‘Días contados’, la redención de un terrorista por el deseo y la muerte
03 de Agosto de 2008

Como bien pudo comprobar en sus propias carnes Julio Medem, tratar en el cine el tema del terrorismo de ETA, aunque sea de refilón o como pretexto, siempre exige un extremo cuidado y un tacto meticuloso a fin de no verse incluido en la lista de “indeseables nacionales” que desde algunos medios de ultraderecha se elabora y reelabora de vez en cuando o bien de evitar ser incluido en otra lista, la de quienes son amenazados, coartados o directamente asesinados por esa banda de mafiosos que con el pretexto del nacionalismo vasco lleva cuarenta años extorsionando y tratando al pueblo al que dicen defender como un cortijo privado al gobernar, manipular y esclavizar con mano firme y asesina de todo aquel que se rebele contra su “lucha por la libertad”, la curiosa forma que tienen de denominar sus actividades como vulgares delincuentes dignos de pudrirse en la cárcel más próxima, y a poder ser, más precaria. Imanol Uribe (que atesora una amplia experiencia en el reflejo del terrorismo vasco en el cine) fue valiente en la adaptación al cine de la novela de Juan Madrid que, protagonizada por Carmelo Gómez, la ex de Barrio Sésamo Ruth Gabriel, magníficamente secundados por los extraordinarios Javier Bardem, Elvira Mínguez y Candela Peña, además de un odioso Karra Elejalde como policía corrompido y repulsivo, constituye uno de los mayores éxitos recientes de crítica y público del cine español.
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Título: Días contados
Año: 1994
Duración: 93 minutos
País: España
Director: Imanol Uribe
Reparto: Carmelo Gómez, Ruth Gabriel, Candela Peña, Karra Elejalde, Javier Bardem, Elvira Mínguez, Pepón Nieto, Joseba Apaolaza
Guión: Imanol Uribe, sobre la novela de Juan Madrid
Música: José Nieto
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Producción: Ariane Films / Aiete Films
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Paul Laverty, ideólogo para Ken Loach
07 de Junio de 2008

Paul Laverty es el guionista de cabecera del actual referente del cine social y político en Europa, el británico Ken Loach. El talento visual del director para mostrar sus crudas historias de realidad social no sería tan efectivo sin la indispensable colaboración de Laverty en la construcción de historias que giran en torno a los efectos que en los individuos tienen las injusticias políticas y sociales, casi siempre desde un punto de vista reivindicativo, en la búsqueda de mostrar a un espectador aburguesado los conflictos sociales y políticos que, lejos de garantizar los derechos que las constituciones plasman, coartan su libre desarrollo y sus posibilidades de una vida mejor, y que se esconden bajo la capa de autocomplaciencia de una sociedad occidental demasiado ocupada en vivir en un escaparate como para concienciarse y asumir que conceptos como justicia, libertad o felicidad deben ser algo más que palabras.
Laverty, un escocés licenciado en Filosofía en Roma y en Derecho en Glasgow, goza de una amplia experiencia en cuestiones sociales adquirida durante su periplo centroamericano, con estancias en Chiapas (México), Guatemala, El Salvador o, sobre todo, Nicaragua, país en el que prestó ayuda a una organización pro derechos humanos. De esa experiencia nació su primer guión para Loach, La canción de Carla (1996), con Robert Carlyle como protagonista. A ésta siguieron Mi nombre es Joe (1998), Pan y rosas (2000), Sweet sixteen (2002), el guión para el cortometraje de Loach dentro del proyecto 11/09/01, sobre los atentados al Worl Trade Center de Nueva York, o El viento que agita la cebada (1996).
El cine de Loach, los guiones de Laverty, aun salpicados en ocasiones por la demagogia, destacan precisamente por tomar como punto de partida realidades incómodas con las que sacudir las conciencias de ociosos espectadores que, a menudo, son ajenos a los problemas que su cine plantea y que no tienen fronteras ni son producto de la ficción.
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‘Mi nombre es Joe’, drama social de Ken Loach
08 de Marzo de 2008

Loach y su guionista habitual, Paul Laverty, narran la historia de Joe, hombre de mediana edad, parado, ex-alcohólico, que vive entre chanchullos laborales con los que ganar unas libras a sumar al subsidio y entrenando al equipo de fútbol más lamentable de Glasgow. Liam, uno de los jugadores, y su novia, Sabine, están esforzándose para dejar las drogas desde que ha nacido su bebé. En su casa, Joe (fantástico Peter Mullan, mejor actor en Cannes) conoce a Sarah, trabajadora social que se encarga de su rehabilitación. Ambos inician una apasionada relación, pero la vida no se lo pondrá fácil.
Ken Loach ofrece un nuevo drama de realidad social para evidenciar los problemas de las acomodadas sociedades burguesas, en este caso, la exclusión. Joe y Sarah tendrán que vérselas con el bagaje personal que ambos arrastran y con su incomunicación, pero todos los personajes luchan contra la incomprensión de los otros, la tentación de evadirse de la realidad mediante el alcohol o la droga, e incluso con el crimen organizado que les retiene en una dinámica destructiva que se retroalimenta, en una clara metáfora de las “adicciones” del consumismo alentadas por los poderes políticos y económicos y a las que el individuo, por sí solo, puede presentar difícilmente resistencia, llegando a ser castigado, como ocurre finalmente.
Película cruda, difícil, tragedia realista de la vida cotidiana, no faltan en ella algunos momentos de ternura (la relación entre Sarah y Joe, las atenciones de Liam al bebé) y de comedia (el robo de las camisetas, la pintada en el coche del inspector de trabajo) que suavizan la dureza del mensaje de Loach, que, no obstante, deja un hilo de esperanza, que no es otro que el amor.
Título: My name is Joe
Año: 1998
Duración: 105 minutos
País: Reino Unido, España, Francia y Alemania
Director: Ken Loach
Reparto: Peter Mullan, Louise Goodall, Gary Lewis, David McKay, Anne Marie Kennedy
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Barry Ackroyd
Producción: Rebecca O'Brien, Ulrich Flesberg, Alta Films
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