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Homenaje a Bertrand Tavernier en el Festival de Cine de Huesca

Entre el 5 y 14 de junio, Huesca celebra su consolidado festival de cine, un punto de referencia imprescindible sobre todo en lo que a los cortometrajes se refiere, sobre todo desde que Hollywood considera al Festival como puente para las nominaciones a los Oscar. En esta edición, además, se ha homenajeado al director francés Bertrand Tavernier, con la entrega del galardón honorífico Luis Buñuel y con las proyecciones, entre otras, L’Appat y La Pequeña Lola, durante un acto al que ha asistido el propio cineasta, autor de obras como La muerte en directo, El relojero de Saint Paul o Capitán Conan, y reconocido por el comité del festival como “un cineasta singular” y “un maestro comprometido con los problemas sociales, políticos, humanos y psicológicos de su tiempo”.

Otros homenajeados en la edición de 2008 son la veterana actriz Mariví Bilbao, el documentalista británico Humphrey Jennings, cuyas filmaciones de la vida cotidiana de la retaguardia británica son clásicos del cine documental, el cortometrajista norteamericano Larry Jordan, o el impulsor del Festival de Huesca, José María Escriche, recientemente fallecido.

En la fase de concurso, en sus distintas secciones (iberoamericana, premios internacionales y documentales, en esta sección con el estreno de La bolsa de Bielsa, documental de Aragón Televisión sobre ese episodio de la guerra civil española) podrán verse más de cien trabajos de todo el mundo. Como acompañamiento, la Muestra de Cine Europeo contiene trabajos de Ermanno Olmi, Claude Chabrol o el checo Jiri Menzel.


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    Estreno de “Las horas bajas de Max Plana” (”Las hores baixes de Max Plana”)

    El pasado 28 de marzo se estrenó en Vilafranca del Penedés (Barcelona) Les hores baixes de Max Plana, de Pep Puig, tragicomedia coral que explora las relaciones entre los libros, la lectura y el ser humano y cuyo proceso de rodaje ha tenido lugar fuera de circuitos de producción y distribución habituales, lo cual concede un mérito especial a quienes han intervenido en ella y da buena muestra de que ese otro cine, el no anunciado en televisión, el que todavía mueve a procupaciones artísticas y a deseo de comunicar ideas y pensamientos a través de imágenes y personajes de ficción, aún existe y que no todo está perdido. Pep Puig, su director, ha tenido la amabilidad de conceder a este blog una breve entrevista donde nos habla de su película, sus gustos como creador y espectador de cine, y sobre la situación del cine en Cataluña y del cine rodado en catalán.

    CINISSIMO: ¿Cómo y cuándo surge tu gusto por el cine, por la actuación y la dirección?

    PEP PUIG: La afición por el cine me viene de muy pequeño. De eso hace ya unos 40 años, cuando iba a las sesiones dobles de mi pueblo, La Llacuna (Barcelona), cuando era habitual que en los pueblos hubiera cine y en nuestras casas todavía no había entrado la televisión. La sesión de cine en “Ca l’Americano”, así se llamaba el centro recreativo del pueblo, era uno de los acontecimientos más esperados de la semana… Maciste el invencible, Fu Manchú, El Zorro, El conde Drácula… En lugar de 40 parece que hayan transcurrido 200 años.

    Sobre mi gusto por la dirección y la actuación he de decir que es bastante posterior. Estoy hablando aproximadamente de principios de los 80. Surge, como pasa muchas veces, por accidente o, mejor dicho, como una forma de entretenimiento que tenía que ser la réplica a otras formas de entretenimiento que se repetían una semana sí y otra también en mi querido pueblo (fútbol y discoteca). Ese primer experimento “cinematográfico” culminó, tras cinco años de lucha, en mi primer largometraje (a día de hoy impresentable) llamado Qui la fa, la paga (algo así como “ojo por ojo, diente por diente”). A pesar de que no puedo enseñarlo en ninguna parte, Qui la fa, la paga me ha servido para ver que eso del cine es muy complicado y que los pocos recursos se suplen con imaginación y paciencia. Mucha paciencia. A partir de ese momento, dejé de entender el cine como un entretenimiento y empecé a pensar en el cine como un oficio. Así me pasé unos cuantos años mientras trabajaba en otras cosas y durante ese tiempo, en los ratos libres intentaba ejercer de cineasta con una clara voluntad profesional y cinematográfica. Un día, concretamente el 1 de noviembre de 2004, dejé definitivamente después de 10 años mi último oficio, el de librero. Ahora me dedico al mundo del audiovisual (no sé hasta cuando) y he estrenado el largometraje Les hores baixes de Max Plana.

