El polémico Michel Houellebecq da el salto al cine
19 de Agosto de 2008

El siempre polémico escritor francés Michel Houellebecq ha presentado en el Festival de Locarno (Suiza) la adaptación cinematográfica de su novela La posibilidad de una isla, opera prima como director rodada en la isla canaria de Lanzarote, una de las localizaciones principales de la obra, y en la que ha colaborado nada menos que el pánico Fernando Arrabal en la confección de los diálogos (además de un cameo en su línea de comportamiento habitual). La historia gira en torno a un humorista televisivo que se ve inmerso en una secta de creyentes en la vida eterna y la salvación extraterrestre, los neohumanos, y está narrada a modo de flash back por los futuros y sucesivos clones de este personaje. La crítica social y política, el sexo en abundancia y la filosofía de almacén comparten escenario en esta historia que, también al igual que la novela, ha recibido una acogida bastante fría por la crítica. Houellebecq, sobre quien también se ha proyectado un documental en el Festival, se define como “un ser humano sólo a tiempo parcial” y un seguidor entusiasta de la ciencia ficción y del mundo de los androides y mutantes, una atmósfera que ha impregnado su primer salto a la pantalla.
Además, el Festival de Locarno ha presentado en su 61 edición Choke, una historia sobre un adicto al sexo cuyo mejor amigo es un masturbador compulsivo dirigida por Chuck Palahniuk, autor entre otras de El club de la lucha, llevada a la pantalla por David Fincher con Brad Pitt y Edward Norton como protagonistas. En esta ocasión cuenta con Anjelica Huston en el elenco. También se ha presentado Lezione 21, dirigida por el escritor Alessandro Baricco y protagonizada por John Hurt y Leonor Watling, que vuelven a coincidir tras Los crímenes de Oxford.
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‘Quills’, Geoffrey Rush, Marqués de Sade que seduce a Kate Winslet
25 de Julio de 2008

El acercamiento que Philip Kaufman realizó en 2000 a la controvertida figura del Marqués de Sade resulta un drama de época un tanto frío, sombrío, oscuro y desapasionado, aunque formalmente digno y narrativamente más que aceptable, sobre todo en cuanto al juego psicológico a cuatro bandas que plantea la historia. Kaufman no viaja a la época de esplendor de Sade tan bien retratada por Gonzalo Suárez en su novela Ciudadano Sade, de prisión en prisión a consecuencia de su habitual y libertina forma de comportamiento, del que hacía partícipe a sus criados, amigos y toda dama que cayera en su área de influencia, sino en su época de decadencia durante el Imperio de Bonaparte, encerrado en el asilo de Charenton para deficientes mentales y criminales peligrosos. Allí Sade (excepcional, como casi siempre, Geoffrey Rush), que de deficiente mental, al menos en la acepción vulgar, no tiene nada, se dedica a seguir adelante con sus obsesiones y manías, dando a luz escritos e intentando pervertir a todo aquel que cae en sus redes, como la joven Madeleine (Kate Winslet), una lavandera de la casa, que sufre al mismo tiempo atracción y repulsión por el siniestro personaje, o el Abate Coulmier (Joaquin Phoenix, correctísimo, como siempre), un joven clérigo que padece igualmente las ambigüedades y dardos inmorales del marqués y que poco a poco es conducido a su mundo corrupto, con Madeleine como objeto de deseo. Sin embargo, lo que no pasa de ser una partida dentro del juego de los deseos insatisfechos cobra una dimensión de guerra mental irreversible cuando Napoleón, harto de la irreductible personalidad de Sade, que aun encerrado persiste en publicar sus libelos insultantes y llenos de procacidades, envía a un célebre doctor (Michael Caine) para meterlo en cintura. La rebeldía de Sade será total, la guerra sin cuartel, y todos se verán afectados de un modo u otro.
De magnífica ambientación, con una puesta en escena un tanto lúgubre, como por otra parte debía corresponder a un psiquiátrico del siglo XVIII, la película es un buen ejercicio de lucha psicológica, excelentemente interpretado (quizá el punto más débil sea Winslet) y que realiza una fiel aproximación a los últimos años de un personaje que, como Sade, permanece en el imaginario colectivo. Si bien el resultado final no pasa de ser un mero drama entretenido y sin aportar demasiado, tampoco chirría en exceso ni se dan las típicas incongruencias del cine norteamericano cuando retrata realidades de un pasado ajeno.
Título: Quills
Año: 2000
Duración: 120 minutos
País: Estados Unidos
Director: Philip Kaufman
Reparto: Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Michael Caine
Guión: Doug Wright
Música: Stephen Warbeck
Fotografía: Rogier Stoffiers
Producción: 20th Century Fox (Searchlight)
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Miradas Insumisas, Gays y lesbianas en el cine de Alberto Mira
27 de Junio de 2008

