Alan Rickman, otro actor inglés de categorÃa
13 de Junio de 2008

Como muchos otros actores ingleses, Alan Rickman posee una formación teatral envidiable (además es director de la Royal Academy of Dramatic Art) y está especializado en el repertorio de Shakespeare, aunque la mayor parte del público lo conozca sólo por ser uno de los habituales en la saga Harry Potter. De origen muy humilde y siendo muy discreto en su vida personal (lleva viviendo treinta años con la misma mujer, sin estar casados), su currÃculum profesional es heterogéneo, largo y de calidad contrastada, salpicando sus interpretaciones en el teatro con cine de autor y con pelÃculas comerciales.
Tras dos décadas en el teatro, debutó en el cine con La jungla de cristal (1989), de John McTiernan, en lo que fue su desembarco en el cine más popular, senda continuada después con cintas como Harry Potter, Robin Hood (como sheriff de Nottingham, papel que le valió un premio BAFTA), con varias comedias ligeras (Héroes fuera de órbita, Love Actually, Éxito por los pelos), todo ello combinado con la interpretación en cine más personal, como en Sentido y sensibilidad (Ang Lee, 1995), Ciudadano Bob Roberts (Tim Robbins, 1992), Michael Collins (Neil Jordan, 1996), Dogma (Kevin Smith, 1999), El perfume (Tom Tykwer,2006) o Sweeny Todd (Tim Burton, 2008). Además, en 1997 dirigió y protagonizó su único proyecto tras la cámara, El invitado de invierno.
Rickman posee un gran dominio de la escena, maneja a la perfección los recursos de su voz (mejor ver sus pelÃculas en versión original, el doblaje resta credibilidad y perfección a sus creaciones) y posee un fÃsico y un carisma que lo convierten en un actor apto para una gran diversidad de papeles, encontrándose en su salsa en terrenos como la ironÃa, el sarcasmo o incluso la amargura más despiadada.
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Sean Bean, los tipos duros no bailan
22 de Mayo de 2008

El cine moderno con su idolatrÃa por el thriller y el cine acción condena en ocasiones a actores más que solventes a ceñirse a personajes planos, sin matices ni recovecos, que limitan casi totalmente sus posibilidades dramáticas, o bien como desahogo les obligan a participar en comedias para encefalogramas planos en las que los personajes oscilan entre lo patoso y el mal gusto, con muy pocas excepciones. Es el caso de Sean Bean, actor inglés encasillado en personajes de villano duro en oposición al héroe de la pelÃcula, un profesional formado en la Royal Academy of Dramatic Art británica y que prácticamente interpreta siempre a mercenarios, asesinos, agentes secretos o tipos duros.
Tras varios pequeños papeles en pelÃculas británicas desde 1984, su rostro se hizo popular gracias a su papel antagonista de Harrison Ford en Juego de patriotas (Philip Noyce, 1992) y sobre todo por ser el malvado y traidor agente británico de Goldeneye (Martin Campbell, 1995), frente a Pierce Brosnan. Ronin (1998), de John Frankenheimer, y sobre todo El Señor de los Anillos – La comunidad del anillo (Peter Jackson, 2001), además de La isla (Michael Bay, 2005), junto a Ewan McGregor y Scarlett Johansson, son sus otros papeles más recordados, junto a bodrios como Troya de Wolfgang Petersen o La búsqueda de John Turteltaub, ambas de 2004. Pocas son las ocasiones que Bean ha tenido para demostrar su mejor vena dramática. Entre ellas destaca sobre todo Ana Karenina (Bernard Rose, 1996).
Sin duda, Sean Bean es un actor con mayores capacidades artÃsticas que las que le han permitido demostrar hasta hoy quizá a causa de su fÃsico curtido en múltiples oficios (desde soldador hasta repartidor a domicilio, pasando por mozo de supermercado) y practicando el boxeo. Su gran papel está por llegar.
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