‘Desafío en la ciudad muerta’, de John Sturges
10 de Mayo de 2008

El gran director John Sturges daba la medida de su gran capacidad sobre todo en sus películas “menores”, como ésta de 1958, un western que podría calificarse de típico y convencional pero que adquiere dimensión propia gracias a su bien construido guión y a los matices ambiguos, contradictorios y moralmente difusos que caracterizan al dúo cuyo enfrentamiento es la base del drama. La película cuenta la historia de Wade (Robert Taylor), uno de tantos sheriffs que durante sus años más jóvenes se habían situado al otro lado de la ley, y que tras un último trabajo, el robo de un banco, junto a su antigua banda, decidió dejarlo sin revelar al resto de forajidos dónde había escondido el último botín. Sin embargo, leal con su antiguo camarada Clint (Richard Widmark), lo salva de la horca liberándolo de la prisión donde está encerrado. Clint y su banda no creerán compensada la deuda y acosarán a Wade para que les revele el paradero del dinero del atraco.
Western breve pero muy sólido, construido sobre las dobleces de unos personajes atormentados y contradictorios que actúan no con odio o por venganza sino como única salida a sus respectivas vidas encasilladas y tramposas, la película crece realmente con la llegada al pueblo abandonado donde supuestamente se halla enterrado el botín, un pueblo cercado en mitad de territorio indio en el que la amenaza de ataque es tanta como la de destrucción entre Wade y Clint. Es en esos instantes cuando la pericia de Sturges combina el drama psicológico y la acción con el choque de intereses: dinero, conservar la vida ante los indios, el rencor que ha destruido una antigua amistad…
Película menor en una filmografía repleta de grandes obras para un director injustamente olvidado o menospreciado.
Título: The law and Jake Wade
Año: 1958
Duración: 84 minutos
País: Estados Unidos
Director: John Sturges
Reparto: Robert Taylor, Richard Widmark, Patricia Owens, Robert Middleton, Henry Silva, DeForest Kelley, Burt Douglas, Eddie Firestone
Guión: William Bowers, sobre la novela de Martin Albert
Música: Fred Steiner
Fotografía: Robert Surtees
Producción: Metro Goldwyn Mayer
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Steve McQueen: tipo duro del cine de los 60-70
14 de Marzo de 2008

Recordado como uno de los grandes actores de acción de los 60-70, pero no exento de cualidades interpretativas más hondas, comenzó su carrera en el Actor’s Studio de Nueva York gracias a las ayudas que los marines recibían para su reintegración a la vida civil. Terence S. McQueen, su verdadero nombre, se había alistado tras una infancia difícil (abandono paterno, hogar desestructurado, estancia en un orfanato, primera juventud como vagabundo…). Debutó en Broadway en 1955, y muy pronto se introdujo en el cine gracias a varias películas de ciencia ficción de serie B.
Su fama comenzó a labrarse gracias a la televisión, en la que trabajó asiduamente hasta 1958, pero su reconocimiento llegó con Los siete magníficos (1960) y sobre todo, con La gran evasión (1963), ambas del gran John Sturges. A partir de ahí comienza su mejor época: El rey del juego, (Norman Jewison, 1965), Nevada Smith (Henry Hathaway, 1966), El caso de Thomas Crown (Jewison, 1968).
En 1966 logró una nominación al Oscar por su papel de marino americano en El Yang-Tsé en llamas (Robert Wise) y se consagró definitivamente con Bullit, (Peter Yates, 1968) y La huida (Sam Peckinpah, 1972), protagonizada junto a Ali McGraw, una de las dos esposas que tuvo. Como tantas veces ocurre, la acción se le quedaba corta, y en Papillon (Franklin J. Shaffner, 1973), demostró su categoría como actor dramático. Desde entonces, y tras El coloso en llamas (John Guillermin, 1974), restringió sus apariciones en el cine y se concentró en sus otras grandes pasiones, las artes marciales, y sobre todo, las carreras de coches. Su última aparición en la pantalla fue en 1980, año en que murió de un ataque al corazón a causa de la fuerte medicación con que trataba un cáncer de pulmón.
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