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El extraño caso de Michael Cimino y su Mr. Hyde

El caso de Michael Cimino es el paradigma hollywoodiense del ascenso meteórico y vertiginoso para a continuación caer en el más profundo lodazal, en el pozo infernal más insondable. Cineasta de notables cualidades, tiró su carrera por la ventana apenas dos años después de su súbita consagración con el Oscar al mejor director y a la mejor película por El cazador (1978). Con un talento sobresaliente para el estudio (graduado con honores en Yale) y la escritura, su entrada en el cine vino de la mano de Clint Eastwood y su productora Malpaso. Tras el guión de Harry el fuerte (1974), Cimino se hizo con la dirección de Un botín de 500.000 dólares, clásico del cine de atracos que en principio iba a dirigir el propio Eastwood con un guión de Cimino pero que terminó siendo realizado por éste. Su gran éxito de crítica y público le proporcionaron suculentas ofertas, y gracias a ello pudo sacar adelante El cazador, su personalísimo y deslumbrante proyecto con un reparto inmejorable (Robert De Niro, Christopher Walken, Meryl Streep, entre otros) y un presupuesto desmesurado para un casi debutante. El éxito del film entre la crítica y su victoria en la gala de los Oscar, le dieron un cheque en blanco del que muy pocos tienen la suerte de disponer. Sin embargo, con su siguiente trabajo, el de su presunta consagración, La puerta del cielo, un western social de 1980 en el que vuelve a plantear el problema del encaje de las minorías inmigrantes en la sociedad de acogida, pese a contar con todos los medios técnicos y humanos que solicitó y los parabienes de United Artists, Cimino se despeñó. Superó estratosféricamente tanto el tiempo de rodaje como el presupuesto y el desastre financiero fue tan inmenso que casi provoca la desaparición del estudio e hizo que las puertas de Hollywood se le cerraran, no sólo a él, sino a una forma de trabajar con cierta libertad que resultaba demasiado arriesgada para los productores. Ni el fenomenal reparto (Kris Kristofferson, Christopher Walken, Isabelle Huppert, Sam Waterston, Jeff Bridges, John Hurt, Mickey Rourke, Joseph Cotten, Brad Dourif, John Hurt, Willem Dafoe…), ni el criminal montaje que destrozó la narración volviéndola dispersa, fragmentaria, discontinua, mutilada, que echa por tierra un prometedor comienzo, sirvieron para impedir la caída de United Artists y del propio Cimino, que, insistiendo en cada trabajo en continuar con su desmesura narrativa y su falta de límites técnica (por ejemplo, en sus interminables secuencias colectivas), se diluyó en guiones jamás adaptados a la pantalla (una biografía de Dostoievski, La vida y milagros de Frank Costello o una película para Dustin Hoffman), en proyectos nacidos de origen como fracaso que nunca se rodarían (una adaptación de Truman Capote), o en humillantes despidos de proyectos que él había iniciado en la dirección y que fueron terminados por otros cineastas (la nueva versión de Rebelión a bordo, iniciada por David Lean, La rosa, una biografía de Janis Joplin, o La zona muerta, sobre un relato de Stephen King que está considerado un clásico del cine de terror).

Su filmografía, apenas ocho películas, es buena muestra de su decadencia y de las limitaciones que se le impusieron por su fama de problemático en cuanto a aceptar los límites técnicos y presupuestarios en aras de una creatividad desbordante que terminó con su carrera. Tras La puerta del cielo, sólo Manhattan Sur (1985), thriller sombrío ambientado en Chinatown, El siciliano (1987), adaptación de la obra de Mario Puzo con Christopher Lambert como protagonista (otra seña de decadencia) y 37 horas desesperadas, remake del clásico de William Wyler con Mickey Rourke en el papel de Humphrey Bogart, contienen algún fragmento del antiguo brío y lucidez de Cimino, desaparecido de Hollywood desde 1996.


