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‘REC’, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, cine en casa con formato a elegir

Hasta cuatro son los formatos en los que se lanza la exitosa película de terror de Jaume Balagueró y Paco Plaza que ya está siendo convertida en remake americano, sin duda síntoma inequívoco de la caja que espera hacer la productora también con la versión doméstica (que gana mucho con respecto a la versión en pantalla grande; no obstante la película es concebida en lenguaje televisivo) del gran éxito del terror español de 2007.

La versión sencilla de un disco se pone a la venta tanto en DVD como en formato UMD por 15,95 euros; la edición especial se va hasta los 20,95 euros, y el formato Blu-ray sale a la venta por 25,95 euros.

Se recomienda la adquisición de cualquiera de las ediciones especiales, dado que incluye todo un conjunto de extras espléndidos, tales como un amplio making of de 40 minutos de duración que incluye imágenes rodadas con teléfono móvil por parte del equipo de la película, entrevistas con el director de fotografía y con la actriz Manuela Velasco, que desvela las estratagemas de los directores para engañar a los actores y sorprenderles con el final, escenas eliminadas, “cómo se hizo” de algunas escenas, las pruebas para la elección del reparto, nuevas pistas y datos para redondear y completar la historia contada en la película y un reportaje sobre el estreno de la película en el Festival de Sitges, promociones, entrevistas, premios…


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    Aniversario de la primera proyección cinematográfica en España

    Tradicionalmente se toman las madrileñas fiestas de San Isidro de 1896 como momento en que tuvieron lugar en España las primeras exhibiciones cinematográficas, con proyecciones de lo que entonces se llamaba animatógrafo, un aparato adaptado por el británico Robert W. Paul a partir del kinetoscopio de Thomas Alva Edison. En concreto, la primera proyección cinematográfica es situada por algunos estudiosos exactamente el 11 de mayo de 1896 en la Plaza del Rey. Dos días después llegarían las imágenes del Cinematógrafo Lumière gracias a Alexandre Promio. Sin embargo, en lo que al animatógrafo se refiere, todavía hablamos de aparatos y de sistemas que otros expertos califican aún entre los antecedentes del cine y que por ello no entrarían en la consideración de lo “puramente cinematográfico”, y que sitúan, por tanto la fecha de la primera proyección de cine en España exactamente el 15 de mayo de 1896.

    La primera película española fue Salida de la misa de doce del Pilar de Zaragoza, rodada por Eduardo Jimeno Correas, que se hizo con un aparato Lumière en su misma fábrica de Lyon, y también abrió en el Paseo de la Independencia de Zaragoza la primera sala permanente de proyecciones. Iniciando así la prolífica estirpe de cineastas aragoneses, con la cámara adquirida rodaron en las fiestas del Pilar de 1896 (del domingo 11 de octubre al domingo 18 de octubre) dos películas, la Salida de Misa del Pilar y Saludos. Esta fue la primera película producida y rodada por un español (pues operadores de Lumière, como Francis Doublier, ya habían rodado en España, a finales de 1895, una corrida de toros).


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    Eduardo Serra, artista de la fotografía

    Eduardo Serra es uno de los más reputados profesiones de la fotografía del cine actual. Nacido en Lisboa pero francés de adopción, combina en su prolífica carrera de más de veinte años trabajos minimalistas en el cine europeo, sobre todo en Francia, con grandes derroches plásticos en producciones de Hollywood. Entre sus primeros trabajos en Europa destaca sobre todo su estupenda labor para Patrice Leconte en El marido de la peluquera (1990), La maté porque era mía (1993) o El perfume de Ivonne (1994) y para Michael Winterbottom en Jude (1996) o el gran Claude Chabrol en No va más, de 1997, año de su desembarco en Hollywood.

