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‘Desafío en la ciudad muerta’, de John Sturges

El gran director John Sturges daba la medida de su gran capacidad sobre todo en sus películas “menores”, como ésta de 1958, un western que podría calificarse de típico y convencional pero que adquiere dimensión propia gracias a su bien construido guión y a los matices ambiguos, contradictorios y moralmente difusos que caracterizan al dúo cuyo enfrentamiento es la base del drama. La película cuenta la historia de Wade (Robert Taylor), uno de tantos sheriffs que durante sus años más jóvenes se habían situado al otro lado de la ley, y que tras un último trabajo, el robo de un banco, junto a su antigua banda, decidió dejarlo sin revelar al resto de forajidos dónde había escondido el último botín. Sin embargo, leal con su antiguo camarada Clint (Richard Widmark), lo salva de la horca liberándolo de la prisión donde está encerrado. Clint y su banda no creerán compensada la deuda y acosarán a Wade para que les revele el paradero del dinero del atraco.

Western breve pero muy sólido, construido sobre las dobleces de unos personajes atormentados y contradictorios que actúan no con odio o por venganza sino como única salida a sus respectivas vidas encasilladas y tramposas, la película crece realmente con la llegada al pueblo abandonado donde supuestamente se halla enterrado el botín, un pueblo cercado en mitad de territorio indio en el que la amenaza de ataque es tanta como la de destrucción entre Wade y Clint. Es en esos instantes cuando la pericia de Sturges combina el drama psicológico y la acción con el choque de intereses: dinero, conservar la vida ante los indios, el rencor que ha destruido una antigua amistad…

Película menor en una filmografía repleta de grandes obras para un director injustamente olvidado o menospreciado.



Título: The law and Jake Wade
Año: 1958
Duración: 84 minutos
País: Estados Unidos
Director: John Sturges
Reparto: Robert Taylor, Richard Widmark, Patricia Owens, Robert Middleton, Henry Silva, DeForest Kelley, Burt Douglas, Eddie Firestone
Guión: William Bowers, sobre la novela de Martin Albert
Música: Fred Steiner
Fotografía: Robert Surtees
Producción: Metro Goldwyn Mayer

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    ‘El coloso de Rodas’ avanza al ‘coloso Sergio Leone’

    El Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo, es el majestuoso marco en el que se desarrolla el debut de Sergio Leone en la dirección en un intento por recrear un Espartaco “a la italiana”, con un peplum notablemente superior a la mediocridad general que dominaba un género de gran éxito popular y en el que ya apunta, como puede comprobarse en escenas y momentos muy concretos, los motivos, estilos y puntos de interés que lo consagrarán con su famosa “trilogía del dólar” del spaghetti western. Leone nos presenta a un héroe forastero, en este caso el guerrero griego Darío, que tiene que pelear en circunstancias difíciles y violentas en el microcosmos de una comunidad enfrentada y dividida. Invitado por el rey de Rodas para su descanso tras años de combates en Grecia, Darío tiene que asistir a las intrigas y rivalidades del ministro Thar, que conspira junto a los fenicios para hacerse con el poder, mientras la construcción del Coloso y el aumento de los impuestos aumentan el descontento del pueblo, que amenaza con la revolución.

    Coproducción franco-italo-española con reparto internacional (ahí está Mabel Karr, capaz de compartir trabajos con Sergio Leone y con Paco Martínez Soria), la película fue rodada recreando la bahía de Rodas en el golfo de Vizcaya. Leone renegó en múltiples ocasiones de su autoría, aduciendo la escasa libertad creativa de la que gozó (el guión ya estaba escrito cuando se incorporó al proyecto) y las dificultades que encontró para introducir cambios y perspectivas más personales, aunque, no obstante, su huella se percibe en el lenguaje visual (recuérdese la escena del foso de leones sobre el que cuelga un prisionero mientras un arquero va cortando la soga con sus flechas, como años más tarde hará a tiro de rifle Clint Eastwood con Eli Walach en El bueno, el feo y el malo).