    C: ¿Cuáles son tus mayores influencias cinematográficas? ¿Qué director o directores son los que más tienen que ver contigo?

    PP: Siempre es difícil responder a este tipo de preguntas. Para mi el mejor lugar para aprender de cine es en las salas de cine, viendo películas. Mi cabeza se ha ido llenando de películas buenas y de malas películas porque de ellas también se aprenden cosas que uno nunca debe hacer. Puede que incluso una mala película, aunque sea por accidente, contenga una buena escena. Evidentemente es más recomendable ir a ver directamente buenas películas. Quiero decir con ello, y volviendo a la pregunta, que cuando se hace una película o se escribe una novela por ejemplo, siempre se está citando, consciente o inconscientemente. Yo a veces sé a quien cito y otras no. El subconsciente trabaja por su cuenta. A mí me gustaría, aunque sea una entelequia, que los directores que más tienen que ver conmigo fueran Alfred Hitchcock, Federico Fellini, Ingmar Bergman, Luis Buñuel, Billy Wilder y Orson Welles. Pero eso es imposible.
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    Paco Rabal en el Centro Buñuel de CalandaEl pasado 20 de marzo se inauguró en el Centro Buñuel de Calanda (Aragón) la exposición Paco Rabal, el actor y el hombre, producida por AISGE, el Centro Buñuel de Calanda, y su esposa, Asunción Balaguer, que estuvo presente, junto a los actores José Manuel Cervino y Mario Pardo en el acto de apertura (estaba prevista la presencia de Liberto Rabal, pero no pudo asistir finalmente). La exposición, que podrá visitarse en la localidad turolense hasta el próximo 18 de mayo, hace un recorrido por la vida y obra de este genial actor, imprescindible dentro de la cinematografía española y europea.

    Con su actuación en más de 200 películas, Paco Rabal es un actor imprescindible para la cinematografía europea, un actor que supo suplir la falta de formación sin renunciar a sus orígenes humildes, que encontró en la poesía y en la literatura, tanto como en la vida y en los amigos, la sustancia con la que dar vida a los personajes que iba interpretando, apoyado en su familia y sin renunciar a su compromiso político de izquierdas, mejorando, poco a poco, hasta alcanzar en sus últimas interpretaciones la cima de su carrera, a la vez que se convertía en uno de los mejores actores europeos.

    Con el rodaje de La grande strada azzurra (Gillo Pontecorvo, 1956) comenzará a actuar en el extranjero, mientras va consolidando su carrera como un actor versátil y profesional que le llevará a trabajar con muchos de los principales directores españoles y europeos.

    Con Luis Buñuel protagonizó en 1959 Nazarín rodada en México, país en el que Buñuel vivía exiliado. Durante el rodaje de esta película, surgirá una amistad que durará toda la vida. Luego actuará en Viridiana, premiada en el Festival de Cannes, y en Belle de jour.

    Premiado en Cannes por su actuación en Los Santos Inocentes de Mario Camus, Azarías y su “milana bonita” dejó en el público una huella inolvidable. Al igual que su recreación del genial pintor aragonés en Goya en Burdeos de Carlos Saura, obras que dan cuenta de la gran carga de humanidad con que Paco Rabal construye los personajes en su prolífica etapa de madurez.

    El gran actor falleció mientras volaba de vuelta tras recibir un homenaje en el Festival de Montreal. Era el 29 de agosto de 2001.