    En Estados Unidos debuta con Las alas de la paloma, pero es con Más allá de los sueños (Vincent Ward, 1998) donde realiza una creación grandiosa gracias a los espectaculares efectos especiales manipulados digitalmente, una magistral paleta llena de colores vivos y de ambientes sórdidos y lúgubres (en el mejor estilo de la imaginería de Dante en La Divina Comedia) que traspasan la pantalla. A partir de ese punto, ha seguido combinando las labores de fotografía en los más recientes trabajos en Europa para Leconte o Chabrol (Borrachera de poder, Una chica cortada en dos) con producciones norteamericanas como El protegido (de M. Night Shyamalan, 2000), Beyond the sea (Kevin Spacey, 2004) o Diamante de sangre (Edward Zwick, 2006).

    Por su trabajo en la producción europea La joven de la perla (Peter Webber, 2003) obtuvo el premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine de San Sebastián.


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    Mayo del 68 en la edición de Cannes de 2008

    El Festival de Cannes volverá a proyectar como acto de desagravio en su edición de 2008 una decena de películas que no fueron estrenadas en la truncada edición celebrada en mayo de 1968 ante la clausura anticipada del certamen, entre ellas, con presencia del director aragonés Carlos Saura, Peppermint Frappé, proyección durante la cual estalló la protesta en el festival con Truffaut, Godard, Louis Malle y el propio Saura llamando a la interrupción de la proyección desde delante de la pantalla en una histórica y reivindicativa jornada festivalera, en la que un pequeño grupo de artistas logró la clausura de un festival oficialista, burocrático y politizado en solidaridad con las protestas estudiantiles del mayo francés.

    El próximo 18 de mayo se cumplen 40 años de tan recordado suceso en el que los cineastas se sumaron al clima generalizado de protesta al considerar una frivolidad continuar como si nada con una muestra de películas mientras el país bullía de tensión, violencia y crispación. En palabras de François Truffaut, uno de los líderes de la protesta “Francia echaba el cierre y, por lo tanto, Cannes también tenía que cerrar. Era lógico (…).”Por primera vez en su historia, esta institución artístico-comercial llamada Festival de Cine fue brutalmente interrumpida por un auténtico ‘grupúsculo’ de realizadores que estimaban que, en plena crisis de Francia, no era muy decente que productores, distribuidores, gacetilleros y estrellitas prosiguieran su desfile soleado”.

    Las motivaciones que movían a cada participante en la revuelta eran diversas. Truffaut ansiaba poner en jaque al gobierno, Godard acababa de rodar imágenes de las barricadas parisinas, y el prestigioso Louis Malle, miembro del jurado oficial de aquella edición, acababa de volver de India y comprobar el clima de miseria y desigualdad; él se encargó de dinamitar el jurado arrastrando en su dimisión a otros miembros como Roman Polanski o, la por entonces musa de Antonioni, Monica Vitti.

    La edición de 2008 rescatará aquel momento para la historia, como siempre, desde su altar de banalidades, escaparates y oropeles, pero con la conciencia secreta de que, por una vez, gracias a los artistas que durante mucho tiempo condenó, dio una imagen a la altura de su presunta grandeza.


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    ‘Desafío en la ciudad muerta’, de John Sturges

    El gran director John Sturges daba la medida de su gran capacidad sobre todo en sus películas “menores”, como ésta de 1958, un western que podría calificarse de típico y convencional pero que adquiere dimensión propia gracias a su bien construido guión y a los matices ambiguos, contradictorios y moralmente difusos que caracterizan al dúo cuyo enfrentamiento es la base del drama. La película cuenta la historia de Wade (Robert Taylor), uno de tantos sheriffs que durante sus años más jóvenes se habían situado al otro lado de la ley, y que tras un último trabajo, el robo de un banco, junto a su antigua banda, decidió dejarlo sin revelar al resto de forajidos dónde había escondido el último botín. Sin embargo, leal con su antiguo camarada Clint (Richard Widmark), lo salva de la horca liberándolo de la prisión donde está encerrado. Clint y su banda no creerán compensada la deuda y acosarán a Wade para que les revele el paradero del dinero del atraco.

