¿Qué pudo pasarle a William Friedkin?
21 de Marzo de 2008

El ‘caso Friedkin’ es uno de los auges y desplomes más extraños de la Historia del cine. Surgido prácticamente de la nada, de un éxito entre la crítica con Los chicos de la banda (The boys in the band, 1970), obtuvo todos los Oscar principales (película, director, guión, actor) por su siguiente película, la extraordinaria French Connection (Contra el imperio de la droga, 1971), y se inmortalizó para los restos con su tercera obra, El exorcista, mítico film de terror. A partir de ahí, cuatro años hasta el rodaje de su siguiente proyecto, Carga maldita (remake de la obra maestra El salario del miedo, de Clouzot), y desde entonces más remakes (como 12 Hombres sin piedad, el clásico de Lumet protagonizado por Henry Fonda, filmado de nuevo con Jack Lemmon), thrillers de acción (entre ellos La presa, de 2003, Reglas de compromiso, de 2000), algunas incursiones desastrosas en la comedia (El contrato del siglo, de 1983) y vanos intentos de profundizar en el thriller erótico, la senda abierta por Paul Verhoeven y su Instinto básico con Jade (1995).
¿Qué pudo pasarle a este hombre? Su cine, incluso sus peores thrillers (dejemos aparte sus intentos en la comedia), no carece de interés, con momentos notables, logrados, aunque sean tópicos o manidos, y siempre consigue acompañarse de repartos impresionantes (gente como Al Pacino, Gene Hackman, Fernando Rey, Roy Scheider, Gena Rowlands, Jack Lemmon, Francisco Rabal, Peter Falk, Sigourney Weaver, Willem Dafoe, Tommy Lee Jones, Nick Nolte…). Sus tres primeras obras son extraordinarias, y por tanto no podemos hablar de que sonara la flauta por casualidad. Es decir, que el tipo sabe lo que es el cine y sabe hacerlo bien. ¿Le afectó acaso su breve matrimonio con Jeanne Moreau? ¿Perdió la mano? Se admiten hipótesis.
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Cuento de hadas generacional: ‘La princesa prometida’
09 de Marzo de 2008

Esta fantasía con mala leche compuesta por Rob Reiner, aúna la siempre eficaz historia fantástica con la ironía y un fino sentido del humor. Un niño enfermo (Fred Savage), recibe la visita de su abuelo (Peter Falk), quien, para entretenerlo, y pese a sus reticencias, le empieza a leer un cuento fantástico sobre el imaginario reino de Florin, donde el príncipe Humpedinck (Chris Sarandon) ha raptado a la bella Buttercup (Robin Wright) para casarse con ella por la fuerza, separándola de su amado, un pobre labriego que no es nadie (Cary Elwes), quien se convertirá para rescatarla en un híbrido entre El Zorro y Artagnan.
Hasta la fecha sigue siendo el mejor intento por llevar a la pantalla con seres de carne y hueso fantasías animadas modelo Disney, con personajes dibujados con extraordinaria imaginación y un encanto repleto de cinefilias (Íñigo Montoya recuerda directamente las caracterizaciones de Gene Kelly como espadachín, por ejemplo, o Billy Crystal anda a medio camino entre el hamletiano Yorick y Marty Feldman). La extraordinaria imaginación con la que la película es concebida, el desarrollo de los personajes, y el tono amable de la película, la convirtieron en un icono generacional reconocible para todos los que estaban en la preadolescencia en 1987, si bien en la actualidad el resultado da claras muestras de envejecimiento.
Mención especial para la música de la película, a cargo del líder de Dire Straits Mark Knopfler y del inclasificable Willy Deville, todo un récord de ventas en su momento y que no resulta hoy tan obsoleta como la película a la que pertenece.
Título: The princess bride
Año: 1987
Duración: 98 minutos
País: Estados Unidos
Director: Rob Reiner
Reparto: Cary Elwes, Robin Wright, Chris Sarandon, Fred Savage, Peter Falk, Billy Crystal
Guión: William Goldman, sobre su propia novela
Música: Mark Knopfler, Willy Deville
Fotografía: Adrian Biddle
Producción: Buttercup, Act III
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