    Título: Il colosso di Rodi
    Año: 1961
    Duración: 120 minutos
    País: Coproducción entre Italia y España
    Director: Sergio Leone
    Reparto: Rory Calhoun, Lea Massari, Georges Marshal, Conrado San Martin, Angel Aranda, Mabel Karr, Georges Rigaud, Roberto Camardiel
    Guión: Sergio Leone, Ennio de Concini, Cesare Seccia, Luciano Martino, Ageo Savioli
    Música: Francesco Lavagnino
    Fotografía: Antonio Ballesteros
    Producción: Productores Cinematográficos Unidos, Cineproduzioni Associate, Comptoir Français du films, Cinéma Television International

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    ‘Forajidos de leyenda’: Walter Hill emula a Sam Peckinpah

    Los países jóvenes, sin historia y forjados a golpe de genocidio suelen intentar crear mitos de la nada, y para ello no les importa glorificar la figura de delincuentes y asesinos cuando no puede echarse mano de alguien honorable. Es el caso de Jesse James y toda la mitología literaria y cinematográfica que rodea a este odioso personaje convertido por la ficción en héroe casi romántico y paradigma de los caballeros andantes del western. En esta ocasión, el cinéfilo director y guionista Walter Hill crea un western crepuscular “modelo Peckinpah” en el que, con el pretexto de la narración del triste final de la banda de los James, en realidad retrata de nuevo y en tono elegíaco el final de un modo de vida, el del viejo oeste, que es más producto de la ficción idealista y romántica que de la realidad histórica.

    Los hermanos James se convirtieron en forajidos como tantos otros inadaptados tras la derrota sudista en la Guerra de Secesión. Ladrones de bancos y asaltantes de trenes, su fama se extendió por Missouri y el medio oeste a golpe de artículos periodísticos por entregas que ficcionaban sus correrías. Hill cuenta su historia “homenajeando” a los westerns de Peckinpah, es decir, con mucha cámara lenta, violencia explícita y texturas cromáticas, y aunque la película resulta vibrante, le falta alma y emoción, y le sobran sangre y giros de guión.

    Inferior a Peckinpah y a Clint Eastwood, uno de los mayores valores de la película es el curioso reparto, con cuatro grupos de hermanos (David, Keith, Robert y James Carradine, James y Stacy Keach, Dennis y Randy Quaid, y Nicholas y Christopher Guest) que emula la auténtica configuración de la banda de Jesse James y que consigue muchos momentos de complicidad que exceden la mera actuación, evidenciados, sobre todo, en los rostros de los actores en las escenas dramáticas.



    Título: The long riders
    Año: 1980
    Duración: 100 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Walter Hill
    Reparto: Keith Carradine, David Carradine, Dennis Quaid, James Keach, Stacy Keach, James Carradine, Robert Carradine, Randy Quaid, Christopher Guest, Nicholas Guest
    Guión: Bill Bryden, Steven Philip Smith, Stacy y James Keach
    Música: Ry Cooder
    Fotografía: Ric Waite
    Producción: United Artists

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    Tributo a Richard Widmark: ‘La ley del talión’

    Nos ha dejado a los 93 años de edad Richard Widmark, actor quizá injustamente no reconocido como debiera, que durante décadas fue uno de los rostros más sólidos y solventes del cine de Hollywood a las órdenes de los mejores directores y en géneros tan diversos como el melodrama, el cine negro, el género bélico o el western, como en esta película de 1956 dirigida por Delmer Daves con la que honramos su memoria.

    La vieja ley del “ojo por ojo y diente por diente” sirve aquí de marco a una historia de venganza al límite en la que un grupo de colonos debe defenderse de los ataques indios gracias a la pericia de Comanche Tod, un convicto acusado de tres asesinatos y que conoce a los indios por haber vivido durante años con ellos. Con su ayuda, aunque no sin riesgos, peligros y pérdidas, los colonos hacen frente a los indios.

    Widmark estaba en su mejor época en este excelente western, en el que la acción habitual del género se acompaña de un buen tratamiento de personajes (quizá algo tópico, sobre todo en cuanto al romance de la película y a la figura del vengador justo) y profundidad en las relaciones establecidas entre ellos, localizaciones estupendas y algunas tomas de mucho mérito. Una buena película de entretenimiento no exenta de interés humano que sirve para echar de menos a otro grande que se ha ido.



