Geena Davis, otra actriz diluida en la nada
21 de Agosto de 2008

Junto a Sharon Stone, Geena Davis es el techo intelectual de Hollywood, al menos en cuanto a coeficiente obtenido según las pruebas pertinentes, aunque ello no haya capacitado a la Stone para desterrar de una vez su lamentable costumbre de vestir pieles de animales ni haya servido a Geena Davis, que además es el techo femenino del cine norteamericano (en cuanto a centímetros, queremos decir) para elegir mejor sus trabajos y confeccionarse así una carrera cinematográfica que anda bastante errática, por no decir desaparecida.
Debutante nada menos que en Tootsie de Sydney Pollack (1982), Virginia Elizabeth Davis, pronto se hizo un nombre al trabajar con directores en proyectos que adquirieron rápida y merecida notoriedad. Así sucedió con David Cronenberg en La Mosca (1986) o con Tim Burton en Beetlejuice (1988). A las órdenes de Lawrence Kasdan obtuvo su premio Oscar como mejor actriz de reparto por su personaje adiestradora de perros (y de William Hurt) en El turista accidental, la adaptación del best seller literario de Anne Tyler. Acostumbrada a espaciar sus trabajos, alcanzó la cima del éxito en 1991 con Thelma y Louise, dirigida por Ridley Scott, y con su nominación al Oscar como mejor actriz.
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Naomi Watts, actriz por casualidad
14 de Julio de 2008

Esta actriz australiana de origen británico ha conocido antes el fracaso que el éxito, de ahí que haya sabido aplicar una filosofía práctica a los avatares de su carrera como estrella de Hollywood. Nacida en Inglaterra, su familia, a su vez de origen australiano, se trasladó a Sydney cuando ella tenía ocho años. En sus primeros pinitos como actriz en varias escuelas de interpretación conoció a Nicole Kidman, con quien ha mantenido una estrecha amistad desde entonces. Sin embargo, sus suertes fueron muy dispares al principio. Watts intentó abrirse camino como actriz empezando como modelo occidental en el mercado japonés, pero no lo logró y tuvo que volver a Australia con un doloroso fracaso a cuestas. Tras desempeñar en Australia varios oficios (secretaria, dependienta, redactora de revistas femeninas), el azar en forma de obra de teatro aficionado contribuyó a afianzar su vocación y a ser “descubierta” para la televisión y el cine. Tras una decena de trabajos en el cine australiano y de serie B hollywoodiense (Babe, el cerdito en la ciudad, Los chicos del maíz IV), se dio a conocer al gran público gracias a la perturbadora Mulholland Dr., de David Lynch (2001), sobre todo gracias a su desenvoltura en las tórridas escenas lésbicas de la película, se consagró en el cine comercial con las dos partes de The Ring, de Gore Verbinski (2002 y 2005) y demostró sus excelentes dotes en cine con más carga dramática en 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu (2003) o la estupenda El asesinato de Richard Nixon, de Neils Mueller (2004), ambas junto a Sean Penn.
Como es habitual en Hollywood, intenta combinar ambas facetas, comercial y artística (King Kong, Peter Jackson, 2005; Promesas del este, David Cronenberg, 2007, Funny games, Michael Haneke, 2008) y es ahora, con sus cuarenta años a la vuelta de la esquina, cuando entra en ese proceloso océano de incertidumbre que para las actrices norteamericanas supone entrar en la madurez.
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Holly Hunter, otra actriz damnificada por cumplir años
17 de Junio de 2008

La excelente actriz Holly Hunter es otra de las solventes intérpretes confinadas en la televisión o en horripilante mundo de los telefilmes debido a la escasez de papeles existente en el cine norteamericano para las mujeres de cierta edad que aspiran a personajes de entidad, dotados de una carga emotiva o psicológica importantes, y que son continuamente desplazadas por las “actrices florero” que venden sexo enlatado. Hunter, sin embargo, sigue dando muestras de su calidad en los proyectos televisivos que emprende y ya ha obtenido dos premios Emmy, los “Oscar” de la televisión.
Nacida en Georgia, emigró a Hollywood tras un periplo teatral en Nueva York fruto de un encuentro casual con un productor de teatro en un ascensor averiado. Tras cinco años mendigando pequeños papeles en producciones mediocres, debutó como protagonista en 1987 en Arizona Baby de los hermanos Coen junto a Nicolas Cage y John Goodman. El mismo año entró en la aristocracia de Hollywood por su nominación al Oscar por Al filo de la noticia (Broadcast news), de James L. Brooks, junto a William Hurt, premio que conseguiría en 1993 por su interpretación de una pianista muda casada por poderes que viaja para encontrarse con su esposo en El piano, de Jane Campion, junto a Harvey Keitel y Sam Neil, en la que ella misma interpretaba las piezas musicales, y al que sumaría en esa misma edición su candidatura como actriz de reparto por La tapadera, de Sydney Pollack, adaptación de la novela de John Grisham protagonizada por Tom Cruise y Gene Hackman.
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