Este libro no trata sobre el cine de gays y lesbianas “evidente”, aquel cuyo argumento se basa en la homosexualidad de alguno de sus protagonistas y en el que se plasma su sexualidad de manera abierta y sin tapujos. Miradas insumisas va un poco más allá de las evidencias y nos descubre esos personajes, esas historias, esas secuencias (algunas históricas) en las que subyace una carga homosexual que tal vez puede pasar inadvertida para las miradas heterosexuales, pero que han alimentado durante décadas los ojos de homosexuales y lesbianas, ávidos de verse reflejados en la pantalla grande.
Así se elabora un completísimo estudio sobre aquellas películas, actores, directores, secuencias y argumentos que permitían a los homosexuales de otros tiempos menos permisivos y no tan lejanos, sentirse reflejados en el cine aunque fuera a base de esconder la mayor parte de su características y dejar a la vista, tal vez, lo menos importante de su humanidad, pero que les servía para hacerse de alguna manera visibles para ellos mismos y su propia comunidad y dejar entrever su realidad al resto de la sociedad.
Y todo ello gracias a la pericia narrativa de aquellos que querían contar su verdad sin ser llevados al patíbulo, que elaboraron un código diferente para salvar la censura, código que no se somete al imaginario tradicional y que nos llega hasta nuestros días en las obras de Almodóvar, Ventura Pons, Todd Haynes, etc…
Un necesario estudio que con sólidos argumentos saca a la luz verdades y realidades que tal vez para nosotros continúen indefinidamente escondidas si no nos decidimos a leer este interesante libro y a revisar después las obras analizadas, que adquirirán un nuevo e interesante significado a través de nuestra recién adquirida mirada insumisa.
Título: Miradas Insumisas, Gays y lesbianas en el cine
Autor: Alberto Mira
Editorial: Egales
Páginas: 610
Precio: 33 euros
Colaboración: Metropolis Libros
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Gonzalo Suárez, remando contra el viento
08 de Marzo de 2008
¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas que viven a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal.
Palabras de Julio Cortázar que definen la extraordinaria personalidad y obra de este atípico escritor, periodista, director teatral, traductor, realizador televisivo, cineasta, e incluso, en su tiempo, redactor de informes sobre futbolistas para el Internazionale de Milán. Con una obra literaria y cinematográfica tan personal, alejada de lo comercial pero con una audiencia pequeña pero fiel y gran reconocimiento por la crítica, Suárez alterna adaptaciones televisivas de obras literarias con la escritura de guiones, la publicación periodística y literaria, y la traslación de su personal visión de la Literatura y del ser humano a un cine a medio camino entre lo puramente literario y lo onírico, permitiéndose en ocasiones retratar sus pasiones más mundanas, como el fútbol.
En su carrera cinematográfica se dan la mano Robert Louis Stevenson, Lord Byron, el mito de Don Juan, Frankenstein, Stefan Zweig con Orson Welles, Fritz Lang o Sam Peckinpah, en una obra que, quizá no siendo apta para todos los públicos, entremezcla los misterios de la creación literaria o cinematográfica con el misterio profundo de la vida y del destino, siempre con una mirada profunda, atenta, reposada y culta, y con una estética depurada, clásica, poética, bellísima, que ha dado filmes imprescindibles como Remando al viento (1987), Epílogo (1984) o rarezas maravillosas como Don Juan en los infiernos (1991), El detective y la muerte (1994) o Mi nombre es sombra (1996).
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