‘Terminator’, de James Cameron: triunfo de la vulgaridad sobre la inteligencia
05 de Marzo de 2008

Esta obra de serie Z (y porque no hay más letras) triunfó sorprendentemente en 1984 y se ha convertido, contra toda lógica, en un clásico del género de ciencia ficción. Pensada como una pelÃcula en la que la atención se desvÃa constantemente de los enormes huecos del guión con efectismos visuales o argumentales, o simplemente con humor, fue una continuación de la moda apocalÃptica de un futuro sucio y violento nacida al socaire de Blade Runner.
Esa habilidad para entretener y distraer al público logrando que no se haga ni una sola pregunta sobre el completo absurdo que está viendo (prolongada de forma similar en las inevitables secuelas) es la mejor cualidad de James Cameron como cineasta, explotada en casi todas sus pelÃculas y documentales. Esta narración circular en la que los viajes en el tiempo con intención de controlar un pasado que modifique el presente resulta muy familiar, por lo poco original, a los seguidores de este tipo de cine. Pero además en Cameron, donde prima la espectacularidad de los viajes adelante y atrás y la violencia por encima del sentido de la trama, cualquier continuidad narrativa lógica desaparece. Schwarzenegger da un recital de actuación acartonada en diez frases patéticas (que los fans han aprendido como sonsonetes) y movimientos mecanizados.
La única habilidad de esta cinta es que la combinación de su absurda trama, la vulgarizada y poco original violencia que emplea, el humor y los guiños constantes al espectador, sobre todo a base de ironÃa y clichés, logran distraerle lo suficiente para que no se dé cuenta del completo fraude al que asiste, llegando a convencerse de que ha visto algo entretenido y absorbente.
Título: The Terminator
Año: 1984
Duración: 108 minutos
País: Estados Unidos
Director: James Cameron
Reparto: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Michael Biehn, Paul Winfield
Guión: Gale Anne Hurd y James Cameron, sobre los guiones previos "Demond with glass Hand" y "Soldier", de Harlan Ellison
Música: Brad Fiedel
Fotografía: Adam Greenberg
Producción: Pacific Western, Cinema 84, Euro Film Fund., Hemdale
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05 de Marzo de 2008 a las 12:21 pm
Philip K.Dick es para mà el escritor de ciencia ficción más influyente de toda la historia del genero.Lamentablemente toda esta influencia por parte del cine sigue siendo nefasta,a escepción de Blade Runner.Terminator bebe de la imaginerÃa de Dick,y más concretamente de un magnÃfico relato que nada tiene que ver con esta pelÃcula.
Lo mejor del genero de la ciencia ficción sigue estando en la literatura.Me deja absorto esta situación,porque el genero,con los nuevos avances tecnológicos,relega de la parte más profunda y reflexiva quedándose sólo con los fuegos de artificio.
Un abrazo.
05 de Marzo de 2008 a las 12:27 pm
¡Qué razón tienes, Francisco! Mi pelea constante con los fans del cine de ciencia ficción se fundamenta, precisamente, en ese interés por lo vulgar y el desprecio por las profundidades y filosofÃas de un género potencialmente tan rico y complejo.
Me recuerda el dicho ese de que hay quien, cuando se le marca la dirección, se queda mirando el dedo…
Y sobre Dick no digo nada porque serÃa superfluo, y por bueno que fuera no le harÃa justicia.
Un abrazo
05 de Marzo de 2008 a las 6:06 pm
El problema puede estar en el propósito
errado de obtener beneficios económicos por medio del arte del cine. Está actitud es entendible en el hombre de negocios pero no en el artista, el cual se ocupa de atender otras necesidades del ser humano como la contemplación estética o la reflexión filosófica. Debido a esto el cine en realidad no puede considerarse una forma de arte sino entreteniento banal, exceptuando el ‘cine arte’.
Son necesarios nuevos filmes de Ciencia Ficción que resuelvan la necesidad de tratar aspectos de la evolución tecnológica no explorados a profundidad hasta el momento, como la integración de las siguientes tecnologÃas: nanotecnologÃa, robotica, inteligencia artificial e ingenieria genetica.