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    Finaliza en Nueva York el rodaje de ‘El último guión. Buñuel en la memoria’

    Tras filmar en México y Los Angeles en las últimas semanas, Javier Espada y Gaizka Urresti han dado por finalizado el proceso de grabación del documental que honrará la memoria del gran realizador con una sesión de rodaje en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), donde trabajó a su llegada a EEUU. Acompañado por uno de los hijos del célebre aragonés, Juan Luis, quien narra sus recuerdos en este film junto al que fuera guionista y amigo de su padre, Jean Claude Carriere, el equipo de la película siguió la sombra de Buñuel en la Gran Manzana, donde inició su exilio en 1938.

    ‘Recuerdo la imagen de los edificios del bajo Manhattan que vimos desde el barco cuando llegábamos a Nueva York’, explicó el hijo del director, quien rememoró la vida como ‘republicanos refugiados’ que experimentó la familia Buñuel en la ciudad de los rascacielos. Juan Luis Buñuel reconoció que, al ser aún un niño, no fue consciente del drama del exilio que vivió su familia, pero que, con el paso del tiempo, se dio cuenta de ‘la época dura’ que pasaron. ‘Yo era un niño feliz, porque iba a la escuela y tenía amigos, pero lo cierto es que tuvimos que vivir en un apartamento pequeño de una sola habitación, en el que la cama se metía en la pared’, recordó Juan Luis, quien ha presenciado el rodaje de la cinta tanto en España, Francia, México, como ahora en EEUU. ‘Esta fue una época negra para Buñuel, en la que no pudo dirigir ni una sola película’, asegura Gaizka Urresti, quien explicó que el cineasta llegó a tierras estadounidenses para trabajar en proyectos de defensa del bando republicano, pero que, ante el triunfo de Franco, no prosperó en Hollywood.

    Ese hecho dejó a Buñuel en Nueva York, donde aún hoy se pueden recorrer los pasos que dio el cineasta, además de en el MOMA, en el que trabajó unos años, en el centenario Hotel Plaza (convertido hoy en apartamentos de lujo), en cuyo bar solía tomar el aperitivo, o en el barrio del Upper East Side, donde residió auspiciado por el escultor Alexander Calder. ‘Gracias a Calder, muy comprometido con los españoles exiliados, pudimos mudarnos a un apartamento más cómodo. Le debemos mucho a él’, dijo Juan Luis Buñuel, quien también recordó cómo el pintor Salvador Dalí se negó a prestarle a su padre cincuenta dólares para pagar el alquiler. Esta anécdota neoyorquina quedará plasmada en la película, no sólo gracias al relato de Juan Luis, sino también a la exposición que se hará de la carta que Dalí envió a Buñuel negándole el préstamo y a la que no se había tenido acceso hasta ahora. ‘Dalí y Buñuel rompieron su amistad en Nueva York. La razón no fue que no le dejara el dinero sino que Buñuel tuvo que dejar su empleo en el MOMA después de que Dalí lo describiera como ateo y comunista en sus memorias’, explicó el otro director del film, Javier Espada.

    Espada, quien define la cinta ‘una aventura’ en la que se recuerda a ‘una persona clave en la historia del cine del siglo XX’, aseguró que el genio aragonés fue ‘una de las primeras víctimas de la caza de brujas que se estaba empezando a gestar en EEUU’. ‘Ha sido muy importante el paso del equipo de la película por México, donde Buñuel tuvo la oportunidad de rodar grandes películas y recuperar una profesión que no pudo ejercer en EEUU’, ahondó el director.

    Los directores, que han incluido en la cinta multitud de materiales inéditos del cineasta, esperan tener lista la película para estrenarla coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Luis Buñuel, que se cumplirá el próximo 29 de julio.


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    Luis Buñuel + Sergio Leone + Clint Eastwood = Infierno de cobardes

    Si Luis Buñuel hubiera filmado un western probablemente se hubiera parecido a la segunda película como director de Clint Eastwood, estupenda combinación entre western surrealista y película de terror gótico para la que el director californiano adaptó el pistolero harapiento y sin nombre que había interpretado para Sergio Leone a una historia que anda a medio camino entre Solo ante el peligro y la “Trilogía del Dólar” del director italiano.

