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Estreno de “Las horas bajas de Max Plana” (”Las hores baixes de Max Plana”)

El pasado 28 de marzo se estrenó en Vilafranca del Penedés (Barcelona) Les hores baixes de Max Plana, de Pep Puig, tragicomedia coral que explora las relaciones entre los libros, la lectura y el ser humano y cuyo proceso de rodaje ha tenido lugar fuera de circuitos de producción y distribución habituales, lo cual concede un mérito especial a quienes han intervenido en ella y da buena muestra de que ese otro cine, el no anunciado en televisión, el que todavía mueve a procupaciones artísticas y a deseo de comunicar ideas y pensamientos a través de imágenes y personajes de ficción, aún existe y que no todo está perdido. Pep Puig, su director, ha tenido la amabilidad de conceder a este blog una breve entrevista donde nos habla de su película, sus gustos como creador y espectador de cine, y sobre la situación del cine en Cataluña y del cine rodado en catalán.

CINISSIMO: ¿Cómo y cuándo surge tu gusto por el cine, por la actuación y la dirección?

PEP PUIG: La afición por el cine me viene de muy pequeño. De eso hace ya unos 40 años, cuando iba a las sesiones dobles de mi pueblo, La Llacuna (Barcelona), cuando era habitual que en los pueblos hubiera cine y en nuestras casas todavía no había entrado la televisión. La sesión de cine en “Ca l’Americano”, así se llamaba el centro recreativo del pueblo, era uno de los acontecimientos más esperados de la semana… Maciste el invencible, Fu Manchú, El Zorro, El conde Drácula… En lugar de 40 parece que hayan transcurrido 200 años.

Sobre mi gusto por la dirección y la actuación he de decir que es bastante posterior. Estoy hablando aproximadamente de principios de los 80. Surge, como pasa muchas veces, por accidente o, mejor dicho, como una forma de entretenimiento que tenía que ser la réplica a otras formas de entretenimiento que se repetían una semana sí y otra también en mi querido pueblo (fútbol y discoteca). Ese primer experimento “cinematográfico” culminó, tras cinco años de lucha, en mi primer largometraje (a día de hoy impresentable) llamado Qui la fa, la paga (algo así como “ojo por ojo, diente por diente”). A pesar de que no puedo enseñarlo en ninguna parte, Qui la fa, la paga me ha servido para ver que eso del cine es muy complicado y que los pocos recursos se suplen con imaginación y paciencia. Mucha paciencia. A partir de ese momento, dejé de entender el cine como un entretenimiento y empecé a pensar en el cine como un oficio. Así me pasé unos cuantos años mientras trabajaba en otras cosas y durante ese tiempo, en los ratos libres intentaba ejercer de cineasta con una clara voluntad profesional y cinematográfica. Un día, concretamente el 1 de noviembre de 2004, dejé definitivamente después de 10 años mi último oficio, el de librero. Ahora me dedico al mundo del audiovisual (no sé hasta cuando) y he estrenado el largometraje Les hores baixes de Max Plana.

C: ¿Cuáles son tus mayores influencias cinematográficas? ¿Qué director o directores son los que más tienen que ver contigo?

PP: Siempre es difícil responder a este tipo de preguntas. Para mi el mejor lugar para aprender de cine es en las salas de cine, viendo películas. Mi cabeza se ha ido llenando de películas buenas y de malas películas porque de ellas también se aprenden cosas que uno nunca debe hacer. Puede que incluso una mala película, aunque sea por accidente, contenga una buena escena. Evidentemente es más recomendable ir a ver directamente buenas películas. Quiero decir con ello, y volviendo a la pregunta, que cuando se hace una película o se escribe una novela por ejemplo, siempre se está citando, consciente o inconscientemente. Yo a veces sé a quien cito y otras no. El subconsciente trabaja por su cuenta. A mí me gustaría, aunque sea una entelequia, que los directores que más tienen que ver conmigo fueran Alfred Hitchcock, Federico Fellini, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Billy Wilder y Orson Welles. Pero eso es imposible.
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    ‘Saraband’, la gran despedida de Ingmar Bergman

    Rodada en vídeo digital, Bergman incumplió su palabra de dejar el cine para ofrecernos en 2003 una última maravilla, su testamento definitivo sobre el alma humana y los traumas, tormentos, silencios, anhelos, deseos, sueños, rencores, temores y odios que, junto a la búsqueda inútil de la trascendencia y de lo divino, esconde el espíritu de un hombre que se acerca a la muerte. Bergman, más que nunca, se desnuda sin pudor ni recato ante el público en lo que constituye una magistral despedida.

    Contada en diez episodios con prólogo y epílogo, cuenta la visita que Marianne (espléndida Liv Ullmann) realiza a su antiguo marido, Johan (genial Erland Josephson, que se reencuentra con Ullmann tras Secretos de un matrimonio), del que se divorció décadas atrás. Marianne asiste como espectadora a las difíciles relaciones de Johan con Henrik, su hijo de un matrimonio posterior, y Karin, su nieta. Con estos cuatro personajes magníficamente interpretados, Bergman habla de la incomunicación, del ansia de posesión, del odio entre seres queridos y la imposibilidad del amor pleno. Pone sobre la mesa, de forma desesperanzada, los rencores, miserias y humillaciones (incluyendo perversidades como el incesto) que presiden las relaciones humanas, donde no cabe el perdón ni la piedad, donde reinan la tristeza, la culpabilidad y la amargura.

    Bergman da un recital visual en el modo en que, con breves primeros planos, logra captar de forma eficaz las reacciones anímicas de los personajes, da la vuelta a sus máscaras y refleja la verdad de sus sentimientos ante el espectador, que asiste a la propia identificación del genio sueco con todos esos complejos dibujados en los rostros como plasmación del misterio de sus almas atribuladas.

    Película desnuda, de escenografía mínima cercana a lo teatral, con diálogos punzantes, de guión soberbio, Bergman deposita sus últimos resquicios de optimismo en la juventud, en la estudiante de violoncelo que busca su futuro lejos de todo, en el anhelo de una felicidad y una paz interior que los demás personajes (y el propio director) no han encontrado. Bergman vuelve a los temas que siempre le han obsesionado y muestra su propia frustración a las puertas de la muerte, dándose por vencido y reconociendo lo infructuoso de esa búsqueda, resignado, apagado.



    Título: Saraband
    Año: 2003
    Duración: 120 minutos
    País: Suecia
    Director: Ingmar Bergman
    Reparto: Liv Ullmann, Erland Josephson, Börje Ahlstedt, Julia Dufvenius
    Guión: Ingmar Bergman
    Música: Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms
    Fotografía: Stefan Eriksson, Jesper Holmström
    Producción: Sveriges Television

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