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    Thriller y drama familiar: ‘Aflicción’, de Paul Schrader

    En ocasiones se define a Nick Nolte como cacho de carne plano, monolítico, granítico, sólo apto para ponerse en la piel de cachos de carne violentos y sin matices. Nada mejor para contradecir tal idea que observar detenidamente su brutal interpretación en este thriller que es más bien la historia de un drama psicológico familiar. Nolte es Wade Whitehouse, el sheriff de un pequeño pueblo de las praderas norteamericanas en el que nunca pasa nada. Su vida es monótona, gris, sin alicientes, sin esperanzas. Sin embargo, un líder sindicalista muere en el bosque por un disparo de rifle, en lo que aparentemente supone un accidente de caza. Wade enseguida lo pone en duda y opina que se trata de un asesinato premeditado. La ardua investigación que inicia, contra todo y contra todos, oscila entre la búsqueda rigurosa de la verdad de los hechos y la lucha por demostrar a todos, principalmente a su padre, su valía, su carácter y su capacidad para lograr ser algo en la vida, una lucha en la que de fondo siguen latentes truculentos hechos del pasado que atormentan a Wade y que han marcado toda su vida.

    Paul Schrader crea una película sombría, incómoda, desgarradora, en la que la averiguación de las causas de una muerte violenta termina diluyéndose en un drama psicológico en la que los traumas y los complejos, los rencores y las venganzas del pasado son fenomenalmente mostrados por la espectacular actuación de Nick Nolte y la fantástica réplica de un James Coburn que lograría el Oscar como actor de reparto, secundados por dos estupendos Sissy Spacek y Willem Dafoe.

    Película dura, rabiosa, psicológicamente violenta, ofrece además una gran riqueza visual gracias a la estupenda fotografía y a la fenomenal elección de localizaciones. Maravillosas e inquietantes escenas en los bosques nevados, muy sugerentes.



    Título: Affliction
    Año: 1998
    Duración: 114 minutos
    País: Estados Unidos
    Director: Paul Schrader
    Reparto: Nick Nolte, James Coburn, Sissy Spacek, Willem Dafoe
    Guión: Paul Schrader, sobre la novela de Russell Banks
    Música: Michael Brook
    Fotografía: Paul Sarossy
    Producción: Lions Gate Films

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    ¿Qué pudo pasarle a William Friedkin?

    El ‘caso Friedkin’ es uno de los auges y desplomes más extraños de la Historia del cine. Surgido prácticamente de la nada, de un éxito entre la crítica con Los chicos de la banda (The boys in the band, 1970), obtuvo todos los Oscar principales (película, director, guión, actor) por su siguiente película, la extraordinaria French Connection (Contra el imperio de la droga, 1971), y se inmortalizó para los restos con su tercera obra, El exorcista, mítico film de terror. A partir de ahí, cuatro años hasta el rodaje de su siguiente proyecto, Carga maldita (remake de la obra maestra El salario del miedo, de Clouzot), y desde entonces más remakes (como 12 Hombres sin piedad, el clásico de Lumet protagonizado por Henry Fonda, filmado de nuevo con Jack Lemmon), thrillers de acción (entre ellos La presa, de 2003, Reglas de compromiso, de 2000), algunas incursiones desastrosas en la comedia (El contrato del siglo, de 1983) y vanos intentos de profundizar en el thriller erótico, la senda abierta por Paul Verhoeven y su Instinto básico con Jade (1995).

    ¿Qué pudo pasarle a este hombre? Su cine, incluso sus peores thrillers (dejemos aparte sus intentos en la comedia), no carece de interés, con momentos notables, logrados, aunque sean tópicos o manidos, y siempre consigue acompañarse de repartos impresionantes (gente como Al Pacino, Gene Hackman, Fernando Rey, Roy Scheider, Gena Rowlands, Jack Lemmon, Francisco Rabal, Peter Falk, Sigourney Weaver, Willem Dafoe, Tommy Lee Jones, Nick Nolte…). Sus tres primeras obras son extraordinarias, y por tanto no podemos hablar de que sonara la flauta por casualidad. Es decir, que el tipo sabe lo que es el cine y sabe hacerlo bien. ¿Le afectó acaso su breve matrimonio con Jeanne Moreau? ¿Perdió la mano? Se admiten hipótesis.


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