    Como en la película de Zinnemann, la ciudad de Lago se halla temerosa por la llegada de tres forajidos recién salidos de prisión que prometen venganza. Para protegerse, acuden a un vagabundo que surge de entre las arenas del desierto y va a parar a la ciudad (Eastwood, una vez más en su papel de “enviado” por la providencia, como el El jinete pálido), que es una especie de vengador justiciero llegado allí para ayudar a los miserables que ni siquiera defendieron a su sheriff de una paliza.

    Eastwood, que exhibe su violencia y su ironía habituales (de hecho en las lápidas del cementerio pueden verse nombres de difuntos como Sergio Leone, Don Siegel o Brian G. Hutton), ofrece un raro western en el que la violencia se combina con escenas surrealistas (la extraña fiesta, el nombramiento de un nuevo sheriff tan poco “típico”, el hecho de pintar la ciudad completamente de rojo y cambiar su nombre por el de “Infierno”…). La llegada de Eastwood como “ángel vengador” termina siendo no sólo el brazo de la ley que acaba con los forajidos, sino que castiga también a los pusilánimes y vendidos habitantes del pueblo, consumido en el fuego purificador.

    En su segunda obra como director, Eastwood ofrece una película visualmente impactante, brutalmente violenta, terrorífica y tremendamente divertida al mismo tiempo, y que en el fondo incluso puede leerse como parodia de los papeles de pistolero anónimo que había hecho en sus westerns hispanoitalianos.



    Título: High plains drifters
    Año: 1972
    Duración: 105 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Clint Eastwood
    Reparto: Clint Eastwood, Verna Bloom, Marianna Hill, Mitch Ryan, Walter Barnes, Geoffrey Lewis
    Guión: Ernest Tidyman
    Música: Dee Barton
    Fotografía: Bruce Surtees
    Producción: Malpaso

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    Ensayo de un crimen

    Filmada en 1955, esta extraña película a medio camino entre la comedia negra y el drama psicológico vuelve a compendiar los traumas y obsesiones del cineasta aragonés Luis Buñuel.

    Basada en la novela de Rodolfo Usigli y con una atmósfera entre el subconsciente y lo onírico, nos cuenta la historia de Archibaldo de la Cruz, un joven burgués que se acusa ante un juez de ser responsable de una serie de asesinatos cometidos a lo largo de su vida. Partiendo de una estructura de flash-back, Archibaldo, interpretado de forma convincente por el recientemente fallecido Ernesto Alonso, relata un detallado informe sobre su carrera criminal, la cual tiene una particularidad que la diferencia de otras: asesino vocacional, es además, sin embargo, autor material frustrado. Porque lo que caracteriza la vida criminal de Archibaldo de la Cruz es que, según él, mata con el pensamiento. Le basta desear la muerte de una mujer para que ésta pierda la vida por alguna causa ajena a sus planes homicidas y antes de que él pueda llevar a efecto su criminal objetivo. No obstante, siente su responsabilidad última en los designios que llevan a esas mujeres a la muerte, y por tanto su conciencia sí es la de un asesino atormentado.

    Ensimismado, inmerso en un mundo propio y retraído desde niño, Archibaldo presenta ya desde la infancia un cuadro psicológico con tendencia a los pensamientos obsesivos de índole fetichista (por ejemplo, disfrutando cuando se viste con las ropas o se calza los zapatos de su madre, o casi cautivo del sonsonete de una vieja caja de música por la que siente una irresistible atracción) que derivarán en un culto a la muerte a partir de un desgraciado suceso al que asiste. Leer el resto de este artículo »



    Título: Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz)
    Año: 1955
    Duración: 89 minutos
    País: México
    Director: Luis Buñuel
    Reparto: Ernesto Alonso, Miroslava Stern, Ariadne Welter, Rita Macedo, Andrea Palma
    Guión: Luis Buñuel y Eduardo Ugarte sobre la novela de Rodolfo Usigli
    Música: Jorge Pérez
    Fotografía: Agustín Jiménez
    Producción: Alianza Cinematográfica

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