    Western breve pero muy sólido, construido sobre las dobleces de unos personajes atormentados y contradictorios que actúan no con odio o por venganza sino como única salida a sus respectivas vidas encasilladas y tramposas, la película crece realmente con la llegada al pueblo abandonado donde supuestamente se halla enterrado el botín, un pueblo cercado en mitad de territorio indio en el que la amenaza de ataque es tanta como la de destrucción entre Wade y Clint. Es en esos instantes cuando la pericia de Sturges combina el drama psicológico y la acción con el choque de intereses: dinero, conservar la vida ante los indios, el rencor que ha destruido una antigua amistad…

    Película menor en una filmografía repleta de grandes obras para un director injustamente olvidado o menospreciado.



    Título: The law and Jake Wade
    Año: 1958
    Duración: 84 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Sturges
    Reparto: Robert Taylor, Richard Widmark, Patricia Owens, Robert Middleton, Henry Silva, DeForest Kelley, Burt Douglas, Eddie Firestone
    Guión: William Bowers, sobre la novela de Martin Albert
    Música: Fred Steiner
    Fotografía: Robert Surtees
    Producción: Metro Goldwyn Mayer

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    ‘88 minutos’, olvidable Al Pacino

    Sin paliativos puede afirmarse que esta película es la peor jamás participada por el gran Al Pacino, actor que siempre es bienvenido a las carteleras como uno de los pocos bastiones que quedan a las actuaciones sobresalientes y que poco a poco se ha ido perdiendo en productos de tercera clase, a los que ni siquiera esta película de John Avnet (otrora buen profesional en The war o Tomates verdes fritos y que pronto estrenará Righteous kill) merece pertenecer.

    Tremendamente poco original en su planteamiento, la necesidad de hallar la identidad de un criminal bajo límite temporal en de forma cuenta atrás (88 minutos) y con amenaza de muerte como penalización, aburre a las ovejas: nada de tensión, nada de emoción, simple retazo de banalidades, lugares comunes y tópicos más propios de serie televisiva que de gran pantalla, y el único reloj interesante para el espectador es el suyo propio para ver cuánto más tiempo debe aguantar tamaña estupidez.

    Resulta complicado encontrar una película con ciertas pretensiones de emoción y de intriga en la que tantas cosas se hayan hecho mal, y quizá ese sea un motivo masoquista para verla. El único aporte serio que Avnet intenta aportar (porque el resto, encaja mejor como una parodia involuntaria para tomarse a chacota con un par de tragos encima) es un pseudo alegato o reflexión en torno a la pena de muerte. Y decimos serio, aunque inconcluso, porque el punto de vista escogido no se sabe si es más tibio o indignante, si sirve a quienes la condenan o justifica a quienes la defienden. La película, en suma, une dos aspectos que el cine jamás debería provocar: aburrimiento e indignación hacia la propia película.

    Web oficial



    Título: 88 minutes
    Año: 2007
    Duración: 103 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Avnet
    Reparto: Al Pacino, Alicia Witt, Amy Brenneman, Leelee Sobieski, Benjamin McKenzie, Deborah Kara Unger, William Forsythe, Neal McDonough
    Guión: Gary S. Thompson
    Música: Ed Shearmur
    Fotografía: Denis Lenoir
    Producción: Universal

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    ‘Sin City’, Frank Miller en imágenes de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino

    Ciudad del pecado es un lugar en el que una noche eterna da cobijo a políticos corruptos, policías vengativos, detectives amargados, chicas sugerentes, mafiosos psicópatas y tipos duros y pendencieros. Hartigan (Bruce Willis) es el último policía limpio de la ciudad y es el eterno protector de Nancy (Jessica Alba). Dwight (Clive Owen) es un detective que no teme enfrentarse a tiros a los poderosos para defender a sus amigos. Marv (Mickey Rourke) es un coloso descerebrado que busca vengar la muerte de la única mujer que le amó, aun fugazmente… Completan el cuadro, entre otros, personajes tales como un obispo corruptor (Rutger Hauer), un niño asesino en serie (Elijah Wood),una joven maltratada (Brittany Murphy) y su novio maltratador, además policía (Benicio del Toro), un policía vendido a la mafia (Michael Madsen), un asesino a sueldo (Josh Hartnett)…

    Vibrante y meticulosa adaptación del universo de cómic que creó Frank Miller (que ahora se lanza a la dirección en solitario con The Spirit, con Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson o Paz Vega, entre otros), traslación cromática y plano a plano de su mundo de viñetas en una película trepidante de acción y cine negro que, sin embargo, a fuerza de golpes visuales y narración entrecortada llega a resultar tediosa. Constituye la puesta en imágenes del particular mundo de Quentin Tarantino con personajes en tres dimensiones que aúnan violencia, sexo y diálogos estupendos, pero que resultan demasiado planos, sin alma, como la película en sí, carente de profundidad, de historia, de verdadera emoción más allá de una estética cuidada, entre efectiva y hastiante.