    Título: The last wagon
    Año: 1956
    Duración: 99 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Delmer Davies
    Reparto: Richard Widmark, Felicia Farr, Susan Kohner, Tommy Retting, James Drury
    Guión: Delmer Daves, Gwen Bagni Gielgud, James Edward Grant
    Música: Lionel Newman
    Fotografía: Wilfred M. Cline
    Producción: 20th Century Fox

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    Un buen matrimonio

    15 de Marzo de 2008


    Un buen matrimonio es como un animal muy raro. Muy difícil de encontrar y capturar y más aún de conservarlo vivo.


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    Luis Buñuel + Sergio Leone + Clint Eastwood = Infierno de cobardes

    Si Luis Buñuel hubiera filmado un western probablemente se hubiera parecido a la segunda película como director de Clint Eastwood, estupenda combinación entre western surrealista y película de terror gótico para la que el director californiano adaptó el pistolero harapiento y sin nombre que había interpretado para Sergio Leone a una historia que anda a medio camino entre Solo ante el peligro y la “Trilogía del Dólar” del director italiano.

    Como en la película de Zinnemann, la ciudad de Lago se halla temerosa por la llegada de tres forajidos recién salidos de prisión que prometen venganza. Para protegerse, acuden a un vagabundo que surge de entre las arenas del desierto y va a parar a la ciudad (Eastwood, una vez más en su papel de “enviado” por la providencia, como el El jinete pálido), que es una especie de vengador justiciero llegado allí para ayudar a los miserables que ni siquiera defendieron a su sheriff de una paliza.

    Eastwood, que exhibe su violencia y su ironía habituales (de hecho en las lápidas del cementerio pueden verse nombres de difuntos como Sergio Leone, Don Siegel o Brian G. Hutton), ofrece un raro western en el que la violencia se combina con escenas surrealistas (la extraña fiesta, el nombramiento de un nuevo sheriff tan poco “típico”, el hecho de pintar la ciudad completamente de rojo y cambiar su nombre por el de “Infierno”…). La llegada de Eastwood como “ángel vengador” termina siendo no sólo el brazo de la ley que acaba con los forajidos, sino que castiga también a los pusilánimes y vendidos habitantes del pueblo, consumido en el fuego purificador.

    En su segunda obra como director, Eastwood ofrece una película visualmente impactante, brutalmente violenta, terrorífica y tremendamente divertida al mismo tiempo, y que en el fondo incluso puede leerse como parodia de los papeles de pistolero anónimo que había hecho en sus westerns hispanoitalianos.



    Título: High plains drifters
    Año: 1972
    Duración: 105 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Clint Eastwood
    Reparto: Clint Eastwood, Verna Bloom, Marianna Hill, Mitch Ryan, Walter Barnes, Geoffrey Lewis
    Guión: Ernest Tidyman
    Música: Dee Barton
    Fotografía: Bruce Surtees
    Producción: Malpaso

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    Rio Grande

    Concebida como el cierre de su Trilogía de la Caballería (junto a Fort Apache, de 1948 y La legión invencibleShe wore a yellow ribbon- , de 1949), fue un encargo aceptado por Ford para garantizar la financiación de su posterior y personalísima El hombre tranquilo.

    Lejos de la visión equidistante y la comprensión hacia la causa india de otros filmes, Ford establece esta vez una típica película de buenos (la caballería) y malos (los apaches venidos de México con la intención de secuestrar mujeres y niños blancos, en un claro antecedente de Centauros del desierto, rodada seis años más tarde, aunque desde un punto de vista más superficial, menos psicológico), en la que las persecuciones a caballo y los disparos sirven de contrapunto a la intimista historia del capitán York (John Wayne) y su esposa (Maureen O’Hara), reconciliados tras una separación por el bien de la educación de su hijo.

    Acompañado por algunos de sus habituales (Wayne, Ben Johnson, Victor McLaglen), Ford nos ofrece un western ‘menor’ (si ese calificativo puede utilizarse en el cine del maestro) en el que se concentra en la mera acción y abandona el tono mitificante o elegíaco sobre la caballería empleado en otras cintas, aunque mantiene la imagen de héroes sencillos y humanos (sobre todo en las escenas de la vida cotidiana en el fuerte, las bromas y la camaradería) siempre dispuestos al máximo sacrificio, que ofrece en su cine.

    Sepultada bajo la sombra de sus grandes clásicos, este western de 1950, rodado en blanco y negro, contiene todas las notas habituales de Ford, sus historias humanas, sus panorámicas de fenomenales espacios naturales y la nostalgia apuntada mediante el uso de músicas populares.



