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En 1984 la película de Wes Craven Pesadilla en Elm Street, protagonizada por el “lagarto Juancho” razonable y más humano que los humanos de la famosa serie de alienígenas invasores V, Robert Englund, como monstruo de uñas largas que atemorizaba los sueños de un grupo de jóvenes pijos (entre ellos Johnny Depp), alcanzó tanta notoriedad que dio inicio a una de esas interminables y cada vez más absurdas sagas tan queridas al cine de terror, una de esas en las que cada nueva entrega supera a la anterior en excéntricos giros, incongruencias y mucho patetismo.

El propio Englund (al que no se le conoce ningún otro trabajo que merezca relevancia alguna, como él mismo sabe y reconoce, no hay más que ver su web) es quien está detrás del intento de recuperación de esta saga, dentro de la actual moda de resucitar trilogías y tetralogías ya agotadas para el público que no las vivió en su momento y con la constante amenaza de desvirtuarlas a los ojos de quienes sí las disfrutaron. Con Michael Bay en la financiación, un maestro en el cine banal y superfluo, parece que será Billy Bob Thornton el encargado de dar vida (es un decir) a Freddy Krueger, el ser desfigurado vestido con sombrero y jersey a rayas y dotado de unas afiladas garras, que se encarga de amargar las noches a los jovenzanos de la calle Elm, y el otrora prometedor y hoy irrelevante John McNaughton su director.

Este remake entraría en una estrategia por la recuperación de los antiguos clásicos de terror de la casi hundida New Line Cinema a fin de intentar reflotar la compañía, casi en banca rota, táctica a la que pertenece la nueva versión estrenada no hace mucho de La matanza de Texas y la próxima nueva entrega de la saga Viernes 13. En el caso de Pesadilla en Elm Street, se trataría de una precuela que nos contaría, como si nos importara, el origen de los males de Freddy Krueger. Un proyecto concebido y orientado a la recaudación para revitalizar una compañía y una saga de ocho películas, una serie televisiva y una inagotable mercadotecnia a la Michael Bay cree poder ordeñar todavía más.


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    ‘Ford Fairlane’: pésimo cine, risa garantizada

    Antecedente directo del cine cutre, machista, descerebrado, vulgar, zafio y de humor de trazo grueso que Santiago Segura ha contribuido a popularizar con su saga Torrente, Las aventuras de Ford Fairlane constituye uno de esos raros casos en los que una película contiene todas las notas para provocar el vómito en el espectador (la matrícula del coche de la foto lo dice todo), y sin embargo, ya sea por desesperación o por conexión subterránea con el mundo un tanto particular en el que transcurre, goza de gran éxito entre cinéfilos de todo el planeta, hasta el punto de ser considerado en algunos foros como clásico de culto, a pesar de su abierta misoginia, de las pésimas interpretaciones, de una puesta en escena de serie Z (y porque no hay más letras), su trama demencial y a que quizá sea la cinta que más lenguaje malsonante contiene en su guión, dejando a Quentin Tarantino reducido a la categoría de niño cantor de Viena.

    Absurda, ridícula, infame, abominable, y sin embargo, la historia del chulesco detective cuya plácida existencia entre estrellas del rock y groupies calentonas y tuneadas da un giro cuando una celebridad del rock muere asesinada en el escenario, funciona. Como motivo para el descojone continuo gracias a su estupidez, su humor entre genial y estúpido, sus diálogos entre repugnantes y (toda una sorpresa) cómicamente lúcidos y sin que importe lo más mínimo el cúmulo de idioteces supinas que se suceden en el metraje, pero funciona.

    Lauren Holly y Priscilla Presley son los bustos parlantes de la cinta, con Robert Englund, el ‘Freddy’ de Pesadilla en Elm Street como actor más reconocible entre los secundarios, pero el protagonismo total es para Andrew Dice Clay (encasillado para siempre en ese personaje y doblado magistralmente, tanto que mejora al original, en la versión española por Pablo Carbonell, no perdérselo) como el detective rockanrolero con tupé y chupa de cuero en una parodia evidente del John Travolta más lamentable que, a los mandos de su mítico Ford va sembrando la ciudad de su ironía casposa haciendo apología del mundo friki. Sin embargo, para muchos adolescentes de principios de los noventa, este pestiño de Renny Harlin (Pesadilla en Elm Street 4, La jungla de cristal 2, Máximo riesgo, Memoria letal, Deep blue sea, El exorcista: el comienzo, entre otras perlas), es una auténtica obra de culto que ha impregnado en la memoria colectiva.



    Título: The adventures of Ford Fairlane
    Año: 1990
    Duración: 104 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Renny Harlin
    Reparto: Andrew Dice Clay, Wayne Newton, Priscilla Presley, Lauren Holly, Maddie Corman, Gilbert Gottfried, David Patrick Kelly, Robert Englund, Ed O'Neill
    Guión: James Cappe, David Arnott y Daniel Waters
    Música: Billy Idol
    Fotografía: Oliver Wood
    Producción: 20th Century Fox

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