    Es una película sugerente, cautivadora en cuanto a lo visual, disparatada, incluso por tramos demencial, en lo narrativo, interesante ejercicio de traslación de cómic a la pantalla grande confiriéndole una identidad independiente y válida por sí misma que va para clásico moderno a pesar de sus evidentes carencias.



    Título: Sin City
    Año: 2005
    Duración: 124 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Robert Rodriguez (invitado: Quentin Tarantino)
    Reparto: Bruce Willis, Jessica Alba, Mickey Rourke, Rosario Dawson, Elijah Wood, Benicio Del Toro, Alexis Bledel, Michael Clarke Duncan, Carla Gugino, Josh Hartnett, Michael Madsen, Jaime King, Brittany Murphy, Clive Owen, Nick Stahl, Rutger Hauer
    Guión: Frank Miller y Robert Rodriguez, sobre el cómic de Frank Miller
    Música: John Debney, Graeme Revell y Robert Rodriguez
    Fotografía: Robert Rodriguez
    Producción: Dimension Films

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    ‘Última llamada’ para Colin Farrell

    Un antipático publicista neoyorquino (abominable, como casi siempre, Colin Farrell) sufre la extorsión de un lunático francotirador (voz en off de Kiefer Sutherland, realmente lo mejor de la película) mientras se encuentra utilizando una cabina telefónica; si se le ocurre cortar la comunicación, disparará y acabará con él. Esta es la premisa de un guión de Larry Cohen que permaneció más de veinte años durmiendo el sueño de los justos en un cajón de un estudio de Hollywood. Y bien podría haberse quedado en él hasta que alguien discurriera qué poder hacer con el resto de la película y los personajes y no terminar estropeando como Joel Schumacher una buena idea con torpezas reiteradas en este producto de bajísimo presupuesto rodado en doce días.

    Porque la película presume de una profundidad, de un mensaje con contenido trascendente que no tiene. Lo único con algo de gracia ocurre dentro de la cabina: determinadas fases de la conversación, la voz de Sutherland, la cara de caguetas de Farell (sin mérito alguno ya que es un actor que se limita a pasear una única cara por casi todas sus películas, siguiendo el estilo interpretativo “Brad Pitt actor’s studio”)… Lo demás, innecesario, prescindible, superfluo. La supuesta solidez de la historia no es más que una sarta de incoherencias e insensateces acumuladas, sin lógica, verosimilitud ni sentido alguno, y la estética de la película sigue la estela marcada por la MTV en una especie de videoclip de algo menos de hora y media, brevedad que es también una de las mejores notas de la película.

    Pensando en esta trama como propia de un capítulo de Alfred Hitchcock presenta, cabe preguntarse qué hubiera hecho un genio de verdad con este planteamiento y la conclusión parece obvia.



    Título: Phonebooth
    Año: 2003
    Duración: 82 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Joel Schumacher
    Reparto: Colin Farrell, Kiefer Sutherland, Forest Whitaker, Katie Holmes, Radha Mitchell
    Guión: Larry Cohen
    Música: Harry Gregson Williams
    Fotografía: Matthew Libatique
    Producción: Fox 2000 Pictures

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    ‘Arabesco’, un Hitchcock descafeinado de Stanley Donen

    Como sucede con otros grandes directores de musicales como Vincente Minelli, en la cinematografía de Stanley Donen hay también hueco para otro tipo de producciones más que aceptables. En este caso, Donen se sumerge en un típico thriller de aventuras y acción con pareja protagonista en la que la trama de espionaje o suspense se mezcla con la relación personal entre ambos, como ya ideara Alfred Hitchcock en sus 39 escalones de 1935 o en su adaptación tardía Con la muerte en los talones (1959), origen de la explotación masiva y un tanto caricaturesca a lo largo de toda la saga de James Bond.

