Jeff Daniels, lujo no siempre reconocido
06 de Junio de 2008

Actor, director de cine, director teatral, dramaturgo, compositor e intĂ©rprete musical (tiene varios discos en el mercado), es otro ilustre hijo de Athens (Georgia), la localidad de R.E.M. o B-52, aunque muy pronto se trasladĂł a Chelsea (Michigan), lugar donde sigue viviendo actualmente en su deseo de alejarse de la vorágine del star-system de Hollywood, y donde mantiene su actividad teatral con el Purple Rose Theatre, para el que ha escrito una docena de piezas teatrales. Convertido en estrella en los 80 tras su debut en Ragtime (Milos Forman, 1981), su personaje en La fuerza del cariño (James L. Brooks, 1983) y su protagonismo en La rosa pĂşrpura de El Cairo (Woody Allen, 1985), mantuvo el cachĂ© participando en cintas como Se acabĂł el pastel (Mike Nichols, 1986), Algo salvaje (Jonathan Demme, 1986) o DĂas de radio (Woody Allen, 1987).Sin embargo, alejado del ruido de la meca del cine, Daniels redujo durante los noventa sus apariciones en la gran pantalla y además en cintas de escasa repercusiĂłn e incluso calidad, exceptuando quizá el majestuoso telefilme Gettysburg (1993), muy por debajo de sus capacidades reales y más prĂłximas en ocasiones al cine familiar que al arte cinematográfico. PelĂculas como Aracnofobia, Speed, Una bruja en Nueva York, 101 dálmatas, Mi marciano favorito, Pleasantville o Dos tontos muy tontos son buena prueba de ello.
Con el nuevo siglo, Daniels, además de haber dirigido su primera pelĂcula (Escanaba in da moonlight, 2001), parece querer recuperar el pulso de su carrera, y aunque se mantiene en el campo del más intrascendente cine familiar (por ejemplo, Vaya vacaciones), ha trabajado con Clint Eastwood (Deuda de sangre), Wayne Wang (Mi mejor amigo), Stephen Daldry (Las horas), George Clooney (Buenas noches y buena suerte) y nos ha regalado una extraordinaria interpretaciĂłn en la magistral Una historia de Brooklyn (Noah Baumbach, 2005). Una buena noticia para los seguidores de este estupendo actor, cuya naturalidad, que traspasa la pantalla sin la menor dificultad, es su mayor virtud.
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