El ‘American Film Institute’ vuelve a autoproclamarse juez del cine mundial
27 de Junio de 2008

Uno de los ejercicios más estériles y absurdos es la confección de listas de “lo mejor de”, esas compilaciones de títulos, autores, intérpretes, géneros o años con las que de vez en cuando nos acogotan para decirnos lo que es bueno o malo, generalmente con criterios puramente subjetivos, si no arbitrarios, y que suelen dejar fuera gran parte de las obras que pretenden categorizar, de forma que, al igual que sucede con los periódicos, lo que no cabe en ellas, simplemente, no está, no existe.
El American Film Institute, especialista en editar cada cierto tiempo una de estas listas con las mejores películas de toda la Historia (o sea, de ciento y poco años), casi en exclusiva cintas de origen norteamericano (con el fenomenal banco de pesca que supone, casi tan maravilloso como lo que se deja fuera), ha vuelto a editar una de esas estúpidas clasficaciones, esta vez consagrando las diez mejores películas de cada género cinematográfico.
Las agraciadas esta vez con la inmortalidad de aparecer en semejante despropósito (como si les hiciera falta) son Centauros del desierto (John Ford, 1956) como mejor western de todos los tiempos, Luces de la ciudad (Charles Chaplin, 1931), como mejor cinta romántica, 2oo1, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), como mejor obra de ciencia ficción, Lawrence de Arabia (David Lean, 1962), como mejor filme épico, El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972), como mejor historia de gángsters, Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) vence en la categoría de cine de misterio, Blancanieves (Walt Disney, 1938) en animación y Matar un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962) en la de juicios y tribunales. Aparentemente hecha con todo rigor, la lista despierta el más puro y lógico escepticismo cuando vemos que en la categoría de deportes la ganadora ha sido… ¡¡¡ Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980) !!!
En resumen, otro ejercicio gratuito, absurdo e innecesario. Porque, por poner un ejemplo, Centauros del desierto tiene forma de western, sí. Pero, ¿acaso no es mucho más que eso?
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‘Los crímenes del rosario’, thriller sin personalidad propia
15 de Junio de 2008

Este thriller del irrelevante Fred Walton peca (nunca un término resultó tan apropiado) de tal indefinición en su planteamiento que resta efectividad a una trama a priori interesante. La película pretende serlo todo, un thriller de ambiente gótico, o cuando menos oscuro, una historia de amor, una crítica social, y un drama personal sobrevenido por la crisis de fe de un sacerdote, y como suele ocurrir en estos casos, termina oscilando torpemente entre los ambientes tétricos de inspiración religiosa al estilo de El exorcista de William Friedkin (1973) y la tormenta de la culpa de Yo confieso de Alfred Hitchcock (1952).
La película nos presenta los sucesivos crímenes cometidos en la parroquia católica del Santo Redentor, en Detroit, que tienen como nota común la personalidad de las víctimas, todos ellos religiosos, y la marca del asesino, un rosario de cuentas negras entrelazado en las manos de los cadáveres. El padre Koesler (Donald Sutherland) intenta ayudar a la policía, más aún cuando sospecha que uno de los fieles que acuden a su horario de confesionario es el “asesino del rosario”.
Con algunos momentos de intriga bien conseguidos, algún que otro susto y un clímax logrado, las mayores virtudes de la película giran en torno al aprovechamiento del fenómeno religioso católico, sus ritos e iconografías como vehículo para el misterio y para crear atmósferas que predispongan a lo siniestro (como las profanaciones, por ejemplo), sufriendo por el contrario el conjunto de falta de originalidad y, sobre todo, del abuso de situaciones ya descritas con anterioridad y que llegan al colmo del absurdo en el repentino e ilógico enamoramiento entre el sacerdote y la periodista, una mezcla que lejos de ser efectiva se resiente de que el director no haya apostado en exclusiva por una vía concreta.
Título: The Rosemary murders
Año: 1987
Duración: 105 minutos
País: Estados Unidos
Director: Fred Walton
Reparto: Donald Sutherland, Charles Durning, Roger Angelini, Anita Barone, B. Constance Barry, Belinda Bauer, John Danelle, Keith Brooks, Bethany Carpenter
Guión: Elmore Leonard y Fred Walton sobre la novela de William X. Kienzle
Música: Don Sebesky y Bobby Laurel
Fotografía: David Golia
Producción: First Take / Rosary Take One
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‘Máxima ansiedad’, Mel Brooks parodia a Alfred Hitchcock
20 de Mayo de 2008

