger como ella en su exitoso film de 1997.


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