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‘Camino a la perdición’ con Tom Hanks y Paul Newman

Sam Mendes superó su celebrado debut con American Beauty gracias a la recuperación con Camino a la perdición del cine negro centrado en el mundo de los gangsters y la mafia de los años treinta. Con una estética depuradísima, una puesta en escena majestuosa y un guión excelentemente construido y fenomenalmente interpretado, la película logra un aspecto monumental, transmite la sensación de que uno está asistiendo a algo grande, aunque en el fondo haya poco novedoso y se sigan a rajatabla los cánones del género aderezados con la inoportuna, siempre limitada y poco atractiva, perspectiva de la mirada de un niño.

Estamos en los años de la Depresión norteamericana, cuando las mafias luchan por hacerse con los negocios sucios provenientes de la Prohibición. La mafia irlandesa trata de sobrevivir ante el empuje de italianos como Capone, y Michael Sullivan (Tom Hanks) es el perro fiel, el matón a sueldo, el asesino despiadado del Sr. Rooney (Paul Newman), el jefe del clan. Sin embargo, sucede algo que convierte a Rooney y Sullivan en enemigos, y éste deberá traicionar su lealtad para proteger a su familia, en una trama que alcanza las cotas de una tragedia griega hacia la traición, la venganza y la supervivencia y que cuenta con el estupendo concurso en personajes de reparto de un fantástico Jude Law y de los eficientes Stanley Tucci, Ciaran Hinds y Daniel Craig antes de ser James Bond.

Melancólica, trágica, contenida, solemne, visualmente majestuosa, no responde, con todo, a la fraudulenta publicidad que colocaba a Tom Hanks por vez primera en un rol de villano dado que, aunque su personaje emplea la violencia es colocado en una posición de superioridad moral, de esa legítima defensa tan grata al público conservador norteamericano por lo que, violento o no, Hanks hace de bueno de la película una vez más.



Título: Road to perdition
Año: 2002
Duración: 119 minutos
País: Estados Unidos
Director: Sam Mendes
Reparto: Tom Hanks, Paul Newman, Jude Law, Jennifer Jason Leigh, Stanley Tucci, Tyler Hoechlin, Daniel Craig, Dylan Baker, Liam Aiken, Ciarán Hinds
Guión: David Self, sobre el cómic de Mark A. Collins y Richard P. Rayner
Música: Thomas Newman
Fotografía: Conrad L. Hall
Producción: Dreamworks / 20th Century Fox

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    ‘Hana-Bi’, las ‘Flores de fuego’ de Takeshi Kitano

    En el Festival de Venecia de 1997 sorprendió esta mezcla de thriller policial e intimista drama de personajes escrito, protagonizado y dirigido por el multidisciplinar Takeshi Kitano y que ofrece una particular versión de la vida de un policía, el inspector Nishi (Kitano) plagada de circunstancias dramáticas: la enfermedad degenerativa de su mujer, el drama de un compañero de trabajo que ha quedado parapléjico a causa de un disparo, el dinero que debe a un grupo de mafiosos y que necesitaba para el tratamiento del mal de su mujer… Asqueado de un trabajo y de un sistema que aparta sin miramientos a quienes ya no le sirven, harto de cruzarse con mafiosos, asesinos y rufianes, cansado de una vida que no puede disfrutar, Nishi elabora un plan radical para cambiar de vida y lo ejecuta contra todos.

    La película huye sin embargo de los tópicos que saturan las películas del género en cinematografías como la norteamericana, y, eso sí, con algunos momentos de brutalidad y violencia explícita quizá innecesarios, aborda la narración desde un punto de vista íntimo, lírico, poético, en el que los silencios elocuentes y la mirada lánguida y desasosegante nos aproximan más al vacío existencial que a una película trepidante de acción, persecuciones, tiroteos y escenas de violencia. Por el contrario, cobran más importancia las historias de los personajes: el policía joven que va a casarse, el soltero que hace lo que quiere con su vida, el impedido que encuentra en el dibujo y la pintura un motivo para querer seguir viviendo, el deseo de disfrutar por parte de Nishi de la compañía de su mujer mientras ésta pueda seguir siendo consciente…

    Una película encumbrada por parte de la crítica y que, si bien no es quizá para tanto, trata desde un punto de vista muy sincero y desnudo una temática a medio camino entre lo dramático y el thriller, en lo que es un aceptable ejercicio por dotar al cine de nuevas perspectivas narrativas.