Varios años antes de que el equipo Abrahams-Zucker-Leslie Nielsen iniciara su particular estilo cinematográfico consistente en no dejar títere con cabeza en sus parodias de verdaderos hitos del cine, Mel Brooks ya andaba en el empeño de utilizar a los clásicos como forma de construir sus comedias. En el caso de esta divertida película de 1977 es el cine de Alfred Hitchcock el que se ve desmitificado en la pantalla con el humor y cierta mala baba de Brooks.
El doctor Thorndyke (Brooks), es el nuevo director del Instituto Neuro Psicótico para Muy Nerviosos. Tras la toma de posesión empieza a percibir extraños comportamientos en el personal del centro, al tiempo que comienzan a tener lugar extraños sucesos, incluido un crimen del que será injustamente acusado y que pondrá a prueba su equilibrio mental.
Para esta historia, Brooks hace un recorrido por películas como Vertigo (basta con ver cómo el cartel original de la película recuerda los títulos diseñados por Saul Bass), Psicosis (escena de la ducha incluida), Los Pájaros (eso sí, en una versión muy escatológica en la que las aves ni pican precisamente) e incluso las bandas sonoras que Bernard Herrmann compuso para el mago del suspense, y se rodea de habituales suyos como Madeline Khan o Cloris Leachman, a través de gags, parodias y homenajes a ratos divertidos y en algunos casos tontos y hastiantes.
Título: High anxiety
Año: 1977
Duración: 94 minutos
País: Estados Unidos
Director: Mel Brooks
Reparto: Mel Brooks, Madeline Kahn, Cloris Leachman, Harvey Korman, Dick Van Patten, Ron Carey, Howard Morris
Guión: Mel Brooks, Barry Levinson, John Clark y Rudy de Luca
Música: John Morris
Fotografía: Paul Lohmann
Producción: 20th Century Fox
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‘Última llamada’ para Colin Farrell
05 de Mayo de 2008

Un antipático publicista neoyorquino (abominable, como casi siempre, Colin Farrell) sufre la extorsión de un lunático francotirador (voz en off de Kiefer Sutherland, realmente lo mejor de la película) mientras se encuentra utilizando una cabina telefónica; si se le ocurre cortar la comunicación, disparará y acabará con él. Esta es la premisa de un guión de Larry Cohen que permaneció más de veinte años durmiendo el sueño de los justos en un cajón de un estudio de Hollywood. Y bien podría haberse quedado en él hasta que alguien discurriera qué poder hacer con el resto de la película y los personajes y no terminar estropeando como Joel Schumacher una buena idea con torpezas reiteradas en este producto de bajísimo presupuesto rodado en doce días.
Porque la película presume de una profundidad, de un mensaje con contenido trascendente que no tiene. Lo único con algo de gracia ocurre dentro de la cabina: determinadas fases de la conversación, la voz de Sutherland, la cara de caguetas de Farell (sin mérito alguno ya que es un actor que se limita a pasear una única cara por casi todas sus películas, siguiendo el estilo interpretativo “Brad Pitt actor’s studio”)… Lo demás, innecesario, prescindible, superfluo. La supuesta solidez de la historia no es más que una sarta de incoherencias e insensateces acumuladas, sin lógica, verosimilitud ni sentido alguno, y la estética de la película sigue la estela marcada por la MTV en una especie de videoclip de algo menos de hora y media, brevedad que es también una de las mejores notas de la película.
Pensando en esta trama como propia de un capítulo de Alfred Hitchcock presenta, cabe preguntarse qué hubiera hecho un genio de verdad con este planteamiento y la conclusión parece obvia.
Título: Phonebooth
Año: 2003
Duración: 82 minutos
País: Estados Unidos
Director: Joel Schumacher
Reparto: Colin Farrell, Kiefer Sutherland, Forest Whitaker, Katie Holmes, Radha Mitchell
Guión: Larry Cohen
Música: Harry Gregson Williams
Fotografía: Matthew Libatique
Producción: Fox 2000 Pictures
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‘Arabesco’, un Hitchcock descafeinado de Stanley Donen
03 de Mayo de 2008