SerÃa interesante la exploración en futuros filmes de Ciencia Ficcion, el concepto del minÃmalismo en el arte y el concepto de la no-acción en filosofÃa.
05 de Marzo de 2008 a las 7:11 pm
Efectivamente, Miguel Antonio, das en el clavo. Pero los artistas tienen que comer… El problema es la intromisión de los despachos en el tema de la financiación y la recaudación. Obviamente, los antiguos pintores y escultores padecÃan a los mecenas, pero obtenÃan una ganancia directa del producto de su arte. Hoy, el artista recibe una cantidad residual (por muy cuantiosa que sea) del volumen total de negocio de cualquier producción. Cameron, en ese sentido, pone por encima del arte la caja registradora, y las decisiones se toman en función de ella.
En cierto modo, el cine soviético de ciencia ficción ofrecÃa una lectura más profunda, filosófica y humana de este género.
Pero en esencia, tanto en la ciencia ficción como en otros géneros, el problema en efecto es el que apuntas, la vieja dicotomÃa entre si debe preponderar el arte o el espectáculo. Curiosamente, los más acaudalados apuestan por lo segundo; en las cinematografÃas en crisis se vuelcan en lo primero…
06 de Marzo de 2008 a las 1:51 am
Quiza el problema se deba a pobreza de talento y no tanto a la prevalencia del dinero sobre el arte.
06 de Marzo de 2008 a las 2:06 pm
Lo bueno de las pelÃculas de ciencia ficción es que parte del resultado depende de la capacidad del espectador.
No se porque nos empeñamos en que todas las pelÃculas tienen que transmitir algo, hacernos pensar y meditar y entretener a la vez.
Muchas veces, y este es el caso, sólo hay que hacerse unas palomitas y dejar que la mente viaje sóla.
Un beso.
06 de Marzo de 2008 a las 2:29 pm
After eight, no es un empeño porque todas las pelÃculas transmiten algo. Todas lo hacen, lo quieran o no, bien sean ideales sublimes, tesis inmundas, o una estupidez detrás de otra. La cuestión es que, cuantas más perspectivas abre una pelÃcula, cuantos más temas trata o habla de más cosas, más rica es y más posibilidades de disfrute representa. Si entramos en ese lenguaje, hablamos de arte. Si no, de simples pasatiempos que el marketing pretende vendernos como otra cosa. Ésa, y no otra, es la denuncia, destapar el “gato por liebre”.
08 de Marzo de 2008 a las 2:44 pm
terminator, la primera, no me pareció ni tan buena ni tan mala cuando la vi, otra cosa es que el género y el propio cine dan para mucho más, desde luego… si no se hacen pelÃculas de más categorÃa se debe, creo, a dos motivos, uno es que a lo establecido realmente le interesa el cine como arma propagandÃstica y entretenimiento continuista, en vez de elemento de profunda reflexión e incluso revolucionaria poesÃa, y el segundo motivo por la falta de oportunidades que tienen de prosperar los directores que demuestran tener más talento… no hay que irse muy lejos para observar esto… ¿qué le ocurre a VÃctor Erice? Además creo que hay un tercer motivo ahora que lo pienso… en realidad las mejores obras lamentablemente no tienen un gran público potencial, incluso aunque vengan firmadas por autores famosos suelen suponer un fracaso comercial, le pasó a Chaplin por ejemplo con la obra maestra “Una mujer de ParÃs”. Un saludo y felicidades por este rincón.
08 de Marzo de 2008 a las 8:22 pm
Samuel, creo que todo es cuestión de prioridades. En Europa y en otros lugares, la condición de arte prima sobre la condición de espectáculo. En la mayor parte del cine americano, el mayoritario, es al revés. Y eso, a través de su evaluación como un bien de consumo más y un objeto de inversión, lo introduce en un campo que en principio no le es propio: el negocio. Y para el negocio, es más rentable el cine como espectáculo que el cine como arte, lo mismo que ocurre con la buena literatura o con los museos…
Saludos, y gracias.