    La película cuenta la forma un tanto casual en que David (Gregory Peck), un famoso egiptólogo, se sumerge en una intriga internacional en el que está en juego la supremacía en un país de Oriente Medio de importancia capital en la geoestrategia de la zona (un McGuffin recurrente) a raíz de su contratación para descifrar un antiguo jeroglífico hallado en una excavación. Recelando de todos, David intenta huir de su compromiso, pero las implicaciones políticas para la seguridad de su país, el dinero ofrecido y la aparición estelar de Yasmine (Sophia Loren), seductora mujer que parece jugar a varias barajas, lo retienen hasta el final de la aventura.

    Puro cine de entretenimiento lleno de acción, aventura, trampas, romance y un fino sentido del humor, se queda a mucha distancia de los clásicos hitchcockianos o de otras producciones en la misma línea como la fenomenal Charada, dirigida por el propio Donen tres años antes y con Cary Grant –primer protagonista para Arabesco, luego caído del proyecto y sustituido por Peck-, Audrey Hepburn o Walter Matthau, entre otros) pero constituye un buen pasatiempo, eso sí, desprovisto de toda profundidad psicológica y carga subconsciente del mago del suspense.



    Título: Arabesque
    Año: 1966
    Duración: 118 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Stanley Donen
    Reparto: Gregory Peck, Sophia Loren, Alan Badel, Kieron Moore, Carl Duering, George Coulouris, Duncan Lamont
    Guión: Julian Mitchell, Stanley Price y Peter Stone
    Música: Henry Mancini
    Fotografía: Christopher Challis
    Producción: Universal

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    ‘Un trabajo en Italia’, comedia de atracos y acción

    El género de atracos es uno de los más encantadores de la filmografía británica, y en este caso combina el ácido sentido del humor habitual con acción, persecuciones y un final sorpresa que deja huella en el espectador. Charlie Crooker (Michael Caine) es un famoso atracador que acaba de salir de la cárcel. Junto a un brillante criminal llamado Bridger (veterano Noel Coward), planifica minuciosamente el robo de cuatro millones de libras esterlinas del interior de un furgón blindado en pleno centro de Turín, mediante la creación de un gigantesco atasco de tráfico y aprovechando la celebración de un crucial partido de fútbol entre un equipo de la ciudad y otro inglés. La película cuenta la minuciosa, vibrante y emocionante ejecución del plan, explayándose sobre todo en la huida con el botín en unas estupendas y simpáticas escenas de acción y persecución en la que el protagonismo lo acaparan tres Minis que vuelven locos a los policías que los persiguen. Los ladrones encuentran más problemas para escapar del país con el botín que para sustraerlo de las narices de la policía, perseguidos a la vez por ésta y por la mafia, y todo desemboca en un final trepidante y muy recordado.La película está narrada en un tono cómico, ligero, sensación mantenida gracias a las interpretaciones de Caine y Coward (sin olvidar a secundarios como el célebre payaso Benny Hill) y sobre todo a las persecuciones, en las que los esperados choques y destrozos salpican unas secuencias bien rodadas desde el punto de vista técnico y con un sustrato igualmente irónico desde lo narrativo.

    Buen producto de entretenimiento en la mejor tradición del cine de atracos que tuvo un ineficaz remake en Hollywood en 2003 protagonizado por Mark Wahlberg, Charlize Theron y Edward Norton, actualizado, devorado por la modernidad, pero de encanto limitado.



    Título: The Italian job
    Año: 1969
    Duración: 100 minutos
    País: Reino Unido
    Director: Peter Collinson
    Reparto: Michael Caine, Noël Coward, Benny Hill, Raf Vallone, Tony Beckley, Rossano Brazzi, Maggie Blye, Irene Handl, John Le Mesurier, Fred Emney, Robert Powell
    Guión: Troy K. Martin
    Música: Quincy Jones
    Fotografía: Douglas Slocombe
    Producción: Paramount

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