Como sucede con otros grandes directores de musicales como Vincente Minelli, en la cinematografía de Stanley Donen hay también hueco para otro tipo de producciones más que aceptables. En este caso, Donen se sumerge en un típico thriller de aventuras y acción con pareja protagonista en la que la trama de espionaje o suspense se mezcla con la relación personal entre ambos, como ya ideara Alfred Hitchcock en sus 39 escalones de 1935 o en su adaptación tardía Con la muerte en los talones (1959), origen de la explotación masiva y un tanto caricaturesca a lo largo de toda la saga de James Bond.
La película cuenta la forma un tanto casual en que David (Gregory Peck), un famoso egiptólogo, se sumerge en una intriga internacional en el que está en juego la supremacía en un país de Oriente Medio de importancia capital en la geoestrategia de la zona (un McGuffin recurrente) a raíz de su contratación para descifrar un antiguo jeroglífico hallado en una excavación. Recelando de todos, David intenta huir de su compromiso, pero las implicaciones políticas para la seguridad de su país, el dinero ofrecido y la aparición estelar de Yasmine (Sophia Loren), seductora mujer que parece jugar a varias barajas, lo retienen hasta el final de la aventura.
Puro cine de entretenimiento lleno de acción, aventura, trampas, romance y un fino sentido del humor, se queda a mucha distancia de los clásicos hitchcockianos o de otras producciones en la misma línea como la fenomenal Charada, dirigida por el propio Donen tres años antes y con Cary Grant –primer protagonista para Arabesco, luego caído del proyecto y sustituido por Peck-, Audrey Hepburn o Walter Matthau, entre otros) pero constituye un buen pasatiempo, eso sí, desprovisto de toda profundidad psicológica y carga subconsciente del mago del suspense.
Título: Arabesque
Año: 1966
Duración: 118 minutos
País: Estados Unidos
Director: Stanley Donen
Reparto: Gregory Peck, Sophia Loren, Alan Badel, Kieron Moore, Carl Duering, George Coulouris, Duncan Lamont
Guión: Julian Mitchell, Stanley Price y Peter Stone
Música: Henry Mancini
Fotografía: Christopher Challis
Producción: Universal
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Entrevista con Pep Puig, director de “Les hores baixes de Max Plana”
22 de Abril de 2008

El pasado 28 de marzo se estrenó en Vilafranca del Penedés (Barcelona) Les hores baixes de Max Plana, de Pep Puig, tragicomedia coral que explora las relaciones entre los libros, la lectura y el ser humano y cuyo proceso de rodaje ha tenido lugar fuera de circuitos de producción y distribución habituales, lo cual concede un mérito especial a quienes han intervenido en ella y da buena muestra de que ese otro cine, el no anunciado en televisión, el que todavía mueve a procupaciones artísticas y a deseo de comunicar ideas y pensamientos a través de imágenes y personajes de ficción, aún existe y que no todo está perdido. Pep Puig, su director, ha tenido la amabilidad de conceder a este blog una breve entrevista donde nos habla de su película, sus gustos como creador y espectador de cine, y sobre la situación del cine en Cataluña y del cine rodado en catalán.
CINISSIMO: ¿Cómo y cuándo surge tu gusto por el cine, por la actuación y la dirección?
PEP PUIG: La afición por el cine me viene de muy pequeño. De eso hace ya unos 40 años, cuando iba a las sesiones dobles de mi pueblo, La Llacuna (Barcelona), cuando era habitual que en los pueblos hubiera cine y en nuestras casas todavía no había entrado la televisión. La sesión de cine en “Ca l’Americano”, así se llamaba el centro recreativo del pueblo, era uno de los acontecimientos más esperados de la semana… Maciste el invencible, Fu Manchú, El Zorro, El conde Drácula… En lugar de 40 parece que hayan transcurrido 200 años.
Sobre mi gusto por la dirección y la actuación he de decir que es bastante posterior. Estoy hablando aproximadamente de principios de los 80. Surge, como pasa muchas veces, por accidente o, mejor dicho, como una forma de entretenimiento que tenía que ser la réplica a otras formas de entretenimiento que se repetían una semana sí y otra también en mi querido pueblo (fútbol y discoteca). Ese primer experimento “cinematográfico” culminó, tras cinco años de lucha, en mi primer largometraje (a día de hoy impresentable) llamado Qui la fa, la paga (algo así como “ojo por ojo, diente por diente”). A pesar de que no puedo enseñarlo en ninguna parte, Qui la fa, la paga me ha servido para ver que eso del cine es muy complicado y que los pocos recursos se suplen con imaginación y paciencia. Mucha paciencia. A partir de ese momento, dejé de entender el cine como un entretenimiento y empecé a pensar en el cine como un oficio. Así me pasé unos cuantos años mientras trabajaba en otras cosas y durante ese tiempo, en los ratos libres intentaba ejercer de cineasta con una clara voluntad profesional y cinematográfica. Un día, concretamente el 1 de noviembre de 2004, dejé definitivamente después de 10 años mi último oficio, el de librero. Ahora me dedico al mundo del audiovisual (no sé hasta cuando) y he estrenado el largometraje Les hores baixes de Max Plana.
C: ¿Cuáles son tus mayores influencias cinematográficas? ¿Qué director o directores son los que más tienen que ver contigo?
PP: Siempre es difícil responder a este tipo de preguntas. Para mi el mejor lugar para aprender de cine es en las salas de cine, viendo películas. Mi cabeza se ha ido llenando de películas buenas y de malas películas porque de ellas también se aprenden cosas que uno nunca debe hacer. Puede que incluso una mala película, aunque sea por accidente, contenga una buena escena. Evidentemente es más recomendable ir a ver directamente buenas películas. Quiero decir con ello, y volviendo a la pregunta, que cuando se hace una película o se escribe una novela por ejemplo, siempre se está citando, consciente o inconscientemente. Yo a veces sé a quien cito y otras no. El subconsciente trabaja por su cuenta. A mí me gustaría, aunque sea una entelequia, que los directores que más tienen que ver conmigo fueran Alfred Hitchcock, Federico Fellini, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Billy Wilder y Orson Welles. Pero eso es imposible.
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‘El hombre de MacKintosh’, Huston al más puro estilo Hitchcock
23 de Marzo de 2008