    Título: Hana-Bi
    Año: 1997
    Duración: 103 minutos
    País: Japón
    Director: Takeshi Kitano
    Reparto: Takeshi Kitano, Kayoko Kishimoto, Ren Osugi, Susumu Terajima
    Guión: Takeshi Kitano
    Música: Joe Hisaishi
    Fotografía: Hideo Yamamoto
    Producción: Office Kitano / Tokio FM

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    ‘88 minutos’, olvidable Al Pacino

    Sin paliativos puede afirmarse que esta película es la peor jamás participada por el gran Al Pacino, actor que siempre es bienvenido a las carteleras como uno de los pocos bastiones que quedan a las actuaciones sobresalientes y que poco a poco se ha ido perdiendo en productos de tercera clase, a los que ni siquiera esta película de John Avnet (otrora buen profesional en The war o Tomates verdes fritos y que pronto estrenará Righteous kill) merece pertenecer.

    Tremendamente poco original en su planteamiento, la necesidad de hallar la identidad de un criminal bajo límite temporal en de forma cuenta atrás (88 minutos) y con amenaza de muerte como penalización, aburre a las ovejas: nada de tensión, nada de emoción, simple retazo de banalidades, lugares comunes y tópicos más propios de serie televisiva que de gran pantalla, y el único reloj interesante para el espectador es el suyo propio para ver cuánto más tiempo debe aguantar tamaña estupidez.

    Resulta complicado encontrar una película con ciertas pretensiones de emoción y de intriga en la que tantas cosas se hayan hecho mal, y quizá ese sea un motivo masoquista para verla. El único aporte serio que Avnet intenta aportar (porque el resto, encaja mejor como una parodia involuntaria para tomarse a chacota con un par de tragos encima) es un pseudo alegato o reflexión en torno a la pena de muerte. Y decimos serio, aunque inconcluso, porque el punto de vista escogido no se sabe si es más tibio o indignante, si sirve a quienes la condenan o justifica a quienes la defienden. La película, en suma, une dos aspectos que el cine jamás debería provocar: aburrimiento e indignación hacia la propia película.

    Web oficial



    Título: 88 minutes
    Año: 2007
    Duración: 103 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Avnet
    Reparto: Al Pacino, Alicia Witt, Amy Brenneman, Leelee Sobieski, Benjamin McKenzie, Deborah Kara Unger, William Forsythe, Neal McDonough
    Guión: Gary S. Thompson
    Música: Ed Shearmur
    Fotografía: Denis Lenoir
    Producción: Universal

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    ‘Última llamada’ para Colin Farrell

    Un antipático publicista neoyorquino (abominable, como casi siempre, Colin Farrell) sufre la extorsión de un lunático francotirador (voz en off de Kiefer Sutherland, realmente lo mejor de la película) mientras se encuentra utilizando una cabina telefónica; si se le ocurre cortar la comunicación, disparará y acabará con él. Esta es la premisa de un guión de Larry Cohen que permaneció más de veinte años durmiendo el sueño de los justos en un cajón de un estudio de Hollywood. Y bien podría haberse quedado en él hasta que alguien discurriera qué poder hacer con el resto de la película y los personajes y no terminar estropeando como Joel Schumacher una buena idea con torpezas reiteradas en este producto de bajísimo presupuesto rodado en doce días.

    Porque la película presume de una profundidad, de un mensaje con contenido trascendente que no tiene. Lo único con algo de gracia ocurre dentro de la cabina: determinadas fases de la conversación, la voz de Sutherland, la cara de caguetas de Farell (sin mérito alguno ya que es un actor que se limita a pasear una única cara por casi todas sus películas, siguiendo el estilo interpretativo “Brad Pitt actor’s studio”)… Lo demás, innecesario, prescindible, superfluo. La supuesta solidez de la historia no es más que una sarta de incoherencias e insensateces acumuladas, sin lógica, verosimilitud ni sentido alguno, y la estética de la película sigue la estela marcada por la MTV en una especie de videoclip de algo menos de hora y media, brevedad que es también una de las mejores notas de la película.

    Pensando en esta trama como propia de un capítulo de Alfred Hitchcock presenta, cabe preguntarse qué hubiera hecho un genio de verdad con este planteamiento y la conclusión parece obvia.