    Título: Rio Grande
    Año: 1950
    Duración: 105 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: John Ford
    Reparto: John Wayne, Maureen O´Hara, Ben Johnson, Harry Carey Jr., Victor McLaglen, Claude Jarman
    Guión: Kevin McGuinness, James Warner Bellah, basado en el libro de este último "Mission with no record"
    Música: Dale Evans, Victor Young, Stan Jones, Tex Owens
    Fotografía: Bert Glennon
    Producción: Republic

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    “No es país para viejos”, post-western de los hermanos Coen

    Adaptación de la oscura y violenta novela de Cormac McCarthy, premio Pulitzer 2007, esta obra de los hermanos Joel y Ethan Coen, No country for old men es una película bastarda entre el viejo western y el mejor cine negro.

    La película gira en torno al leitmotiv de una maleta llena de dinero que llega a las manos de Llewellyn Moss (Josh Brolin), un cazador aficionado, cuando descubre cerca de Río Grande un cadáver acribillado a balazos y un cargamento de droga abandonado. Anton Chigurn (fenomenal interpretación de Javier Bardem que permanecerá en la memoria colectiva como uno de los más conseguidos villanos del cine reciente), asesino con tintes psicópatas, anda tras los pasos de Moss dejando fiambres a su paso, y el sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) persigue a su vez a Chigurn.

    Desde la particular visión ácida de los Coen, se construye este relato en el que hay tres grandes puntos fuertes: un planteamiento especialmente sugerente, la sobresaliente actuación de Javier Bardem (recomendable verla en versión original para apreciar todos los matices que el pésimo doblaje elimina), y la lograda atmósfera opresiva y la riqueza visual cercana al western clásico de cielos abiertos y grandes páramos desérticos espléndidamente fotografiados. Como puntos flacos, un Tommy Lee Jones que cumple con su papel, pero cuyo personaje ralentiza el ritmo de la película y al que se le pretende dotar de un halo de profundidad filosófica y reflexiva que no encaja demasiado en el conjunto, y sobre todo, un final que no está a la altura del resto de la película, que termina por perderse en la reiteración y en cierta forma de recrearse en sí misma.

    Un trabajo que merece un visionado pero que está muy lejos de las grandes Muerte entre las flores (Miller’s crossing, 1990) y Fargo (1995).

    Web oficial: http://www.nocountryforoldmen.co.uk/intl/es/



    Título: No country for old men
    Año: 2007
    Duración: 122 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Joel y Ethan Coen
    Reparto: Josh Brolin, Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Woody Harrelson
    Guión: Ethal Coen, Joel Coen, según la novela de Cormac McCarthy
    Música: Carter Burwell
    Fotografía: Roger Deakins
    Producción: Miramax / Paramount / Scott Rudin Productions

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    Pasión de los fuertes

    La obra maestra de John Ford filmada en 1946, My darling Clementine (título según la canción popular norteamericana y convertida en España en Pasión de los fuertes), protagonizada por Henry Fonda, Victor Mature y Walter Brennan y basada en el mítico tiroteo entre los hermanos Earp, ayudados por el dentista y jugador Doc Hollyday, y la banda de los Clanton, acaecido en el O.K. Corral de Tombstone, Arizona, el 26 de octubre de 1881, bien merecía una edición de lujo a la altura de la inmortal calidad de la película.

    Única de las múltiples versiones de esta misma historia que contó con el testimonio del propio Wyatt Earp puesto de manifiesto en la biografía escrita por Stuart N. Lake, está editada en dos discos. La cuidada edición incluye como extras el comentario a cargo del mismísimo Wyatt Earp (que en sus últimos años trabajó como periodista y cronista deportivo, entre otras cosas), una versión alternativa, un documental sobre la edición, el tráiler y una estupenda galería de fotos.

    Lo que llama verdaderamente la atención es el cuidado en la elección de los colores y la decoración de la caja, las fotografías escogidas y el desplegable interior que, simulando la edición de un periódico de una ciudad de frontera de la época, incluye fotografías del rodaje, foto-fijas de la película, y algunos comentarios y curiosidades de esta gran obra maestra imperecedera. Una edición de lujo para pleno disfrute de los buenos cinéfilos.

    Fuente: Jesús Gella

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