Trasladado a Irlanda en su última época, John Huston, cineasta irregular, capaz de obras maestras indiscutibles y de vulgaridades impensables, se despachó a gusto en 1973 con esta historia de acción y espionaje que seguía la senda de los clásicos de secretos de Estado del Alfred Hitchcock de la etapa inglesa. Con exteriores rodados en Londres, Irlanda y la isla de Malta, Huston narra, con guión del director Walter Hill, la historia de Joseph Rearden (Paul Newman), un hombre que realiza trabajos por encargo, y que, acusado de robar unos diamantes, es encarcelado. Fugado previo pago junto a un peligroso elemento del crimen gracias a un equipo especialista en evasiones que ha contactado con él en la cárcel, es trasladado a Irlanda. Pero Rearden no sólo es un presidiario fugado. Una vez en manos de la organización, revela su verdadera identidad, y los papeles de todos los involucrados parecen cambiar.
John Huston maneja adecuadamente los resortes de la acción, el suspense y la sorpresa en este clásico moderno del cine de espías, mantenido a la sombra de James Bond pero con el sabor clásico de los viejos éxitos de Hitchcock: pareja protagonista con tensión emocional no resuelta, cambio de localizaciones geográficas, organizaciones criminales dibujadas de forma difusa, el famoso MacGuffin, y sobre todo, un villano con estilo, encanto y sofisticación, impresionante James Mason, lo mejor de la película. Dominique Sanda, Ian Bannen y Nigel Patrick completan un reparto eficaz para esta intriga política irregular pero entretenida, en la que la City de Londres, las zonas rurales irlandesas y las soleadas costas de Malta sirven de marco a una historia emocionante que, no obstante, cierra en falso.
Título: The MacKintosh man
Año: 1973
Duración: 98 minutos
País: Reino Unido
Director: John Huston
Reparto: Paul Newman, Dominique Sanda, James Mason, Harry Andrews, Ian Bannen, Michael Hordern, Nigel Patrick
Guión: Walter Hill, sobre la novela de Desmond Bagley
Música: Maurice Jarre
Fotografía: Oswald Morris
Producción: Warner Brothers
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Fotogramas de Psicosis
29 de Febrero de 2008
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Vanity Fair homenajea al maestro Alfred Hitchcock
26 de Febrero de 2008

La prestigiosa revista Vanity Fair dedica periódicamente un número al mundo de las leyendas y sueños de Hollywood. Si el año pasado el objeto del homenaje era el cine negro clásico norteamericano, en esta ocasión es el cine de Alfred Hitchcock el retratado en una colección de estupendas fotografías (arriba, Javier Bardem y Scarlett Johansson emulan a James Stewart y Grace Kelly en La ventana indiscreta - The rear window-, 1954).
La nómina de participantes en el reportaje es amplísima: Naomi Watts, Charlize Theron, Scarlett Johansson, Javier Bardem, Renée Zellweger, Keira Knightley, Jennifer Jason Leigh, Jodie Foster, Gwyneth Paltrow, Robert Downey Jr., Emile Hirsh, Casey Affleck, Julie Christie o Eva Marie Saint (que trabajó con Hitchcock en la mítica Con la muerte en los talones – North by northwest -, 1959), y diferentes fotógrafos que se han inspirado en títulos emblemáticos como, además del comentado, Extraños en un tren (Strangers on a train, 1951), Rebeca (Rebecca, 1940), Atrapa a un ladrón (To catch a thief, 1955), Vertigo (1958), Los pájaros (The birds, 1963) o Marnie (1964).
Fuentes: Vanity Fair.
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