    Título: Phonebooth
    Año: 2003
    Duración: 82 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Joel Schumacher
    Reparto: Colin Farrell, Kiefer Sutherland, Forest Whitaker, Katie Holmes, Radha Mitchell
    Guión: Larry Cohen
    Música: Harry Gregson Williams
    Fotografía: Matthew Libatique
    Producción: Fox 2000 Pictures

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    ‘The game’, divertimento tramposo

    David Fincher, director aparentemente especializado en giros de guión, trampas de argumento y equívocos deliberadamente introducidos con giros de guión a veces muy bien hechos (Seven) y otras chapuceros, cutres e insultantes para la inteligencia (El club de la lucha) nos ofreció en 1997 una entretenida película de intriga, suspense y acción en la que, como suele ser habitual en este tipo de cintas, tras la enorme capa de emoción y desconcierto, se esconde siempre lo mismo: la nada más absoluta. En esta ocasión, Michael Douglas, como de costumbre da vida a un multimillonario, Nicholas Van Orton, que disfruta de una vida plena de bienes materiales pero vacía de sentimientos y emociones. Conrad (Sean Penn), su hermano irresponsable y de vida disoluta, le hace un extraño regalo de cumpleaños: le habla de la existencia de un enorme club de ocio dedicado al diseño de diversiones y pasatiempos personalizados. Van Orton, sin pretenderlo, se verá inmerso en una extraña aventura que termina por amenazar su vida, convirtiendo un juego más o menos realista en una pesadilla que amenaza todo su mundo.

    Con un interpretación convincente de los actores, sobre todo de Douglas, este vibrante divertimento repleto de lujos y despilfarro no va más allá de un más que aceptable producto de entretenimiento que atrapa, inquieta y tiene bien sujeto a una historia que constantemente ofrece continuas sorpresas, giros, cambios, por lo general tramposos y confusos, pero que, con una notable pericia narrativa y un efectivo atractivo visual, interesa y sorprende, aunque, eso sí, lejos de los grandes clásicos de lo que es ya casi el subgénero de las películas con sorpresa (La huella, El golpe, Sospechosos habituales…), puesto que al final todo termina siendo disparatado y convencional.



    Título: The game
    Año: 1997
    Duración: 128 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: David Fincher
    Reparto: Michael Douglas, Sean Penn, James Rebhorn, Deborah Kara Unger, Peter Donat, Carroll Baker, Armin Mueller-Stahl, Spike Jonze
    Guión: Michael Ferris y John Brancato
    Música: Howard Shore
    Fotografía: Harris Savides
    Producción: Polygram

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    ‘Los

    Esta película de Sydney Pollack demuestra su enorme irregularidad como realizador y además plasma la tan usual característica de este tipo de thrillers de intriga política, que no es otra que el hecho de que sus desenlaces no suelen estar a la altura de las expectativas generadas. Previendo el personaje de Jack Ryan que años más tarde creará Tom Clancy, Pollack nos cuenta la historia de un analista y escritor de libros de la CIA (Robert Redford) que por azar descubre unos informes ocultos que revelan actuaciones oscuras de la agencia. Súbitamente, quienes compartían trabajo o amistad con él empiezan a morir o bien a resultar una amenaza para su vida. Sólo una mujer (desaprovechadísima Faye Dunaway en papel de mujer florero intrascendente) le servirá de apoyo.

    La película contiene escenas de notable interés, un punto de tensión e intriga, al menos en su planteamiento, más que interesante, aunque como tantas veces termina buceando en un oasis de previsibilidad en el que tras tantas vueltas con dobles agentes, traiciones, persecuciones y peligros para la seguridad de la democracia occidental, todo se reduce a una mera cuestión de especulación económica. Bien dirigida a ratos, bien interpretada aunque sin alardes, la película es un thriller interesante aunque a estas alturas un tanto tópico, aunque sí apunta una reflexión final que suele exceder las conclusiones que aportan este tipo de películas, y que no es otra que la aceptación por parte de los ciudadanos de actuaciones ilegales, incluso criminales, cuando sirven a un interés político, económico o de seguridad superior. Es decir, ¿estaríamos dispuestos a una vulneración de los principios democráticos si de nuestro interés dependiera? No cabe duda de que este debate es más actual que nunca.



    Título: Three days of the Condor
    Año: 1975
    Duración: 117 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Sydney Pollack
    Reparto: Robert Redford, Faye Dunaway, Cliff Robertson, Max von Sydow, John Houseman, Addison Powell
    Guión: Lorenzo Semple y David Rayfiel sobre la novela de James Grady
    Música: Dave Grusin
    Fotografía: Owen Roizman
    Producción: Paramount

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